Fanfic: Todo o nada

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Lucy Norton
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensaje por Lucy Norton » 22 Abr 2016 09:19

¡Hola a todos! Aquí os dejo el siguiente capítulo. Gracias a todos los que dedicáis algo de vuestro tiempo a leer la historia. ¡Saludos!


27.


El capitán Wesker abre la puerta principal del hospital general de Raccoon City. Aún llevamos puesto el uniforme. Nos hemos venido directamente desde los almacenes. Enrico, Forest y Richard se han encargado de llevar a los presos a la comisaría para que el R.P.D. se ocupe de ellos. Han dicho que se unirían a nosotros en cuanto hubieran terminado de redactar el parte.
No he venido mucho al hospital de Raccoon. Sólo un par de veces si no recuerdo mal. La primera por un catarro que me tuvo un par de días sin voz, y la segunda por unas ronchas que me salieron en los brazos. El médico me hizo unas pruebas, y me dijo que era alérgico al plátano y a las fresas.
No soy mucho de fruta, pero el plátano y las fresas me gustaban bastante, y recuerdo que ese día comí algunas fresas con mi hermana en mi apartamento. No me había pasado eso hasta ahora, y me alegro de que el problema no fuera a más.
La recepción está bastante vacía. Aunque es de esperar. Son casi las dos de la mañana. No me siento nada cansado. A estas alturas ya estaría dormido, pero la preocupación por el estado de Jill me mantiene alerta. Miro de un lado a otro buscando a mis compañeros, pero no hay rastro.
El capitán aligera el paso y gira a la derecha, hacia un pasillo. Veo un cartel que indica que urgencias está en esa dirección. Yo también acelero el paso. Quiero oír la versión de mis compañeros. No se escucha ni un ruido. El ambiente es realmente desolador.
Wesker empuja con fuerza unas puertas dobles y las cruzo con el corazón latiéndome cada vez más fuerte. Nos estamos acercando. Hago trotando los últimos metros, y a lo lejos distingo a tres hombres sentados en unos asientos. Todos están cabizbajos, y con las manos en la cabeza.
-¡Barry! -grito para llamar su atención. Modero el ritmo de la carrera hasta convertirlo en pasos.
Barry alza la cabeza y me mira con el rostro desencajado, muy serio. Tiene los ojos rojos, como si hubiera estado llorando. Se levanta y me detengo junto a mis compañeros. Y entonces, me doy cuenta de que Barry tiene su uniforme manchado de algo rojo, algo parecido a sangre.
-¡Dios mío, Barry! -exclamo mientras me da un abrazo -. Dime que eso no es...
Me retiro un poco y señalo las diferentes manchas. Barry me mira, pero no dice nada. Trago saliva con dificultad. No puedo creerme que esto esté pasando.
-¿Qué ha pasado? -pregunta el capitán interrumpiendo nuestra conversación. Su tono, aunque muy serio, no deja lugar a dudas. Está intentando tranquilizarnos -. Por favor, necesito saber lo ocurrido. Tengo que comunicárselo al jefe Irons, aunque ya le he dicho a Enrico que se lo contara si lo veía.
Barry y Joseph comparten una breve mirada. Brad está en estado de tensión. Está sentado completamente recto y tiene un tic nervioso en la boca. Creo que es la primera vez que puedo entender su estado. Barry vuelve a tomar asiento. Suspira con lentitud y apoya las manos en las rodillas.
-Cuando os fuisteis, Jill empezó a desactivar la bomba -empieza a contar Joseph. Me siento a su lado, intentando no pensar en el trágico desenlace que puede tener lugar -. Todo fue bien. Jill logró desactivarla y estábamos fuera de peligro. Pero entonces, Brad se asomó a la ventana... y vio a tres de ellos.
-¿A tres? -repite el capitán frunciendo el ceño.
-Sí -asiente Barry -. Iban por una especie de callejón que conectaba desde fuera los edificios. Y entonces...
Y guarda silencio. Mira al suelo. Apoya las manos en las rodillas y aprieta los puños con fuerza.
-Lanzaron una granada -responde la voz de Joseph. Le miro boquiabierto.
-¿Una granada? -repito sin poder creerlo. Si la metralla ha consigo entrar por la piel... Me estremezco. No pinta nada bien. Después de ver la camiseta de Barry manchada y saber que ha sido víctima de una granada...
Joseph y Barry asienten lentamente.
-La granada cayó al lado de Brad -continúa explicando Joseph -. Y bueno... creo que ya os podéis imaginar el resto...
Frunzo el ceño al oír eso último. ¿Cómo que ya podemos imaginar el resto? Aunque teniendo en cuenta que Brad ha tenido algo que ver... puedo esperarme cualquier cosa. Espero que Jill no haya hecho la idiota salvándolo. Y entonces, lo veo todo claro.
-¡Tú! -grito girándome hacia la izquierda, donde está Brad. Éste se pega completamente a la silla temblando. Le agarro de la camisa -. ¡Cómo le pase algo a Jill...!
-¡Chris! -exclama el capitán apartándome las manos de Brad -. ¡Ya basta! ¡No hagas que la situación sea más complicada!
Respiro jadeando sin apartar la mirada de Brad, cuyos ojos están abiertos como platos. Desde luego que me las va a pagar... con intereses. Jill, ¿por qué has sido tan gilipollas? Suena el móvil del capitán. Éste mira la pantalla y se lleva el teléfono a la oreja alejándose un poco de nosotros.
Yo me levanto de mi asiento con los puños apretados y camino de un lado a otro furioso. Me niego a creer que por culpa de ese idiota Jill puede morir. No estoy preparado para ello. Es mi compañera, y una de mis mejores amigas. Me dejo caer junto a Barry, que no me aparta la mirada.
Le miro y suspiro ansioso. Inclino la cabeza hacia Barry. Necesito saber más.
-Barry... -murmuro sin que nos escuchen Joseph y Brad -. Cuéntame la verdad... ¿Cómo está Jill?
Me mira con ojos tristes. Sé que él mejor que nadie sabe por lo que estoy pasando ahora mismo. Mira de un lado a otro antes de volver a centrar su atención en mí.
-Ha perdido mucha sangre -murmura muy serio -. Ha ido casi todo el camino sin conocimiento. Iba y venía...
Asiento muy lentamente. Ahora sé con seguridad que no pinta nada bien. Me empiezo a poner más nervioso. No estoy preparado para enfrentarme a algo así. He visto a compañeros resultar heridos, pero ninguno de demasiada gravedad. Todos han conseguido salir adelante.
Miro hacia la puerta que tengo enfrente. No soy creyente, pero creo que voy a rezar en silencio para que todo salga bien. Jill no se merece morir así. Cierro los ojos y agacho la cabeza en el momento en el que escucho unos pasos acercarse a nosotros. Abro los ojos y levanto la cabeza. Es el capitán Wesker.
-He hablado con el jefe Irons... -nos comunica poniéndose delante -. Va a venir hacia aquí con los miembros del equipo Bravo. Ha enviado a un equipo del R.P.D. para que limpien un poco la zona.
-¿Qué viene hacia aquí? -pregunta Joseph un tanto sorprendido. Creo que está pensando lo mismo que todos. Ese cabrón sólo quiere quedar bien. Sabemos que los S.T.A.R.S. somos su piedra en el zapato.
-Sí, quiere estar al tanto de las novedades que se produzcan en el estado de Jill.
El capitán se ajusta sus gafas de sol y camina hacia los asientos del otro lado. Miro a Barry. Sé que por dentro está que trina, al igual que yo. Llego yo antes a presidente de los Estados Unidos que Irons sentir algo de simpatía por alguno de nosotros.
Miro mi reloj. Son sólo las dos y media. Va a ser una noche muy larga.

Apoyo la cabeza contra la pared mientras le doy un sorbo a mi café. Hace bastante que llegaron los miembros del equipo Bravo... y desgraciadamente el cerdo de Irons. Ni siquiera nos ha saludado cuando ha pasado por nuestro lado, aunque tampoco es que me preocupe. Ha estado todo el tiempo hablando con el capitán, y en ningún momento se ha dirigido a nosotros.
Barry y Enrico charlan a mi lado tomándose también café. Richard, Joseph y Kenneth están apoyados en la pared de enfrente charlando sobre algo que parece interesarles bastante. Richard niega constantemente con la cabeza y Forest le hace un gesto con la mano.
Yo no tengo ánimos ahora mismo para charlar con nadie. Ya han pasado más de dos horas desde que Jill entrara en quirófano, y aún no sabemos absolutamente nada. Todo tipo de pensamientos me pasan por la cabeza, y ninguno demasiado agradable. Tal vez debería meterme en algunas de las conversaciones.
Barry y Enrico seguramente estarán hablando de sus hijos. Sé que son muy buenos amigos. En más de una ocasión han cuidado de los hijos del otro cuando han salido de cena o algún otro asunto importante. Y la verdad... es que hablar de niños no me apetece ahora mismo.
Veo a Irons enseñarle algo en el móvil al capitán. Éste lo coge y lo observa durante unos instantes. Se lo devuelve y le dice algo antes de mirarme.
-Chris, acércate un momento -me llama haciéndome un gesto con la mano. Me quedo clavado en mi sitio. Prefiero hablar de niños antes que tratar con Irons. Pero Wesker es mi capitán, y debo responder siempre ante él.
Me levanto con mucha lentitud y camino a paso de tortuga. Miro a Irons, y de inmediato su rostro se transforma en asco puro. Eso me da una idea. Me detengo a su lado y le sonrío ampliamente. Su rostro se enciende de furia. Bien, eso es lo quería.
-Aquí me tiene, capitán.
-Chris, echa un vistazo a esto -me pasa el teléfono que había estado mirando. Debo recordar lavarme las manos después de esto. A saber qué cosas ha tocado el cabrón de Irons.
Veo una fotografía de un plano de un edificio. Frunzo el ceño. ¿Para qué quiere que vea esto? Es un plano normal y corriente. No tiene nada de especial... salvo unos pasillos que se ven en la parte inferior. Vuelvo a mirarlo más detenidamente, y hago un repaso mental de la distribución del edificio en el que estaban los narcotraficantes. Parece coincidir.
-Utilizaban pasadizos subterráneos para pasar desapercibidos -comento sin apartar la mirada de la pantalla. Ahora todo empieza a tener algo más de sentido -. Por eso siempre les perdíamos el rastro.
-Exacto. Pasa la imagen -me indica el capitán asintiendo en silencio.
Intento rozar lo menos posible con mi dedo la pantalla. Ahora veo lo que parece ser un pasillo lleno con cajas de madera. Todas tienen diferentes pegatinas de colores con nombres como "granadas", "pistolas" o "bombas". No se puede decir que no lo tenían bien planeado.
-¿Has visto la procedencia de las cajas?
Vuelvo a prestar atención a las cajas de madera. Amplio un poco la imagen, y en uno de los laterales veo un logotipo que parece ser un águila negra. Me quedo boquiabierto. El águila negra es el símbolo de las fuerzas aéreas. Esto me ha pillado en completo fuera de juego.
-Por tu reacción, deduzco que lo has reconocido -comenta el capitán Wesker quitándome el teléfono.
-¿Qué hacían esos con armamento de las fuerzas aéreas?
-Eso es lo que estamos intentando averiguar -responde el capitán rascándose la barbilla -. He dejado a un par de agentes del R.P.D. interrogando por turnos a los traficantes. A ver si alguno consigue decirnos a qué se debe la gentileza de las fuerzas aéreas.
Abro la boca para responder cuando veo que las puertas que conducen a los quirófanos se abren de par en par. Veo a un doctor aparecer con unos papeles en la mano. Todos mis compañeros dejan de hablar y se acercan al igual que yo.
-¿Cómo está nuestra compañera? -pregunto nervioso. El doctor nos mira a todos en silencio.
-La intervención ha sido un éxito -nos confirma el médico con tranquilidad. Suspiro aliviado. Me he quitado un gran peso de encima. Jill está bien -. La herida ha sido desinfectada y cosida. Hemos quitado toda la metralla que se había incrustado entre el hombro y el pecho. No ha habido ninguna complicación, aunque sí es cierto que la señorita Valentine va a tener que pasar un tiempo en observación. Le estamos haciendo una trasfusión de sangre. Sus niveles son bastante bajos ahora mismo.
-Gracias, doctor -dice Irons intentando sonar aliviado y contento. Maldito cabrón -. Han hecho un excelente trabajo.
-La señorita Valentine ha tenido mucha suerte -comenta el doctor mirándonos nuevamente -. Esas heridas, para una persona que no se dedica a su profesión, podrían haber sido mortales. Vamos a dejarla unas horas en observación, y si todo sigue bien, la pasaremos a planta. Les mantendremos informados.
El doctor nos mira por última vez antes de marcharse por las puertas dobles. Miro a Barry, y ambos sonreímos. Gracias a Dios que Jill aún vive. Es una luchadora nata. Lo sé. Veo la misma sensación de tranquilidad en el gesto de mis compañeros. Sabíamos que estas primeras horas eran cruciales.
-Qué alivio... -comenta Barry apoyándose contra la pared y suspirando -. Tal y como llegó... pensaba que no lo contaba.
-Qué poco confías en las mujeres -bromeo sin poder ocultar la sonrisa. Barry ríe.
-Son duras de pelar.
Ahora sólo nos queda esperar. Son casi las cinco de la mañana... y no tengo ni pizca de sueño.

Estoy muy relajado. Oigo voces a mi alrededor, pero son muy lejanas. Parezco estar en el paraíso. Se respira mucha tranquilidad, una tranquilidad alterada por un sonido. Parece un teléfono móvil.

-¡Chris! -susurra una voz en mi oído. Parpadeo un poco y miro hacia la derecha. Es Richard -. Tu teléfono está sonando.
Tardo un poco en darme cuenta de lo que está diciendo, y para cuando localizo mi móvil es demasiado tarde. Maldita sea. Me he quedado dormido. ¿Cuánto tiempo llevaré así? Miro a mí alrededor. Todos mis compañeros están tranquilos, bien charlando en silencio o con la cabeza apoyada en la pared y con los ojos cerrados.
Miro mi teléfono sintiendo que los nervios se apoderan de mí. Es Claire. ¿Cómo es que me llama tan temprano? Son casi las ocho de la mañana. Tendría que estar camino del instituto. Espero que no le haya pasado nada. Me levanto de mi asiento y me alejo un poco de mis compañeros.
Pulso el símbolo de la llamada en la pantalla y me lo llevo a la oreja. Tal vez sólo quería comprobar que me encuentro bien. Ya lleva dos tonos y aún no hay respuesta. Espero pacientemente andando de un lado a otro hasta que escucho descolgar al otro lado.
-¡Chris! ¿Estás bien? -su tono es muy preocupado. Pobrecilla. Seguro que ha estado toda la noche esperándome. Quedé en avisarla en cuanto terminara...pero no lo hice. El estado de Jill ha ocupado casi exclusivamente mi mente en las últimas horas.
-Siento no haberte dicho nada, hermanita -me disculpo. ¿Así es como se porta un hermano mayor? -. Pero la verdad es que hemos tenido una noche bastante movida.
-¿Qué ha pasado? ¿No estarás herido, verdad?
-No, yo no... -me apoyo contra la pared y guardo silencio. Suspiro -. Pero Jill sí.
-¡Oh, Dios mío! ¿Qué le ha pasado?
-Estalló una granada cerca de su posición. Llegó bastante mal al hospital, y ya la han operado. Estamos esperando para verla.
-¡Madre mía! Os habréis dado un susto de muerte.
-Yo aún tengo el miedo en el cuerpo -le confieso -. Hasta que no la vea bien...
-Lo siento mucho, hermano. Espero que todo haya salido bien.
-Yo también -suenan unos pitidos en mi teléfono. Me están llamando -. Claire, tengo que colgar. Hablamos más tarde. Cuídate, pequeña.
-Tú también, guapo. Te quiero.
Cuelgo e inmediatamente entra una llamada. Trago saliva con dificultad. Es Amanda. Seguro que también está preocupada porque no he dado señales de vida. Acepto la llamada y vuelvo a llevarme el teléfono a la oreja.
-¿Se puede saber dónde demonios te metes? ¡Te he estado esperando toda la noche! Y llego a la comisaría y me dicen que aún no habéis llegado.
Me retiro un poco el móvil. Pues sí que está enfadada, ¿y por qué me habla así? Vuelvo a colocarme el teléfono en la oreja. Así empezamos de puta madre.
-Hola Amanda. Hemos tenido problemas -le cuento poniéndome serio. No me gustan que me griten, y mucho menos si es una situación preocupante -. Estoy en el hospital. Jill está herida de gravedad.
-Podrías haberme escrito diciéndome al menos que estabas bien -dice con un tono de voz nervioso. Y ahora resulta que soy el malo de la película -. ¡No he pegado ojo!
-¡Ya lo sé! -exclamo perdiendo los nervios -. Llevamos toda la noche en el hospital, y aún no sabemos mucho, sólo que la operación ha salido bien.
-Bueno, eso es lo de menos. Lo importante es que tú estás bien.
Guardo silencio. ¿Acaba de decir lo que he oído? Si algún poli del cuerpo de policía de Raccoon estuviera herido, estaría bastante preocupado por su estado. En cambio... me ha parecido que a Amanda no le importa demasiado que Jill esté debatiéndose entre la vida y la muerte.
-¿Cuándo vas a venir? -me pregunta tras unos incómodos segundos de silencio.
-Cuando sepamos que Jill está bien -respondo frotándome los ojos. El cansancio empieza a notarse. Necesito descansar un poco... pero no hasta que vea a Jill.
-¿No están los demás S.T.A.R.S.? Pues que se queden ellos y que te vayan contando.
Me quedo boquiabierto. ¿Cómo puede decirme esas cosas? ¿No estará celosa de Jill? No creo... ya le dije que éramos muy buenos amigos, y que no tenía que preocuparse de nada... pero no parece que sea el caso. No pienso dejarla sola. Ni hablar. Sé que ella no lo haría.
-No -alzo un poco la voz. Miro a Barry, y veo que está bastante pendiente de mi conversación. Tiene los brazos cruzados y los ojos fijos en mí -. Ya te he dicho que no pienso moverme hasta que pueda hablar con ella.
-Muy bien. Tú sabrás. Luego nos vemos.
Y me cuelga. Me quedo mirando el teléfono boquiabierto. No entiendo absolutamente nada. Veo por el rabillo del ojo que Barry se acerca. Aparto la mirada de mi móvil suspirando resignado. Demonios. ¿Por qué las mujeres son tan complicadas?
-Me parece que hay alguien que no se alegra de que estés aquí... -murmura Barry llegando a mi lado. Niego en silencio. No pienso dejarme manejar por nadie. Amanda es sencillamente maravillosa, pero no pienso dejar que haga conmigo lo que le plazca. Sé que debo estar aquí con mis compañeros. Mi corazón me lo dice.
-Creo que si hubiera sido otra persona... la historia cambiaría.
Barry sonríe y me da una palmada en el hombro.
-Mujeres... a veces son un terreno bastante peligroso.
-Y que lo digas...
Escucho las puertas abrirse, y el doctor que nos dio la buena noticia de que Jill estaba bien vuelve a aparecer. Barry y yo nos ponemos junto a nuestros compañeros. Estoy muy nervioso. Estoy deseando oír que Jill está bien.
-Vengo para comunicarles que todas las pruebas que hemos realizado han dado positivo -nos cuenta el doctor ojeando unos informes que tiene en la mano -. Vamos a proceder a trasladar a la señorita Valentine a la tercera planta.
-Gracias de nuevo, doctor -le agradece de nuevo Irons estrechando la mano del médico. Tengo ganas de vomitar. Ese cretino santurrón quiere aparentar ser un jefe preocupado -. Su ayuda ha sido muy valiosa.
El doctor asiente en silencio y vuelve a marcharse. Miro a Barry y ambos sonreímos. Por fin vamos a poder verla. Veo la misma alegría reflejada en el rostro de todos mis compañeros... todos excepto el capitán Wesker y Irons, que están bastante serios.
-Pues a la tercera planta se ha dicho -comenta Forest de buen humor.
Caminamos hacia los ascensores a buen ritmo. Kenneth, que es el primero en llegar, pulsa el interruptor. Nos detenemos junto a las puertas y esperamos. Estoy mucho más tranquilo. Ahora sé que todo ha salido bien.
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensaje por Lucy Norton » 29 Abr 2016 08:29

¡Saludos! Aquí tenéis un capítulo más. ¡Disfrutadlo!


28.


-¡Rápido! ¡Necesitamos estabilizarla!
Estoy muy cansada, medio adormilada. Oigo voces alteradas a ambos lados, pero no puedo distinguirlas. No sé a quiénes pertenecen. ¿Dónde demonios estoy? Abro los ojos. Hay una débil luz procedente de una lámpara. Veo sombras ir y venir de un lado a otro.
Miro a la derecha, y veo a un hombre vestido con una bata blanca. Me quedo mirándolo detenidamente. Está cogiendo algo de lo que parece ser una mesa, un objeto bastante puntiagudo. ¿Quién diablos son esta gente? ¿Dónde está el equipo? Intento levantarme, pero no tengo fuerzas.
-¡Está volviendo en sí! ¡La anestesia!
Vuelvo a cerrar los ojos. Me siento muy débil. Ni siquiera tengo fuerzas para luchar. ¿Qué me pasa? Me ponen algo en la boca, algo que está echando aire. Es una sensación desagradable. Pero no puedo...

Consulto mi teléfono. Son cerca de las tres de la mañana. Hace rato que me fui a dormir, pero no he podido conciliar el sueño. Jerry aún no ha vuelto desde que se marchó allá por las nueve. Oigo las gotas de lluvia en el exterior. Suerte que estoy de vacaciones. No me haría ninguna gracia ponerme empapada en el cuartel.
A pesar de que está lloviendo hace bastante calor. Decidí ponerme un conjunto blanco de pantalón corto y camisa de tirantes, y aun así tengo calor. Me doy la vuelta hacia el otro lado. Mi vida está siendo un auténtico desastre: mi padre en la cárcel, y Jerry... bueno... eso es caso aparte.
Oigo la puerta principal de la casa. Me incorporo un poco y suspiro. A ver cómo viene voy. No me apetece nada tener que repetir el mismo episodio de siempre. Escucho unos dubitativos pasos subir por las escaleras, y que se trastabillan varias veces.
Suspiro resignada. Viene borracho. Estoy segura. Me tapo con la sábana hasta la cabeza y cierro los ojos. Pienso una y otra vez que no entre en la habitación, que se vaya a otro lado a dormir, pero mis plegarias se quedan en el olvido.
La puerta se abre, y un cuerpo tambaleante cruza el umbral con mucha dificultad. Debo reconocer que toda esta situación me repugna... y no sé por qué lo sigo aguantando... Tal vez es que aún veo alguna posibilidad, pero todo son meras suposiciones.
-¿Ya estás dormida? -pregunta su voz ronca. Huele a tabaco mezclado con sudor... Una mezcla sumamente asquerosa... y el aliento tiene que olerle de maravilla también -. ¡Maldita juventud!
-Para tu información, te he estado esperando -me incorporo un poco controlando mi furia. Maldita sea. Jerry se sienta en la cama y casi se cae al hacerlo -. Te he estado llamando. ¿Dónde demonios tenías el teléfono?
-¡Y yo qué sé! -exclama malhumorado intentando darle al interruptor para encender la luz. No pienso moverme. Que lo haga él. Gruñe un par de veces y me mira enfurecido -. ¡Enciende la puta luz! ¡No veo un carajo!
-Enciéndela tú con esas manos que te ha dado Dios -le respondo malhumorada. Cojo la manta para volver a taparme, pero entonces una mano se interpone en mi camino y me agarra con fuerza -. ¡Suéltame!
Forcejeo intentando volver a hacerme con el control. Jerry me mira con los ojos perdidos, y con un aliento que huele a alcohol a kilómetros. Suelto la manta y consigo que Jerry se trastabille un poco y casi caiga al suelo. Y entonces, desde ese momento, sé que he hecho algo mal.
Jerry me mira con furia, y de un salto, se tira encima de mí. Grito de dolor. Me duelen las costillas del golpe. Me ha pillado completamente desprevenida. Intento escaparme, pero Jerry me sujeta las manos. Forcejeo con fuerza, pero me tiene bien cogida.
Jerry ríe en mi cara. Me echa su aliento. Cierro los ojos y miro hacia otro lado. Maldita sea. No debo rendirme. No puedo dejar que se salga con la suya.
-No te creas que te voy a dejar tan rápido... -susurra acercando su cara a la mía. Le miro a los ojos. Si lo que quiere es que me venga abajo no lo va a conseguir -. Me apetece jugar un poco...
-Pues búscate a alguna de esas fulanas a las que te follas casi todas las noches -le suelto sin pensarlo.
Al principio no quería creerlo, pero mis compañeros me llevaban tiempo advirtiendo de que estaban viéndolo en lugares sospechosos a altas horas de la noche. Fui a comprobarlo con mis propios ojos... y sólo conseguí darme de bruces con la realidad.
Desde ese momento, nada volvió a ser igual. ¿Y por qué sigo aquí? Bueno... la respuesta es fácil y difícil al mismo tiempo: porque Jerry conoce mi pasado, y estoy segura de que si no le ofrezco un lugar donde poder estar, se iría de la lengua. Y la verdad es que no me apetece acompañar a mi padre en la cárcel.
Pero no puedo seguir toda mi vida así. Tengo que luchar por lo que quiero... y por lo que me merezco. No puedo permitir que me manejen. Dick no me ha educado así.
Jerry me escupe en la cara. Aprieto los dientes con rabia. Levanto la pierna y le doy con la rodilla en la entrepierna. Jerry me aparta las manos y echo a rodar hacia la parte izquierda de la cama. Caigo al suelo con un ruido sordo y abro el primer cajón de un tirón.
Agarro la culata de mi pistola en el momento en el que salgo despedida hacia la pared. La pistola se pierde hacia el fondo de la habitación. Me llevo una mano hacia la espalda. Pero saco todas las fuerzas que me quedan y salto hacia donde está la pistola mientras veo por el rabillo del ojo que Jerry también se dirige a ella.
Pero sé que soy mucho más rápida que él, y que no me encuentro bajo los efectos del alcohol... y vete tú a saber qué más. Cojo la pistola con la mano izquierda, y mientras me giro, noto cómo vuelven a empujarme contra la pared. Oigo a Jerry jadear a mi lado. Ninguno nos movemos.
Me propina una patada en la pierna. Me la agarro con las manos sintiendo unas enormes punzadas en la cabeza. Entonces, veo que se dirige hacia la pistola. Me levanto y me lanzo contra su espalda. La fuerza es la suficiente como para tirarlo al suelo.
Me subo a su espalda y con mis piernas inmovilizo las suyas. Cojo la pistola y se la pongo en la cabeza.
-Se acabó, Jerry... -anuncio entre jadeos. Me cuesta respirar, pero no pienso desfallecer -. No voy a consentir que me sigas tratando así.
Jerry guarda silencio durante unos instantes, pero entonces empieza a reír como un loco. Trago saliva con dificultad. Sé que no debo caer en sus juegos, pero esa actitud... me pone los pelos de punta.
-¿Acaso crees que tienes elección?
-Sí que la tengo... Decirte adiós para siempre.
-Adiós desde una cárcel acompañando a tu padre querrás decir.
Le quito el seguro a la pistola y la aprieto aún más contra el cráneo. Vuelvo a apretar los dientes. Sabe que ése es mi talón de Aquiles, y siempre me ataca con eso cuando está bebido.
-Hazlo -me anima Jerry riéndose -. Lo estás deseando.
-No merece la pena derramar la sangre de una alimaña.
Aprieto aún más las piernas para bloquear al máximo posible. Pero entonces, se impulsa con los brazos y consigue desestabilizarme, lo suficiente para que mi arma vuelva a perderse. Caigo al suelo de espaldas y me levanto de un salto. Jerry me empuja contra una estantería y me agarra del cuello. Intento soltarme, pero me tiene bien agarrada.
Alzo las manos para arañar todo lo que se cruce en mi camino, pero no consigo alcanzarle. Cada vez me está costando más respirar. No puedo creer que mi vida vaya a llegar a su fin de este modo, con tan sólo veintiún años y por culpa de un asqueroso maltratador.
Le miro a los ojos. No pienso suplicarle. No voy a darle esa satisfacción. Intento agarrarme a un saliente de la ventana. Jerry ve mi intención y pierde la concentración. Elevo las piernas y le doy con ambas en el estómago. Caigo al suelo en el momento en el que Jerry sale despedido.
Me siento débil, pero no puedo permitirme ni un segundo de descanso. Me agacho y vuelvo a coger mi pistola entre jadeos. Me acerco a Jerry y vuelvo a apuntarle.
-¡Lárgate ahora mismo de mi casa! -exclamo completamente enfadada. Sé que puedo mostrar una versión totalmente malévola de mí misma cuando me enfado. Le doy una patada en la espalda haciendo que Jerry emita un gemido lastimero.
-Estás acabada -me suelta mientras me alejo un poco para evitar estar cerca de su zona de ataque.
-No pienso volver a repetirlo. ¡Largo! -pero Jerry no se mueve de su sitio -. ¡He dicho que te largues de una puta vez!
Jerry se incorpora un poco hasta ponerme completamente en pie. No me mira. Me da la espalda. Se trastabilla un poco al ponerse en pie, pero no siento nada de compasión por él. En mí sólo queda el odio.

Me levanto sobresaltada. Lo primero que veo es una tenue luz procedente de un tubo fluorescente situado encima de mí. Parpadeo un poco para aclararme la vista, pero no sé dónde estoy. Noto que mis nervios poco a poco vuelven a la normalidad. Revivir uno de los momentos más tensos de mi vida me pone siempre alerta.
Tengo un poco de sueño... y la verdad es que no recuerdo nada de lo que ha pasado en las últimas horas. Es más, ni siquiera sé por qué estoy en esa habitación sola tumbada en lo que parecer ser una camilla.
Miro a mi derecha, y veo una bolsa llena de algo rojo en su interior. La sigue un tubo que va hacia mi brazo... Doy un pequeño salto. ¡Es sangre! ¡Me están metiendo sangre! ¿Qué demonios está pasando?
-¿Hay alguien ahí? -grito a pleno pulmón. Intento mantener la calma, pero no puedo. Necesito hablar con alguien.
No oigo nada durante unos instantes, y eso me inquieta en gran medida. Pero entonces, escucho un ruido a mi izquierda, como si fueran unos pasos. Y entonces, veo una puerta metálica abrirse. Se hace la luz, y distingo a un hombre vestido con una bata blanca que corre apresuradamente.
A su lado va una chica vestida de rosa y que lleva algo en las manos.
-Señorita Valentine -dice el hombre con una voz bastante ronca -, ¿cómo se encuentra?
Se colocan a mi lado y empiezan a mirar algo que hay a mi lado. Parece una máquina.
-Supongo que... desconcertada y adormilada -respondo sin saber muy bien qué decir. La enfermera me levanta el brazo izquierdo y me coloca algo en la axila. Noto al instante que es un termómetro -. ¿Dónde estoy?
-¿No sabe dónde está? -me pregunta el médico escribiendo algo en un folio que tiene en las manos. Guardo silencio intentando concentrarme, pero no consigo recordar absolutamente nada.
-Parece que... en un hospital -respondo algo dubitativa. Veo al doctor sonreír un poco apartando la mirada de uno de los aparatos -. ¿Y qué hago aquí?
-¿De verdad que no se acuerda de nada?
Suena un pitido bajo mi brazo. La enfermera coge el termómetro y se lo enseña al doctor.
-Treinta y ocho con setenta... -murmura con un tono que casi ni puedo escuchar -. Dígale a Thompson que le suba paracetamol para bajar la fiebre.
Veo a la enfermera marcharse a buen ritmo. El doctor se me queda mirando unos instantes antes de acercarse un poco más a la camilla y apoyarse en ella, casi situándose a mi altura.
-¿Recuerda su nombre?
Frunzo el ceño bastante sorprendida. ¿A qué viene esa pregunta?
-Me llamo Jill -respondo con mucha seguridad, aunque sigo sin entender el motivo de la pregunta.
-¿Dónde vive?
-En Raccoon City -contesto intentando no sonar demasiado borde. Son cosas bastante obvias.
-¿No recuerda absolutamente nada de lo que ocurrió anoche?
-¿Y qué pasó anoche?
Empiezo a pensarlo. Lo cierto es que no sé absolutamente nada: ni qué ha sido de mi vida en las últimas horas ni por qué estoy en un hospital. Lo último que recuerdo... es que estaba en la comisaría, y que estaba con todos mis compañeros del equipo Alpha.
El médico guarda silencio durante unos segundos. Se me queda mirando sin decir nada, y entonces veo a un par de hombres entrar en la habitación. El doctor se aparta de la camilla y se queda a los pies. Observo cómo uno de ellos me quita la bolsa de sangre y la aguja.
-No creo que yo sea el más indicado para hablar de ello -comenta el doctor mientras veo cómo me ponen otra bolsa con algo transparente. Sus palabras me dejan más indiferente si cabe -. Sólo puedo decirle que ha tenido mucha suerte.
La camilla empieza a moverse. Voy a salir por fin de esa habitación... aunque a saber qué me espera.
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensaje por Lucy Norton » 06 May 2016 11:09

Hola a todos una semana más. Aquí os dejo el siguiente capítulo. Disfrutadlo.



29.


Joseph y Forest charlan animadamente a un lado de la puerta de la habitación donde nos han dicho que iban a traer a Jill. Yo me apoyo en la pared de enfrente sin hablar con nadie. Estoy junto al ascensor. Quiero comprobar en primera persona que se encuentra bien.
La charla con Amanda me ha dejado un poco helado. Creo que está un poco celosa, pero sé que no hay motivos para ello. Ya se lo he dejado claro miles de veces... y sigue sin creerlo. No sé, tal vez debería hablar de esto con mi hermana. Quizá ella puede darme una mejor opinión.
Las puertas del ascensor se abren. Me aparto de la pared inmediatamente al ver a un enfermero manejar una camilla. El corazón empieza a latirme con violencia. Sé que Jill va a aparecer de un momento a otro. La camilla va saliendo lentamente... y no puedo evitar quedarme boquiabierto.
Está totalmente irreconocible. Tiene la cara completamente sucia, incluso algunas zonas parecen estar llenas... de sangre. Su mirada está completamente perdida. No parece darse cuenta de lo que está pasando.
-Jill... -murmuro cuando pasa por mi lado. Y, sorprendentemente, me mira, pero no dice nada.
Miro a Barry. Debo tener el mismo gesto de consternación que él... y viendo su camiseta llena de sangre, es mucho peor. Miro al capitán. Está con los brazos cruzados y los labios apretados. A su lado, Irons no parece estar demasiado preocupado por el estado de Jill.
Todos estamos en silencio. Ese maldito cabrón no tendría ni que haber venido. Me está poniendo de mal humor, y eso que ya estoy bastante calentito con todo lo que ha pasado. El doctor sale al pasillo. Camino junto a Barry hasta situarnos al lado de nuestros compañeros, justo enfrente del doctor.
-Una vez más debo decir que la señorita Valentine ha tenido mucha suerte -nos cuenta el médico con bastante seriedad -. Hemos quitado toda la metralla de la zona afectada, entre el hombro y el pecho. Algunos tejidos quedaron afectados, y hemos tenido que recomponerlos -conforme el médico va hablando me voy sintiendo más nervioso. Pinta mucho peor de lo que parece -. Hemos realizado diversas pruebas... y todo está en orden salvo un pequeño detalle... -el doctor guarda silencio mientras se ajusta las gafas -. Ha perdido un poco la memoria. No recuerda nada de lo que ocurrió durante el día de ayer.
Miro a Barry, y éste inmediatamente me busca también. No puedo decir una palabra. Dios mío. ¿Cómo hemos podido llegar a esta situación? El doctor nos mira con una leve sonrisa. ¿De verdad que es momento para ponerse contento?
-Pero no se preocupen -nos intenta tranquilizar sin alterar lo más mínimo su tono de voz -, con un poco de tiempo, volverá a la normalidad. Su memoria está intacta, es sólo que anoche sufrió un shock tan grande... que su mente ha borrado por completo esos recuerdos.
Me quedo pensativo. Eso es un alivio en parte, aunque me gustaría hablar con ella de tantas cosas que pasaron anoche... Supongo que no quedará más remedio que ser paciente y esperar los resultados. Lo más importante ya ha pasado: Jill está viva, y ha salido mucho mejor parada de lo que se esperaba.
-De momento -continúa diciendo el médico -, lo único que les pido es que no la presionen demasiado. Ha sufrido muchas heridas internas, y aún siente un poco los efectos de la anestesia... Les iré informando si hay novedades importantes.
-Gracias de nuevo, doctor -vuelve a pelotear Irons estrechándole la mano. Me llevo una mano a la boca como si fuera a vomitar. Barry y Joseph me miran y sonríen.
El médico camina por el pasillo de nuestra derecha hasta desaparecer por completo. Veo al capitán hablar con Irons. Sé que todos estamos deseando ver a Jill... y yo el primero. Pero no creo que sea buena idea que diez tíos entremos en una habitación que seguramente será minúscula.
Oigo unos pasos apresurados que vienen del pasillo de nuestra izquierda. Miro en esa dirección, y veo a un joven con un maletín colgando al hombro. Viene hacia nosotros. Tiene pinta de no superar la veintena. Nos dirige la mirada y se detiene jadeando a unos metros de Kenneth. A su lado, le hace parecer una pequeña hormiga.
Intento reconocer a ese joven, pero no me viene a la mente su cara. No lo he visto en la comisaría ni por las calles de Raccoon... así que no tengo ni puñetera de quién es. Todos nos quedamos en silencio. El joven nos dirige la mirada con la respiración aún un tanto entrecortada.
-¿Sois compañeros de Jill? -nos pregunta con algo de duda.
Pues claro, gilipollas. ¿No ves los uniformes?, pienso con amargura. El capitán Wesker asiente en silencio con los brazos cruzados y sin mostrar el menor gesto de simpatía. Eso me tranquiliza. No tenemos ni idea de quién es éste ni de por qué pregunta por Jill.
-Menos mal... -murmura con un tono de voz aliviado -. En la comisaría me han contado lo que ha pasado... y no he dudado un momento en venir -nos mira uno a uno aún un poco temeroso -. ¿Cómo está Jill?
-Perdona que sea un poco grosero -le interrumpe Barry rascándose la barbilla. Es algo que siempre suele hacer cuando está nervioso -. ¿Quién demonios eres?
-Disculpad mis modales... -se detiene unos segundos para acomodarse el maletín que llega colgado al hombro -. Soy Tom, el novio de Jill.
Siento como si me hubieran echado un jarro de agua fría por encima. ¿Qué Jill tiene novio? ¿Cuándo ha pasado eso? ¿Por qué nunca me lo ha contado? Nadie dice nada. Parece que a todos nos ha pillado por sorpresa esa confesión. Incluso el capitán y Irons están que no saben qué decir.
Me siento mal. Es como si Jill me hubiera traicionado... Bueno, yo tampoco le conté nada de Amanda. Se enteró por casualidad, y eso es lo peor que puede pasar. Siempre he pensado que nuestra relación se basaba en la confianza y el buen rollo, pero últimamente... han cambiado muchas cosas, y no me gusta.
-Jill se encuentra bien -responde el capitán Wesker después de lo que me parece una eternidad. Veo salir de la habitación a los dos enfermeros que entraron con el doctor. Pasan por mi lado sin decir nada -. Según el doctor, ha tenido mucha suerte. Al parecer, tampoco recuerda nada de lo que pasó anoche...
-¿Cómo? -exclama el supuesto Tom alzando la voz -. ¿Qué ha perdido la memoria?
-No he dicho eso -vuelve a contestar el capitán perdiendo un poco la paciencia -. Su memoria está bien. Lo único es que no recuerda nada de lo que ocurrió durante la operación, pero por lo demás...
El joven abre la boca para replicar, pero decide callar. Incluso él se ha dado cuenta que no es buena idea discutir con el capitán. Es admirable la forma en la que sabe manejar cualquier tipo de situación sin alterarse lo más mínimo... y eso que el cerdo de Irons está pululando.
-¿Puedo entrar a verla? -pregunta el chico un poco más calmado. El capitán asiente lentamente. El joven sonríe y pasa por mi lado para abrir la puerta. Veo que Wesker le hace un gesto a Forest para que lo acompañe. Yo también me tranquilizo. El capitán lo tiene todo pensado.
El joven mira con recelo a Forest, pero no opone resistencia a que lo acompañe. Al fin y al cabo, todos y cada uno de los S.T.A.R.S. vamos a entrar a ver a nuestra compañera. Forest abre la puerta y entra en primer lugar sin perder en ningún momento de vista al joven.
Cuando la puerta se cierra, Barry me escruta con la mirada. No, Barry, yo tampoco lo sabía, le respondo mentalmente. Sé que me va a preguntar eso o que lo está pensando. Veo que incluso algunos del equipo Bravo me miran, como queriendo confirmar que realmente ése es el novio de Jill. Por el amor de Dios... ¡siempre están igual!
-¿Sabíais algo de esto? -pregunta el capitán. Aunque lanza la pregunta de forma generalizada me mira a mí más tiempo que a los demás. Niego en silencio, y veo que nadie dice nada.
Me empiezo a poner un poco nervioso. Paseo de un lado a otro sin dirigir la mirada a ningún lugar en concreto. La aparición de ese joven me ha sacado de mis casillas por completo. No sabemos ni siquiera si conoce a Jill... y si la conoce, ¿por qué no me ha contado nada?
No puedo dejar de darle vueltas a ese asunto. Veo que Richard y Joseph no paran de mirar hacia la puerta con algo de desconfianza. Me gusta que todos estén alertas. Puede pasar cualquier cosa. Consulto mi reloj. No llevan ni un minuto dentro, y ya me parece que llevan cinco o más.
-Chris -me llama Barry. Me giro y lo veo sentado en uno de los asientos con el gesto pensativo. Camino hacia él y me siento a su lado -. Ese chico... parece sincero.
-¿A qué te refieres? -le pregunto con curiosidad. Su confesión me ha pillado por sorpresa.
-Que creo que tiene algo con Jill -responde con total sinceridad. Asiento con lentitud sin saber bien qué decir -. Su rostro... era exactamente igual que el tuyo: pánico.
Le miro negando en silencio. Ya estamos otra vez con la misma historia de siempre. ¿Hasta cuándo va a continuar así?
-No sé... -comento pensativo -. A mí todo esto me parece muy extraño... Pensaba que Jill tenía más confianza con nosotros.
-No le des más vueltas -me anima Barry dándome una palmada en el hombro -. Lo mismo no ha encontrado la ocasión para contarlo.
No digo nada. Espero que sólo haya sido eso. Miro una vez más hacia la puerta. El capitán Wesker y Irons están junto a ella, charlando apoyados contra la pared. Me gustaría saber qué es de lo que están hablando. Veo a Joseph caminar hacia nosotros con los brazos cruzados, sin mirar hacia ningún lado en concreto.
-Se ve de muy buen humor a Irons -nos dice sentándose junto a Barry.
-¿Por qué lo dices? -le pregunto.
-Por lo pelota que está.
Nos reímos en voz baja. Sí, ése es el único Irons que conozco, bueno, y el capullo arrogante. No conozco a absolutamente nadie en la comisaría que tenga algo de simpatía por él. Incluso los capitanes de los equipos evitan hacer comentarios al respecto.
-Oye... -comenta Joseph bajando un poco su tono de voz y mirando de un lado a otro con desconfianza, sobre todo a la zona donde se encuentra el capitán -. ¿Creéis que ése es realmente el novio de Jill? No sé... nunca la he escuchado hablar de él.
-Nosotros estábamos hablando de lo mismo -contesta Barry en voz baja -. Quizá llevan muy poco tiempo y aún no ha tenido la oportunidad de contarlo.
Abro la boca para replicar, pero escucho un ruido, concretamente, el de una puerta abrirse. Veo a Forest aparecer con el gesto imperturbable, seguido muy de cerca por el supuesto novio de Jill. Veo que el capitán le pregunta algo a Forest, y cómo éste asiente con lentitud.
Barry, Joseph y yo nos levantamos y nos acercamos a la zona donde se están concentrando todos los miembros del equipo. Observo una vez más a Tom: tiene pinta de ser bastante joven a juzgar por sus rasgos. No es demasiado alto, pero tiene una constitución bastante definida. Su gesto es tranquilo, aunque algo serio. Por más que lo miro... no me encaja.
-Gracias por haberme permitido entrar... -dice el chico mirando a Enrico, Wesker y Irons -. Necesita... saber que estaba bien -guarda silencio con aspecto de haberlo pasado mal -. Supongo que para vosotros tampoco ha sido fácil...
Desde luego que no. ¿Crees que íbamos a estar partiéndonos el culo de risa mientras nuestra compañera se muere? Jill, te creía con mejor gusto para elegir hombres...
-Debo irme -continúa hablando -. Si se produce cualquier novedad... llamadme, por favor.
Hace un gesto con la cabeza y empieza a alejarse por el pasillo que está a mi espalda. No me pasa desapercibido que se me queda mirando unos segundos cuando pasa por mi lado. Vaya, ni siquiera me conoce y ya está buscando enemigos... Barry me coge del brazo y me conduce con el resto del equipo.
Mejor. No tengo ganas de seguir pensando en ese gilipollas. Estoy deseando escuchar a Forest. Seguro que tiene muchas cosas interesantes que contarnos. Me sitúo junto a Brad, bastante cerca de donde están los capitanes.
-¿Cómo has visto a Jill? -le pregunta Enrico a Forest. Creo que eso es lo que todos nos estamos preguntando.
-Bueno... -responde Forest no demasiado convencido. Su tono de voz no me gusta -. No sé exactamente cómo explicarlo... A veces parece que le cuesta un poco hablar, pero otras veces te contesta sin muchos problemas...
-Tal vez sea algún efecto de la anestesia -opina Joseph con el ceño fruncido -. Ya nos ha dicho el médico que no la presionemos mucho al principio.
-Antes de que entren los próximos... -interrumpe el capitán Wesker ajustándose sus gafas. Nunca lo he visto sin sus gafas, y no creo que lo haga nunca -. Tenemos que tomar una decisión sobre el partido de mañana...
Ostras, el partido. Ni me acordaba. Madre mía. Otro lío más. Miro al resto del equipo. Creo que todos tienen el mismo gesto de sorpresa que yo.
-Imaginaba que se os había pasado un poco por alto -comenta el capitán con un tono de voz comprensivo. No es para menos... llevamos una noche muy movida -. Tenemos que tomar una decisión lo antes posible. Esta tarde tendría que salir nuestro vuelo hacia Portland. Pero puedo hablar con los chicos de allí para atrasarlo... ¿Qué queréis hacer?
Guardamos silencio. No me gusta la idea de estar tanto tiempo lejos de Jill después de todo lo que ha pasado. Si le pasara algo... no sabría qué hacer. Siento que mi deber es estar con ella en estos momentos... como compañero... y como amigo. Si por mí fuera, renunciaría ir a Portland para quedarme aquí cuidándola.
Por otro lado... ya hemos retrasado ese partido una ocasión. No sé cómo sentaría un nuevo retraso en Oregón, y sobre todo a Irons, que aún no ha dicho nada, lo cual es bastante sorprendente. Una parte de mí me dice que se está guardando los dardos para otra ocasión. Su cara porcina no para de escrutar nuestros rostros en busca de algún gesto que comentar.
-Va a ser difícil jugar sin Jill... -dice Kenneth interrumpiendo el silencio -. Además, aún no sabemos cómo va a estar en las próximas horas... No sé... Es complicado.
-Yo preferiría no jugarlo -comento con total serenidad -. Si uno de los nuestros está en peligro... es cuando más tenemos que estar unidos.
-Olvida, señor Redfield -irrumpe una voz melosa y cargada de dardos. A ver por dónde sale esta vez -, que ya se retrasó en una ocasión el encuentro por petición del equipo de Portland... Volver a retrasarlo sería perjudicial para nosotros, sobre todo para nuestra imagen.
Ah, claro. Que ahora quieres vender algo en lo que nunca has creído: compañerismo y respeto. Serás cabrón.
-Chicos... -oigo a Forest hablar en voz bastante baja.
-Pues yo creo que puede ser un punto de motivación para nosotros -opina Joseph con el gesto pensativo -. Estoy seguro que puede ser un punto de inflexión para nosotros... Además, puede ser una buena forma de liberar un poco nuestra mente de todo lo que está pasando.
-Yo prefería quedarme también -dice Brad un poco nervioso. Su tono le delata.
-Pero...
-No sé...
-¡Chicos! -grita Forest. Su grito nos sorprende a todos. Nunca lo había visto tan alterado -. Jill quiere que juguemos.
-¿Cómo? -exclamo completamente incrédulo. Oigo a mis compañeros murmurar también. Barry y yo intercambiamos una mirada de sorpresa.
-Me lo ha dicho dentro -contesta Forest bastante más tranquilo -. Me preguntó si ya lo habíamos jugado... Le dije que no, y me respondió que teníamos jugar pasara lo que pasase.
Nos quedamos todos en silencio de nuevo. Eres única Jill. Acabas de salir de una operación, y estás más preocupada por un partido de baloncesto que por tu salud... Barry me mira sonriendo. Sé que está pensando lo mismo que yo. El capitán Wesker habla un poco apartado con Enrico y Irons.
Jill nunca va a dejar de sorprenderme. Ha sido una incorporación muy valiosa para el equipo en todos los sentidos, y esta noche nos ha demostrado a todos que está a la altura de cualquier situación que se le presente por delante. La mala suerte se ha cruzado, sí, pero es un elemento que no podemos controlar.
-Bien... -dice el capitán tras dejar de hablar con Enrico y Irons -. ¿Qué pensáis ahora? ¿Queréis seguir adelante?
-Sí -responde Forest sin dudar un segundo. Yo asiento lentamente, y veo que se me unen Barry, Kenneth y Richard. El capitán nos devuelve el gesto.
-Bien, en ese caso, esta tarde partiremos hacia Portland -Wesker nos mira a mí y a Barry -. Pasad a ver a Jill.
Siento que me pongo nervioso. Es el momento que llevo esperando toda la noche.
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensaje por Lucy Norton » 13 May 2016 12:49

¡Buenas a todos! ¿Cómo lo lleváis? Aquí os traigo el siguiente capítulo. ¡Saludos!

30.


Tengo calor. Recuerdo que el médico dijo algo como que tenía fiebre. Los enfermeros acaban de salir por la puerta, y ahora estoy completamente sola. Ojalá hubiera alguien que pudiera explicarme por qué estoy aquí y qué ha pasado. Por más que lo pienso... no encuentro un motivo.
Me parece oír unas voces al otro lado de la pared. No consigo oír nada de lo que están diciendo, y eso me frustra. Para colmo, debo tener un aspecto horrible. Aunque aún no sé nada de lo que ha pasado, tengo la sensación de que debo estar para que me metan en la ducha.
Tal vez así incluso se me vaya el calor que tengo por todo el cuerpo. La puerta se abre. Miro hacia la izquierda y distingo una cabellera larga recogida con una cola. Deben ser Forest o Joseph. Son los únicos que tienen el pelo largo. A su lado, veo entrar a alguien, y el corazón empieza a latirme con violencia.
-¡Jill! -exclama Tom al verme. Se acerca corriendo y se pone a mi lado. Me da un beso en la frente con dulzura y se aparta. Su contacto me tranquiliza -. ¿Cómo estás, cielo?
-Oh, Tom... -respondo intentando sacar toda la fuerza que me queda -. ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Qué ha pasado?
Tom me mira sin decir nada y me coge la mano que tengo libre, la derecha. En la izquierda tengo puesto un gotero que no sé lo que contiene.
-No sé si soy el más apropiado para contártelo -responde intentando sonreír. Veo que se sienta en una silla que hay a su lado. Sus ojos radian felicidad... y yo me siento relajada con su presencia -. Hay un compañero tuyo aquí.
Miro hacia la puerta, y veo al siempre sonriente Forest apoyado en el quicio. Da unos pasos hacia la cama y se queda enfrente de mí. Lleva un pañuelo atado a la cabeza, como siempre acostumbra. Y lleva el uniforme que tenemos para las misiones... ¿Estábamos en medio de una operación?
-¿Cómo estás, Jill? -me pregunta intentando mantener su buen humor.
-Forest... Me noto el cuerpo ardiendo -respondo moviéndome un poco hacia la izquierda -. Y estoy un poco cansada... ¿Qué día es?
-Martes -responde Tom acariciándome los dedos.
-Entonces... ¡mañana es el partido! -exclama sobresaltándome un poco. Tom me recuesta de nuevo poniéndome las manos en los hombros -. Y no puedo ayudar al equipo -miro a Forest -. Tenéis que ganar.
-Ahora mismo tú eres lo más importante del equipo... y mientras estés aquí, no vamos a ir a ninguna parte.
-Decidle eso a Irons... -ironizo. Me sorprende que incluso estoy de humor para hacer bromas -. Le va a encantar.
Forest sonríe ampliamente.
-Está ahí fuera.
-Por mí que ni se acerque.
Miro a Tom. Intenta mantener la calma, pero sé que está bastante preocupado. Ni siquiera él me cuenta cómo he acabado aquí.
-Tengo que irme -me dice levantándose de su silla -. Cuando salga de la universidad vendré a verte -me da un beso en la mejilla -. Te quiero.
-Y yo a ti...
-Le diré a los chicos que sigan entrando -anuncia Forest antes de salir junto a Tom.
Oigo la puerta cerrarse. Cierro los ojos y suspiro. Me destapo un poco y compruebo que yo también llevo el uniforme... y que hay partes llena de sangre. Me pongo nerviosa. Eso quiere decir que yo estaba trabajando... Miro mi brazo izquierdo. Hay una parte del uniforme que está rasgada, y a través de ella, veo una venda. ¡Estoy herida!
Por eso estoy aquí...
El sonido de la puerta al abrirse vuelve a llamar mi atención. Distingo una cabellera roja. ¡Barry! Oh, Dios. Veo que su uniforme también está lleno de sangre.
-¡Barry...! -exclamo casi sin darme cuenta -. Tu uniforme...
-¡Oh, Jill! -se acerca corriendo a la cama y me da un abrazo. Le oigo sollozar débilmente en mi hombro.
-Barry... -murmuro viendo a otra persona entrar. El corazón me late con violencia al ver que se trata de Chris.
Su rostro está completamente serio. Sus ojos parecen agotados de cansancio, pero en su mirada hay algo que me dice que está guardando las emociones. Camina con lentitud hacia la cama con los brazos cruzados mientras Barry se aparta de mí quitándose las lágrimas.
-Vaya susto nos diste, amiga -comenta Chris bromeando un poco deteniéndose enfrente de mí.
-Si pudiera recordarlo... No estaría con este lío mental -respondo intentando volver a forzar mi mente para recordar algo de lo que pasó el día anterior.
-¿De verdad que no recuerdas nada? -me pregunta Barry un tanto apenado. Niego lentamente en silencio.
-Lo último que recuerdo es estar en mi casa e ir hacia la comisaría... -contesto pensativa. Sí, a partir de ahí... nada de nada -. Pero por nuestros uniformes deduzco que estuvimos metidos en algo.
-Y no te equivocas -dice Chris sentándose a mi lado en la cama. Nos miramos durante unos instantes. Su mirada me dice que está muy preocupado por mí. Es adorable -. ¿Se lo contamos, Barry?
Miro a mi otro compañero. Lo veo dudar unos instantes, pero luego asiente con lentitud. No parece demasiado convencido, pero quiero enterarme tarde o temprano de lo que ha pasado. No creo que me dejen con la duda mucho más.
-Wesker nos llamó -me cuenta Chris con una voz serena. Sus ojos no dejan de fijarse en mí. Su contacto me hace sentir un poco nerviosa -. Fuimos tras los traficantes en una nave abandonada a las afueras...
Me incorporo con los nervios a flor de pie. Eso quiere decir que me han herido mientras estábamos intentando detenerlos. Me quedo pensativa. Eso explica muchas cosas, como lo de los uniformes por ejemplo. No veo mi pistola ni mi placa por ningún lado, ni siquiera mis objetos personales. ¿Se me cayeron allí?
-Entonces ellos me hicieron esto... -comento con el ceño fruncido. Es la única explicación posible -. ¿Los capturamos?
Espero que no haya pasado todo esto para nada.
-Sí -continúa hablando Barry -. Logramos detenerlos a tiempo. Bueno, yo no... Yo estaba ocupado en otro asunto mucho más importante...
Miro su camiseta, y entonces creo entender a qué se refiere. ¿Fue él el que me trajo hasta aquí? Es muy posible que sí.
-Cuando nos reagrupamos -comenta Chris continuando con el relato. Estoy deseando llegar hasta el final -, Wesker nos separó. Unos nos fuimos a perseguir a los traficantes... los otros os quedasteis desactivando una bomba.
¿Desactivando una bomba? Me quedo perpleja. Si había una bomba, quiere decir... que yo la desactivé, porque, que yo sepa, ningún otro miembro del equipo es capaz de hacerlo salvo yo. Bueno, pues parece que han descubierto uno de mis pequeños secretos...
Me incorporo un poco asimilando lo que acabo de escuchar. Desde luego que me hubiera gustado guardar este secreto conmigo... aunque sé que tarde o temprano tendría que hacer uso de mis conocimientos para ayudar al equipo.
-La desactivé yo -afirmo sabiendo de sobra la respuesta. Veo a Chris asentir con media sonrisa en su rostro.
-Y por lo que me han contado... lo hiciste francamente bien.
-¿Me... explotó la bomba? -pregunto con el corazón latiéndome a mil por hora. No, es imposible. Su hubiera pasado eso no estaría aquí hablando tan tranquilamente con mis compañeros.
-No -contesta Barry. Se detiene unos segundos. Mira a Chris como esperando su aprobación, pero no dicen nada -. Fueron los terroristas. Lanzaron una granada.
-¿Una granada? -repito escandalizada. El médico tenía toda la razón del mundo: he tenido mucha suerte -. ¿Me golpeó muy cerca?
-Casi. Saliste disparada contra la pared cuando salvaste a Brad.
-¿Qué...? -exclamo perpleja. Eso sí que no me lo esperaba por completo.
-Así que vigila con quién te haces la heroína la próxima vez -bromea Chris sin dejar de sonreír.
-¿Salvé a Brad?
-Sí -contesta Barry con el gesto serio -. Perdiste varias veces el conocimiento. Joseph, Brad y yo te trajimos hasta aquí lo más rápido posible. Te operaron para quitarte los restos de metralla que se habían quedado en tu interior... y eso es todo cuanto puedo contarte.
-Demasiada información para procesar -bromeo con el ceño fruncido y rascándome la barbilla distraídamente. El sueño se está apoderando de mí por momentos, y sé que aún parte del equipo está fuera esperando para verme -. ¿A qué hora os vais a Portland?
-No lo sabemos aún -responde Chris quitándose de mi lado -. Pero no creo que tardemos mucho. Aún es temprano. Cuídate, Jill. Vendremos a verte lo antes posible.
Y me da un beso en la mejilla. Su tacto es reconfortante, me hace encenderme más aún si cabe. Barry me aprieta la mano y sale con Chris de la habitación. Suspiro cansada. Espero que mi estancia en el hospital no se alargue demasiado.
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensaje por Cursed » 15 May 2016 22:43

Jill va a acabar dejando a Tom por Chris, se ve venir jejeje

Está bien, sigue así =D>

Oculto:
Sólo un apunte, cuando la ingresan en el hospital y le realizan todas las curas y demás, lo normal es que le quiten el uniforme. Resulta raro que Jill se despierte después de un susto tan grande y de que la hayan tratado y que todavía lleve puesto su uniforme.
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Lloró cuando vio que no había más países por conquistar.
¿Lloraré yo cuando no haya más normas por quebrantar?

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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensaje por Lucy Norton » 20 May 2016 09:46

¡Hola a todos! Aquí estoy una semana más con un nuevo capítulo. Espero que os guste.


31.


Y pensar que me habían hablado bastante mal del clima en Portland. Sin embargo, a nuestra llegada al aeropuerto, nos recibió un cálido sol que va anunciando que el verano se está acercando. A pesar de que ya estamos en mayo, hay ciertos días en los que está haciendo más calor de la cuenta.
Llegamos a Portland sin ningún tipo de problema. Salimos desde Philadelphia a eso de las nueve de la noche, y llegamos a eso de las ocho y media hora local en Portland. En Raccon City deberían ser aproximadamente las once y media de la noche. En cuanto bajamos del avión nos montamos en un autobús que nos condujo hacia el hotel en el que nos íbamos a quedar esa noche.
Tras registrarnos y dejar nuestras cosas en las habitaciones, cenamos en el restaurante del hotel. En lo que a mí respecta, acabé bastante lleno. Nos sirvieron varios entrantes de picoteo y luego dos platos principales. Durante la cena estuvimos muy animados, sobre todo porque sabíamos que Jill estaba bien. Sin embargo... la echo mucho de menos.
Se nota que falta un miembro del equipo. Aún recuerdo la última vez que jugamos fuera, en Utah, nuestro primer partido. Lo pasé realmente bien... sobre todo la noche anterior al partido. Niego en silencio. No debo pensar ahora en eso. Tengo que centrarme en el partido.
Acabamos de llegar al estadio. Faltan alrededor de dos horas para que dé comienzo el encuentro. Pero vamos a realizar una sesión de entrenamiento previa. Ayer no tuvimos la ocasión de entrenar entre lo preocupados que estábamos por Jill y el viaje en avión.
Todo está bastante en silencio. Se nota que aún no han llegado los aficionados. Vamos a jugar en el estadio que los Portland Trail Blazers utilizan para entrenar. Yo, desde luego, estoy flipando. Los vestuarios son enormes, por no decir la cantidad de asientos que hay distribuidos por toda la cancha.
Barry y yo hemos salido aún vestidos de calle para echar un vistazo a las instalaciones. Es algo que solemos hacer en cuanto llegamos al estadio. Y, desde luego, los que hemos visitado son mucho mejores que los nuestros. Tampoco es de extrañar. Las ciudades que hemos visitado llevan siendo habitadas muchísimos años. Raccoon fue creada hace aproximadamente veinte o treinta años, y no superan los cien mil habitantes.
Veo que Kenneth y Richard también nos siguen. Caminamos en silencio. Yo estoy intentando concentrarme en lo que nos espera dentro de unas horas. Sé que debo hacer todo lo posible para ayudar al equipo. Ahora que no está Jill me necesitan más que nunca. He estado entrenando duro todos los días, tanto en las prácticas como en el gimnasio.
A pesar de que Amanda se ha estado quejando casi a diario de que apenas pasamos tiempo juntos, no me preocupa. Apenas he tenido tiempo estos días para dedicarle más de una hora al día. Además, también hemos tenido turnos diferentes, y tampoco hemos podido vernos en la comisaría.
-Impresionante -comenta Richard con las manos en los bolsillos.
-Y eso que es sólo el campo de entrenamiento... -dice Barry situándose en el centro.
Lo cierto es que impone bastante, y eso que todavía no está lleno. Ya veo que algunas cámaras están colocadas a pie de pista, y a algunos operarios comprobando las canastas. Tengo ganas de empezar a calentar. Quiero meterme de lleno en el partido. Nos jugamos mucho hoy.
Me siento un poco cansado hoy. Anoche apenas dormí. Estuve dándole vueltas a la cabeza a muchas cosas, y tardé más de lo esperado en quedarme dormido. También aproveché para hablar un poco con mi hermana, que en los últimos días apenas he podido hablar con ella más de cinco minutos.
Veo a Claire muy animada últimamente. No sé por qué, pero algo me dice que está feliz porque yo haya encontrado a alguien. Todos los días me pregunta por ella y por cómo nos va. De momento sólo puedo decirle que todo va según lo esperado. Amanda y yo nos llevamos de maravilla. Nos vamos conociendo mejor con el paso de los días, y cada vez me encuentro mejor.
-Yo tengo ganas de empezar ya -me interrumpe el pensamiento Kenneth -. Vamos a cambiarnos y a echar unos tiros.
-Genial -contesta Richard sonriendo.
Volvemos nuestros pasos hacia el vestuario. Sí, yo también estoy deseando vestirme de corto. Hace ya algo más de dos semanas que no disputamos un partido, y noto la sensación de que me falta algo. Quién nos iba a decir al principio que al final nos iba a gustar.
Lo cierto es que estamos muy motivados. Hemos sorprendido a todo el mundo, y sobre todo a nosotros mismos. Tenemos posibilidades reales de luchar por el título, y sé que vamos a luchar por él hasta que sea matemáticamente imposible. Estamos en un mal momento anímico, pero tenemos que salir a ganar cueste lo que cueste.
Richard abre la puerta del vestuario y entro el primero. Enrico y Wesker están hablando bastante alejados, y el resto del equipo está ya con el chándal colocado y relajándose un poco antes del entrenamiento. Forest y Joseph comentan algo que están mirando en el teléfono. Brad está en una esquina con los labios apretados y un gesto de miedo aparente en su rostro.
No veo a Irons por ningún lado. Mejor. Cuanto menos esté con nosotros y más tranquilos nos deje mejor jugaremos. Me acerco a mi bolsa, donde tengo algunos pantalones y camisetas de repuesto y algunos objetos personales. Busco mi teléfono móvil, y lo encuentro casi al instante, en uno de los laterales.
Miro la pantalla. Veo varios mensajes. Uno es de Claire para desearme suerte. Otro de Amanda con más o menos el mismo contenido, aunque ha añadido al final unos besos bastante sugerentes. Eso me recuerda las ganas que tengo de pasar un rato tranquilo a solas con ella.
Y entonces veo que llega un mensaje al grupo que tenemos de los S.T.A.R.S. Miro a mi alrededor. Todos los componentes del grupo estamos aquí. Todos salvo...
Jill.
Me pongo nervioso. Estoy deseando leer lo que haya escrito. Voy al grupo, y me sorprendo al comprobar que es un vídeo. Sale ella. ¡Es una grabación que nos ha enviado!
-Chicos, Jill nos ha mandado una grabación - los llamo sin poder contener la emoción. Es una sorpresa que nadie esperaba, y seguro que es muy grata.
-¡Ostras, es verdad! -exclama Joseph con la mirada fija en su móvil -. Vamos a verlo.
Nos acercamos todos a la posición de Joseph y lo rodeamos en círculo. Estoy ansioso por que le dé al inicio. Después de unos segundos que se me hacen eternos, el vídeo carga. Jill está en su cama de la habitación del hospital. Y lo más increíble es que no tiene nada que ver con el aspecto que presentaba ayer.
Sus mejillas están más sonrosadas, y sus ojos parecen recuperar el color que habían perdido. En definitiva, la veo de maravilla.
-¡Hola chicos! Os quería mandar este mensaje para desearos suerte. Sé que os queda poco ya para empezar el partido. Así que, nada, jugar como sabéis, que yo os estaré apoyando desde la distancia. Hoy estoy mucho mejor. Ya no tengo fiebre, y el doctor dice que si mañana no recaigo, el viernes me dan el alta. Tranquilos, que lo vais a hacer muy bien. ¡Ánimo!
Y agita el puño delante de la cámara como suele hacer cuando anota una canasta importante. Todos nos miramos a la vez. Desde luego su mensaje ha sido como una inyección de moral que, personalmente, me tiene en las nubes. Necesitaba saber que estaba mejor desde ayer, cuando la vi por última vez en el hospital.
Nadie lo sabe, pero ayer, justo antes de partir, le pedí al que nos diseñó las camisetas que añadiera un pequeño uno en la parte delantera de la camiseta, justo a la altura del corazón. Es mi pequeño homenaje para Jill, porque sé que, aunque echemos en falta su juego, vamos a hacer todo lo posible para salir victoriosos.
-Jill tiene razón -comenta Edward después de unos emotivos instantes de silencio -. Tenemos que salir a muerte.
-¡Sí! -gritan Joseph, Richard y Kenneth a la vez.
Juntamos todos las manos en el centro haciendo una piña. Las levantamos con un grito y nos preparamos para salir a calentar. Pero antes tengo que colocarme la equipación y el chándal.
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensaje por Lucy Norton » 26 May 2016 23:19

¡Hola a todos! Aquí os dejo el siguiente capítulo. Gracias a todos por vuestro apoyo.

32.


Yo sabía de sobra que la vida en el hospital iba a ser un auténtico aburrimiento. Pero no hasta el punto de tener que pasar horas y horas completamente sola. O no viene nadie o vienen todos a la vez... Pero bueno, tampoco puedo culparles. Tom está muy liado entre los estudios y el trabajo en el negocio de sus padres. Además, el mes próximo tiene los exámenes finales, y sé que tiene que estudiar mucho si quiere aprobar con buena nota y pasar al siguiente curso.
Y mis compañeros... Bueno, ayer tuvieron un partido en Portland, creo que llegaron de madrugada a Raccoon. Estoy muy contenta por la victoria que consiguieron, y además con una ventaja más que suficiente: trece puntos. Por lo que pude leer a través de Internet, Chris, Wesker, Barry y Enrico fueron los que mantuvieron al equipo en alza todo el tiempo.
Richard y Joseph se estuvieron turnando más tiempo de la cuenta en mi posición. Es cierto que ellos son mis relevos cuando no estoy en la pista. Pero yo suelo a jugar casi diez minutos más que ellos por partido, y no sé cómo puede afectarles eso. No es lo mismo que haya tres para un mismo puesto que sólo dos.
Tom estuvo aquí conmigo y me fue contando cómo se iba desarrollando el encuentro. Qué rabia me dio no estar allí. Estoy segura de que podría haber aportado todo lo que sé a mi equipo. Pero yo estaba convencida de que iban a ganar porque ya han demostrado de sobra que pueden con cualquier cosa que se les ponga por delante.
Me mandaron una foto de cuando estaban en el vestuario celebrando la victoria, y me reí bastante con la cara que ponían algunos de ellos. Pero lo que más me emocionó fue cuando vi la camiseta de Chris. Se había puesto un número uno en la parte delantera, a la altura del corazón.
No sabía qué decir anoche, ni siquiera ahora. Y mucho menos cuando lo vea. El equipo me está apoyando mucho. No sé cómo agradecer todo el apoyo que me han demostrado desde que estoy aquí. Aún sigo pensando en lo idiota que fui cuando se me cruzó por la cabeza la idea de marcharme.
Cojo mi móvil de la mesa de al lado. Sólo tengo un mensaje de Tom diciéndome que vendrá a verme cuando termine las clases. Si no recuerdo mal, eso será aproximadamente después de comer. Estuvo aquí un rato esta mañana antes de ir a la universidad, y desde entonces el único que ha pasado a verme ha sido el médico.
Me ha dicho que todo está en orden. Me han hecho una analítica esta mañana, y estoy esperando los resultados. Pero el doctor me ha dicho que si todo sigue como hasta ahora, que mañana por la mañana ya estaría de vuelta en casa. Es la mejor noticia que puedo tener ahora mismo.
Pienso en mi padre, en cómo se sentiría él si supiera lo que ha pasado. No hablo con él desde hace tres o cuatro días, y estoy segura de que estará bastante preocupado. Lo llamaré en cuanto llegue a casa. Lo echo tanto de menos... Aunque seguramente lo primero que tenga que hacer sea una limpieza a fondo. Madre mía, qué pereza.
-¿Te aburres? -me sorprende una voz desde la puerta. Es raro... pero esa voz me suena muy familiar. Y, entonces, veo a un sonriente Chris aparecer.
Yo tampoco puedo evitar sonreír al verme. A pesar de que está sonriendo, sus ojos denotan que está cansado. El viaje ha debido ser largo, e imagino que todos estarán físicamente agotados después del partido.
-Estar en el hospital es lo más aburrido del mundo. No te lo recomiendo -respondo con un tono de voz que intento que suene amistoso. Chris se acerca a la silla que hay en la parte izquierda y me aprieta la mano. Sé que me está diciendo que se alegra de verme.
-¿Más que Irons? -me río. Ése es caso aparte -. ¿Cómo estás?
-Pues aparte de que me aburro como una ostra y que estoy deseando irme de aquí... genial.
-Me alegra saberlo -comenta Chris con un tono de voz amistoso. Su alegría es completamente sincera. Puedo leerlo en su mirada y sus ojos.
-Se te nota cansado... Supongo que el viaje ha tenido que ser bastante largo.
-Y que lo digas... -responde Chris sin apartar su mirada. Sus atractivos ojos marrones no se pierden ni un detalle -. Pero mereció la pena. Ganamos.
Y agita el puño como suelo hacer cuando celebro una canasta importante, o como ayer cuando grabé el vídeo. Sabía que mis compañeros necesitaban ese empujón. Richard me comentó que realizaban el viaje bastante desanimados porque no querían dejarme sola después de lo que había pasado.
Ellos saben de sobra que me hubiera gustado estar con ellos en ese encuentro tan importante. Seguimos estando primeros, aunque empatados con los S.T.A.R.S. de Maine y de Utah. No podemos despistarnos.
-Oye, Chris... Lo de tu camiseta... No sé qué decir...
Vaya, mis propios nervios me están traicionando. Fue demasiado para mí. Recuerdo que se me escaparon unas lágrimas incluso. Suerte que estaba sola. A pesar de que era casi la una de la mañana cuando recibí la foto de grupo. Chris me coge una mano y la aprieta.
-Era mi forma de decir que tú también jugabas, porque somos un equipo.
-Gracias, Chris. No sé cómo agradecer tanto apoyo.
-No tienes que hacerlo -responde Chris jugando con mis dedos entre sus manos. Su contacto es realmente tranquilizador, y me hace sentir como si estuviera en otra dimensión. Es... sencillamente encantador. El rostro de Chris se vuelve algo más serio ahora. Me mira como si estuviera dudando algo -. Jill... ¿Puedo hacerte unas preguntas?
Le sostengo la mirada. Tampoco es que me haya pillado por sorpresa. Ya era bastante extraño que no hubieran comentado absolutamente nada de lo que ocurrió hace dos noches. Tampoco es que hayamos tenido demasiado tiempo para hablar y coincidir, pero aun así ya estaba preparada para esto.
-Vaya... me parece estar teniendo un deja vu.
Chris se ríe al oírme. Sí, aún recuerdo la vez en la que estábamos en mi casa y me bombardeó a preguntas sobre lo que había pasado en el bar al que fuimos a capturar a un violador que había sembrado el pánico por la zona. Parece que ha pasado una eternidad desde que ocurrió, y fue hace aproximadamente un mes.
-Si no quieres...
-No, no tranquilo -le interrumpo sonriendo. Es cierto, pero con Chris me cuesta mucho menos abrirme que con cualquier otra persona. Me inspira mucha confianza, y el afecto que me muestra siempre no tiene precio -. Soy todo oídos.
-¿Estás segura?
-Por completo -respondo asintiendo enérgicamente. Chris me mira unos instantes más antes de hablar.
-De acuerdo... ¿Desde cuándo sabes abrir puertas?
-Ya ni me acuerdo -contesto riendo. Muy cierto. Desde que prácticamente era una niña llevo viendo a mi padre forzar cerraduras con objetos tan simples como clips u horquillas -. Me enseñó mi padre, y llevo desde entonces perfeccionando mi técnica, aunque creo que ya tengo poco que practicar.
-No, desde luego. Tardaste poco más de veinte segundos en abrirla.
-¿Tanto? -bromeo. Sé que no está nada mal, pero he conseguido hacerlo en mucho menos tiempo. Chris se queda sorprendido.
-¿Puedes hacerlo en menos tiempo?
-Creo que mi récord está en diez segundos.
-Vaya... -susurra Chris sin dejar de salir de su asombro. Ya estoy bastante acostumbrada a las muestras de sorpresa, sobre todo en la Delta Force. Aquí aún no he tenido demasiadas posibilidades de demostrar todo mi arsenal -. ¿Y las bombas?
-En la Delta Force me especialicé en la desactivación de bomba. Yo era la experta. Siempre que había una... ¡Jill al rescate! Eso sí, al principio era de lo más patosa que te puedes imaginar... No daba una.
Chris me sigue mirando. Sé que está bastante sorprendido por todo lo que ha escuchado. Sé que la mayoría de los hombres se sienten un tanto sorprendidos e intimidados cuando descubren todo lo que sé hacer. Pero todas esas habilidades me han ayudado mucho en el pasado, y me han permitido salvar mi propia vida y la de otros.
-¿En qué piensas? -le pregunto. No me da buena espina que se haya quedado tan callado. Ése es uno de los motivos por los que no me gusta hablar sobre mis habilidades. La mayoría piensa que soy como un monstruo, y se quedan como petrificados cuando me ven trabajar.
-En que creo que jamás vas a dejar de sorprenderme -responde destensando un poco sus gestos. Yo sonrío. Bueno, es mejor de lo que esperaba. Chris consulta su reloj y se levanta -. Será mejor que me marche. Irons nos ha convocado al equipo Alpha esta tarde.
-¿No os va a dejar descansar? -pregunto muy sorprendida. Maldito sea.
-Claro, y dejar a la ciudadanía sin nuestros servicios -ironiza con una mueca de desagrado -. A los del equipo Bravo no le ha quedado más remedio que darles descanso, porque llegamos a eso de las cuatro de la mañana.
-Pues que le den bien por detrás.
-Eso es quedarte corta.
Ambos sonreímos. ¿Cuánto tiempo hacía que no estábamos así? Casi ni recuerdo la última vez que estuvimos bromeando y charlando tranquilamente sin que surgieran tensiones y disputas. Siempre me he sentido cómoda así, pero desde que ambos vamos por nuestro lado han cambiado muchas cosas.
-Avísame si te dan el alta. Vendré mañana a verte.
Nos miramos. Siento el deseo de hacer algo que no debería, y veo en su mirada las ganas de cruzar el muro que nos separa. Se acerca a mí, y ante mi sorpresa, me da un beso en la mejilla. En cuanto se retira siento esa parte arder como si me hubiera quemado.
Veo a Chris marcharse sin mirar atrás. Sigo su recorrido hasta perderlo de vista por completo. Me llevo una mano distraídamente a la zona donde me ha plantado el beso. ¿Qué diablos estoy haciendo? ¡Tom es mi novio! Estas cosas sólo deberían pasarme con él, y no con mis amigos.
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensaje por Lucy Norton » 03 Jun 2016 09:54

¡Hola a todos una semana más! Aquí tenéis el siguiente capítulo. Parece que a Jill le ha sentado bien salir del hospital. Ya me entendéis :D

33.


Hogar dulce hogar. Me siento nueva. Por fin he abandonado el condenado hospital. No es que me hayan tratado mal ni nada de eso, pero estar ingresada es un auténtico incordio. Me he pasado la mayoría del tiempo sola, y la verdad es que se hacía muy pesado.
Tom abre la puerta del apartamento con suavidad. Voy a coger mi maleta del suelo, pero él se me adelanta y la agarra. Me sonríe, y yo le devuelvo el gesto. Qué atento es. Ojalá todos los hombres con los que me he cruzado fueran igual. Accedo al interior sin dejar de sonreír en ningún momento. Se me han hecho interminables esos días que he pasado en el hospital. Necesitaba regresar para no volverme loca.
Durante estos días he intentado recordar una y otra vez algo de lo ocurrido esa noche, pero me es absolutamente imposible. Demonios. Sé que no debo obsesionarme con ello. Mis compañeros me han contado con toda cantidad de detalles todo lo que pasó. Sin embargo, sigo muy desconcertada porque mi mente parece haber borrado todos los recuerdos que tengo de esa noche.
Observo durante unos instantes todo cuanto me rodea, y me desanimo un poco al pensar la de días que ha estado mi apartamento sin ver pasar una escoba o una fregona. Me rasco la cabeza distraídamente, algo que suelo hacer bastante cuando estoy nerviosa. Bueno, mañana será otro día. Hoy estoy bastante cansada, y ya son cerca de las nueve de la noche. Ni muerta me pondría ahora a limpiar aunque viera capas de polvo de más de un dedo.
Veo a Tom dejar las maletas sobre el sofá antes de acercarse a mí. Me coge de las manos y me sonríe. Yo le devuelvo el gesto. Él ha sido un gran apoyo durante los días que he estado en el hospital. Siempre que tenía un hueco libre se quedaba conmigo, a pesar de que está muy ocupado con los estudios y ayudando a sus padres en el negocio.
-¿Cómo te sientes? –me pregunta con amabilidad, sin dejar de lado su buen humor.
-De maravilla. No puedo pedir más –respondo con total sinceridad. Tom sonríe más ampliamente y me abraza. Yo le paso los brazos por la espalda y apoyo mi cabeza contra su hombro.
Tanto los médicos como mis compañeros me han advertido en numerosas ocasiones de lo cerca que he estado de la muerte. La metralla que había cerca de mi hombro estuvo a punto de llegarme al pecho si Barry, Joseph y Brad no hubieran actuado con tanta rapidez. Estuvieron cerca de tres horas operándome, perdí mucha sangre… y yo sin recordar nada.
Parece que mi vida se detuvo desde que llegué a la comisaría hasta que me desperté en esa habitación del hospital donde me estaban haciendo la trasfusión. Recuerdo que me impactó bastante al verlo, ya que no entendía absolutamente nada de lo que estaba pasando. ¿Para qué iba a necesitar yo sangre?
-Dios mío… Jill –susurra Tom en mi oído. Su voz está un poco tomada por la emoción -. Pensé… lo peor. Cuando vi que no me llamabas, que no sabía nada de ti, fui a la comisaría. Y allí…
Se calla y de pronto, empieza a llorar. Yo cierro los ojos y le acaricio el cabello. Ése es uno de los riesgos de mi profesión. Yo lo entendí desde el momento en el que acepté formar parte de la Delta Force. Siempre sé cuándo me voy, pero nunca cuándo vuelvo… si es que lo hago. Sé que para tus personas allegadas es muy difícil de entender, pero es parte de mi trabajo, y sé lo duro que es.
Tom llora unos instantes más, y yo simplemente me limito a acariciarle el cabello. Sé que mi deber es estar con él y hacerle entender que a pesar de todo lo que hemos pasado no hemos tenido que lamentar nada demasiado grave.
-Tranquilo… -murmuro apartando un poco la cabeza. Le cojo el rostro entre mis manos y le quito unas lágrimas que le bajan por las mejillas -. Sé lo que debiste pasar… Y no sabes lo afortunada que me siento por estar aquí… y por estar rodeadas de personas que me han mostrado su apoyo día tras día.
Tom vuelve a abrazarme con fuerza y yo le planto un beso en la mejilla. No sé qué habría pasado sin la ayuda de todos mis compañeros y de Tom. Ahora, más que nunca, sé que mi sitio está aquí, en Raccoon. Tengo muchas cosas que hacer.
-¿Quieres que me quede contigo esta noche? –me pregunta Tom con la voz un poco más serena. Le miro durante unos instantes, asimilando lo que acaba de decirme. La verdad… es que me apetece.
-¿No tienes que trabajar mañana?
-Por la tarde. Por la mañana se las pueden apañar sin mí.
Sonrío. Le acaricio las manos con dulzura. No es que me sienta como si estuviera en las últimas, pero si hubiera conmigo alguien aunque sólo fuera esta noche me sentiría más tranquila, y sobre todo si es Tom. He pasado muchas noches sola en el hospital, ¿y por qué no decirlo? Me apetece estar con un hombre.
-Me encantaría que te quedaras –respondo acercándome un poco más a Tom. Puedo sentir el deseo en sus ojos.
Oculto:
Acerco su boca a la mía. Cierro los ojos saboreando el momento. Tom me atrae hacia él mientras nuestras lenguas juegan deseosas de ir a más. Nos caemos en el sofá, y yo lo hago sobre mi lado dolorido. Pero apenas lo siento. Los calmantes me han aliviado bastante. Es cierto que el médico me dijo que iba a pasar un mal día en lo que respecta a los dolores… y no se ha equivocado.
Tom posa una de sus manos en mi trasero, y la pasa lentamente por cada rincón. Empiezo a notar su erección a través del pantalón. He de reconocer que toda esta situación me está poniendo a mil. Noto cómo el calor va subiendo. Lo empiezo a tener claro. Quiero continuar con esto. Comienzo a quitarle los botones de la camisa a Tom mientras él me besa con dulzura por el cuello. De pronto, se pone un poco tenso y se aparta de mí un poco brusco.
-Jill… -me dice con el aliento entrecortado -. ¿Estás… segura? No es que no quiera, me tienes loco, pero…
Le sostengo la mirada. Me conozco esos peros de memoria. ¿Qué demonios tiene que hacer una mujer para sentirse sexualmente satisfecha con un hombre? Suspiro con resignación y le acaricio el rostro. Ya he mantenido esta conversación en otras ocasiones, pero eran situaciones completamente diferentes.
Tom ha sido un apoyo muy importante desde que empezamos a salir juntos, y cada vez tengo más claro que lo nuestro sólo puede ir a mejor.
-No quiero hacerte daño – me interrumpe el pensamiento -. Sé que la herida te duele mucho.
Me quedo observándolo unos instantes más sonriendo. Se preocupa tanto por mí… pero ahora mismo el dolor es lo de menos. Las pastillas que me tomé esta tarde aún están haciendo efecto. No, lo que verdaderamente quiero es estar con este hombre, sea como sea.
-No te preocupes, Tom –respondo sin dejar de sonreír -. Créeme. Lo que menos me preocupa ahora mismo es el dolor.
Tom parece convencido con mi respuesta y vuelve a atraerme hacia él. Termino de desabrocharle la camisa mientras noto cómo él hace lo mismo con mis pantalones. Los dejo a mi lado y se siento en sus rodillas.
Su erección es cada vez mayor, y eso vuelve a activarme. Tom está en bastante buena forma. Sus brazos y su torno, aunque no están muy definidos, dejan ver que se preocupa mucho por su físico. Ya me comentó en alguna ocasión que le gusta cuidarse.
Nos besamos. Nuestras lenguas juegan ansiosas buscándose la una a la otra. Creo que voy a explotar de un momento a otro. Ya me siento bastante mojada y eso que aún estamos con los juegos.
Tom se aparta y se quita el pantalón. Yo hago lo propio con mi camiseta quedándome solo con un sujetador negro que compré hace poco y unas bragas blancas. Pero sólo tengo ojos para lo que está delante de mí.
Le quito de un tirón los calzoncillos y agarro su pene jugando con él en mis manos. Tom me sonríe divertido.
-Tranquila pequeña –me murmura al oído con una voz tomada por el deseo, lo mismo que siento yo -. Si sigues así no voy a llegar al postre.
-Pues vayamos directamente al postre – respondo acercando mi boca a la suya.
Cojo sus manos y las deslizo hasta mis bragas. Y juntos las bajamos despacio hasta que se quedan tiradas en el suelo. Tom me observa con curiosidad, y sé que no puede evitar que sus ojos se vayan directos a mi herida.
Aún tengo un esparadrapo puesto. Hasta el lunes que no vaya a revisión no va a moverse de ahí. Empujo con suavidad a Tom contra el sofá y me siento en sus rodillas con el deseo de ir a más a mil por hora.
-En uno de los bolsillos del pantalón está mi cartera –me dice Tom con tranquilidad -. Dentro tiene que haber un condón.
Me incorporo y busco por el suelo sus pantalones. Están casi al lado de la televisión. Me agacho y busco primero en el bolsillo derecho. Ni rastro de la cartera. Así que tiene que estar en el izquierdo. No me hacen falta más de dos segundos para palpar con la llama de los dedos el objeto. Me incorporo y veo que dentro de la cartera hay numerosas tarjetas y algunas fotos. Imagino que todas serán de su familia más cercana.
En el último compartimiento, junto a las monedas, encuentro el preservativo. Su envoltorio es azul, y la verdad es que no me suenan. Tal vez podríamos probar algunas de las cosas que me regularon los de Durex. Aunque pensándolo mejor, me gustaría reservarlo para ocasiones especiales.
Éste es tu primer polvo con Tom, y el primero que echas en mucho tiempo… ¿No es motivo de celebración?
Sonrío para mí misma mientras intento rasgar el pequeño sobre. A la primera no lo consigo. A la segunda tampoco. Demonios. Mis uñas tampoco están tan cortas. Debería poder hacerlo sin problemas. Veo que Tom me mira con ganas de reírse.
-Que a una policía se le resista un preservativo… No tiene precio –bromea levantándose del sofá y acercándose a mí.
-Calla… -murmuro dándome por vencida. ¿Qué coño me pasa?
Tom me lo quita de las manos y con una facilidad pasmosa consigue abrirlo. Yo me quedo perpleja. ¿Cómo lo ha conseguido? Sin dejar de sonreír, Tom desliza el condón por su polla y le quita el aire sobrante. Bien. Estamos listos… o eso creo.
Volvemos al sofá. Tom me rodea con sus brazos mientras me siento en sus rodillas de nuevo y me llena de besos. Me acaricia con una mano la herida, y luego apoya su mano en ella. Sé lo que eso significa. Lamenta que haya tenido que pasar por todo eso y que haya estado a punto de morir. Yo también lo lamento por haber tenido a todos mis compañeros y al propio Tom tan preocupados durante varios días.
-Hace mucho que no mantengo relaciones –me confiesa Tom un poco preocupado. Hombres… se creen que por tenerla más grande o hacer el amor con más frecuencia lo van a hacer mejor.
-Yo también… Así que estamos empate.
Mi respuesta parece dejarlo satisfecho. Me sonríe y yo introduzco su miembro en mi interior. Es una sensación… maravillosa. Me duele un poco porque debo estar más cerrada que un colegio un domingo, pero solo quiero disfrutar del momento.
Tampoco estoy muy acostumbrada a jugar conmigo. Lo cierto es que siempre busco una excusa para no hacerlo, y eso que sé que es lo que más puede aliviarme en mi soledad. Ya lo comprobé en el hotel después del masaje que me dio Chris.
Oh, no. No puedo pensar en eso ahora.
Pero la sensación de rememorar lo que hicimos en su habitación me está activando aún más.
-¿Preparada? –me anima Tom sin perderme de vista. Asiento con energía. Sólo quiero que empiece.
Me muevo con lentitud al principio, y voy aumentando el ritmo hasta que se vuelve constante y puedo llevarlo sin demasiados problemas. Tom apoya las manos en mis caderas hundiéndome aún más. Uf, qué sensación tan placentera. Debo reconocer que es una de las posturas que más me gusta y que apenas he practicado.
Su pene me golpea una y otra vez, aumentando en ocasiones el dolor que tenía al principio.
-Oh, Jill… -susurra Tom echándose contra el respaldo del sofá. Eso me anima aún más. Aumento el ritmo de mis saltos, casi como si estuviera montando en un caballo de verdad, pero Tom me detiene.
Me pone una mano en la boca y empieza a embestirme con fuerza. Mis gritos de dolor y placer quedan amortiguados por la palma de su mano. Todo esto me ha pillado por sorpresa… pero me gusta.
Tom me penetra con fuerza una vez y otra y otra y otra… pero no con demasiada brusquedad, sino con pasión, como si quisiera disfrutar al máximo. Mi cuerpo empieza a flaquear. Estoy a punto de llegar al orgasmo.
-Voy a correrme… -anuncia Tom casi sin aliento.
Me penetra tres, cuatro, cinco veces más y veo cómo su cuerpo se arquea al mismo tiempo que emite un gemido de placer. Y yo sigo notando esa sensación de que me falta muy poco cuando Tom se detiene.
Veo que vuelve a echarse hacia atrás mientras se quita unos mechones de pelo de la cara. Lo único que se escucha en ese momento son nuestras respiraciones entrecortadas. Unas gotas de sudor me bajan por la frente, pero apenas les presto atención.
Lo que más me preocupa es la sensación de haber estado a punto de alcanzar el clímax y no haber llegado. No es la primera vez que me pasa, pero joder, en el hotel con el masaje tuve hasta tres. ¡Sí, tres!
¿Quizá porque estabas muy relajada y lo deseabas?
¿Acaso ahora también?
-¿Estás bien, Jill? –me pregunta Tom observándome con detenimiento. Mi silencio ha debido preocuparle.
-Sí, sí –respondo rápidamente mientras me pongo de pie y cojo un trozo de papel higiénico que Tom me pasa. Me limpio en silencio sin prestar demasiada atención a lo que hace mi novio -. Es sólo que creo que voy a tomarme otro calmante antes de ir a dormir.
Tom asiente en silencio terminando de limpiarse el pene. Deja el papel en la mesa mientras cojo mi ropa interior y me la pongo en el momento en el que mi chico me abraza por la espalda y me planta un beso en la cabeza.
-Eres increíble Jill. Te quiero.
-Y yo a ti.
Tom me sonríe y se aleja para terminar de vestirse. No puedo quitarme de la cabeza sensación de que le he fallado… y de que quizá estaba pensando en otras cosas que no debería.
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensaje por Lucy Norton » 10 Jun 2016 09:19

¡Hola chicos! ¿Qué tal todo? Gracias una vez más por seguir mi historia.

34.

Ya está cayendo la noche. Un bonito espectáculo para el que pueda contemplarlo. Me toca noche intensiva de trabajo. Odio trabajar de madrugada, y para colmo el cabrón de Irons ha aumentado la duración y la intensidad de los entrenamientos.
Llevamos una racha malísima en los últimos cinco partidos: dos victorias y tres derrotas, las cuales han sido seguidas frente a Denver, Maine y Washington. Y lo peor de todo es que hemos dejado una imagen muy pobre. En ningún momento tuvimos la situación controlada, y el partido se nos fue por completo de las manos.
Me siento fatal por no poder ayudar al equipo como se merece, y salvo un milagro, nuestras posibilidades de ganar son casi inexistentes. Lo único bueno y malo al mismo tiempo es que nos quedan los dos últimos partidos en Raccoon, y son contra nuestros rivales directos: Maine y Salt Lake City.
El nivel de confianza del equipo está por los suelos, y a mí no me apetece absolutamente nada disputar los dos encuentros que nos quedan. Y debo reconocer que desde la baja de Jill hemos ido de mal en peor. La hemos echado mucho en falta, y veo muy poco probable que Irons la fuerce para los dos partidos que quedan.
Todavía no se ha incorporado al trabajo, y eso que hace más de dos semanas que ocurrió el incidente en el almacén. Los médicos no se atreven a darle el alta por miedo a que las heridas se le abran, pero no sé, en alguna ocasión Jill me ha contado que acude al gimnasio y que no tiene demasiados problemas. Eso sí, no puede coger nada de peso de momento.
En lo que respecta al trabajo, todo sigue igual de aburrido que siempre: despacho, despacho… y más despacho. Para rematar la faena, empieza a hacer un calor bastante bochornoso en la oficina. Ya se está acercando el verano, y es de auténticos héroes estar allí más de dos horas seguidas sin sudar la gota gorda.
No sé cuándo demonios se dignará Irons a arreglar la calefacción y el aire acondicionado. Sinceramente, creo que nunca.
-Es una pena no poder disfrutar de una noche así juntos –comenta Amanda girando a la derecha en una larga avenida. Va conduciendo. Como tenemos el mismo turno hemos decidido venir juntos.
-Habrá más noches, preciosa –le digo acariciando su rodilla derecha -. Cuando termine mi condenado turno de noche haremos muchas cosas juntos.
-Contando con que a mí no me toque –me corrige Amanda con una sonrisa. Me gusta verla sonreír. Ya estamos llegando a la comisaría. Puedo verla de lejos -. ¿Ahora tenéis entrenamiento?
-Sí –asiento resignado. Maldito Irons -. El cabrón de nuestro jefe nos va a exprimir hasta el final.
-Pues voy a tener que hablar con él, porque si no no me rindes.
Me mira de reojo con una sonrisa pícara a la que respondo captando su sentido. Santo Dios. Entre el trabajo, los entrenamientos y esta mujer no tengo tiempo ni para respirar. Es insaciable. Follamos todos los días, e incluso hay veces que más de una vez. Siempre me he considerado un hombre muy activo, y todo esto me encanta, pero debo reconocer que acabo agotado.
Amanda detiene su coche frente a la verja la entrada. Le paso mi tarjeta S.T.A.R.S. y la entrega junto a la suya. La oigo bromear con el guarda y reírse de algo que le ha dicho, pero no me importa. Nunca me he sentido celoso respecto a Amanda. Sin embargo…
Niego en silencio. Es otra historia. Agua pasada. Tengo por delante un futuro prometedor lleno de esperanza. Amanda acelera cuando la barrera termina de subir y accedemos al interior. Espero que el resto del equipo esté ya por allí.
-Este Robert es un salido –comenta Amanda con una sonrisa entrando en la zona de aparcamientos. Los suyos están al otro lado de los míos -. ¿Sabes que me ha dicho? ¡Dile a Chris que te comparta un rato! ¡Será cabrón!
Vaya, otro al que le gustan las aventuras nocturnas. Cierto que he estado con más de una mujer a la vez, pero eso parece quedarse en una galaxia muy lejana. Últimamente estoy muy acostumbrado a un producto único, y la verdad es que no me deja nada disgustado.
-¿No le vas a decir nada? –me pregunta Amanda sorprendida mientras aparca su vehículo en una plaza libre.
-Que le den bien por el culo –respondo quitándome el cinturón de seguridad. Sé que no es algo por lo que debería estar tranquilo, pero lo cierto es que esos comentarios me los paso por la polla. Yo decido con quién quiero estar, y ahora mismo lo único que tengo claro es que Amanda es mi chica, pese a quien le pese.
Me estremezco un poco. Nunca he sido posesivo. Siempre he pensado que todo el mundo tiene libertad para ir con quien quiera. Ahora tengo una relación con Amanda, y sé que debería ponerme más serio y vigilante con comentarios de ese tipo.
¿Y qué hubiera pasado si se lo hubieran dicho a otra persona?
Niego varias veces en silencio abriendo la puerta del coche. ¿Por qué demonios siempre vuelvo a lo mismo? Es un callejón sin salida.
Amanda abre el maletero y cojo mi bolsa de deporte. Me la cargo al hombro izquierdo mientras veo cómo mi chica cierra el maletero y echa el seguro al coche. Le paso un brazo por la cintura mientras caminamos hacia el interior de la comisaria. Me mira con lujuria y señala hacia la puerta que conduce hacia la salida de emergencia. Sé lo que está pensando. Lo que estamos pensando. Mi pene empieza a despertarse. Esto es un no parar.
Amanda me agarra de la mano y nos detenemos frente a la puerta. Se echa a mis brazos y me besa con desenfreno. Tiro la bolsa al suelo y la atraigo hacia mí pasando mis manos por su prieto culo, un culito que he tenido tiempo de explorar gustosamente.
Mi polla sigue creciendo y pidiendo guerra. El empalme empieza a ser considerable. Miro distraídamente hacia arriba mientras beso a Amanda en el cuello. No hay cámaras por allí. Menos mal. Mi chica emite un gemido de placer, y eso me gusta. Quiero hacerla llegar al éxtasis, a su explosión. Ya me encargaré de trabajarla bien.
Pasa su mano por mi entrepierna y ríe con gracia. Le gusta. Le gusto. Busco de nuevo su boca mientras nos acercamos a la puerta y miro hacia la zona de los aparcamientos de los S.T.A.R.S. Están casi todos ocupados a excepción de dos o tres, y uno de ellos es el mío.
Amanda me abre la bragueta del pantalón y mi amigo sale a flote sólo cubierto por mis bóxer. Entonces me fijo en un coche plateado que está aparcado en la parte izquierda. Un Ford Fiesta. Dejo de besar a Amanda para centrarme en el coche, uno que creo saber a quién pertenece.
¡Jill! Pero es imposible… Todavía está de baja.
Sé que por la tarde preguntó en el grupo la hora a la que entrenábamos, pero sólo lo entendí como simple curiosidad. Ahora… ya no lo tengo tan claro.
Me aparto de Amanda más bruscamente de lo que me gustaría y me agacho para coger mi bolsa. Necesito comprobarlo en persona.
-Pero, ¿qué…? –oigo exclamar a Amanda. No me atrevo ni a mirarla mientras me incorporo. Sé que le debo una disculpa.
-Cariño, acabo de acordarme que el capitán me ordenó enviarle unos informes por fax antes de que empezara el entrenamiento –miento lo mejor que puedo. ¿Qué demonios estoy haciendo? ¡Mentirle a mi chica!
-¿Y me vas a dejar así? –me espeta con los ojos llenos de furia y los mofletes como dos tomates. Redfield, la has cagado bien. La observo durante unos segundos sin saber bien qué decir. Me encantan todos nuestros juegos, pero… necesito saber si Jill está aquí.
Me acerco a Amanda y le acaricio el rostro. Me gira la cara violentamente. Está muy enfadada. Mierda. Deberían mandarme al infierno por todo esto.
-Escucha cielo… - la agarro del brazo para que me mire, pero vuelve a evitarme. Suspiro con resignación -. De verdad que me gustaría pasar un rato más contigo, pero esto es realmente importante, y no puede esperar.
Amanda sigue sin mirarme. Tiene los labios apretados. Maldita sea. ¿Por qué todas las mujeres son tan complicadas? Camino y me pongo delante de ella. Le pongo la mano derecha en la barbilla y le levanto el rostro. Nos miramos. Creo que está pensando que soy un maldito cabrón.
-Está bien –dice con resignación. Suspira -. Ve. Nos vemos más tarde.
Le sonrío y le planto un tierno beso en los labios. Saben de maravilla. Nos miramos por última vez y camino a buen ritmo hacia el interior de la comisaría. Mi primer destino serán los vestuarios. No sé cuánto tiempo hace de su llegada, ni dónde puede estar, pero el vestuario es el primer lugar por el que todos tenemos que pasar.
Camino por los pasillos al trote, y no me encuentro a ninguno de mis compañeros para preguntarles. Abro la puerta de los vestuarios escuchando voces al otro lado. Lo primero que veo es al capitán Enrico buscando algo en su taquilla. Joseph y Edward charlan al lado mientras se colocan la ropa de entrenamiento.
Veo a Barry atarse sus zapatillas en uno de los rincones más alejados.
-Barry, ¿has visto a Jill? –le pregunto sin andarme con rodeos. Barry levanta la mirada y me mira extrañado.
-¿Jill? Pero si todavía está de baja.
-No, su coche está en el parking.
-Ah… -parece muy sorprendido. Yo estoy igual -. Entonces puede que esté hablando con el capitán o con Irons…
Me rasco la barbilla distraídamente antes de abrir mi taquilla. Saco mi ropa de entrenamiento intentando averiguar dónde puede estar Jill. Puede que, tal y como ha dicho Barry, esté en la oficina o en el despacho de Irons. Pero ahora ellos van a estar en el entrenamiento con nosotros.
Lo cual quiere decir que tiene que estar en el pabellón… o en los vestuarios. ¡Sí, tiene que estar allí! Cojo rápidamente todo lo necesario y empiezo a desvestirme sin preocuparme si me están observando. Dejo la camiseta y el pantalón de cualquier manera en la taquilla y la cierro antes de que alguien vea el lío que tengo allí montado.
Dejo los zapatos bajo el asiento y me pongo la camisa blanca con el logo de los S.T.A.R.S. impreso y el lema Raccoon City Basketball. Detrás está puesto mi apellido y mi dorsal. Me pongo los pantalones casi de un tirón mientras algunos miembros del equipo pasan por mi lado.
-Te veo hay muy espabilado, Redfield –me dice Kenneth cuando pasa por mi lado -. Eso me gusta, aunque parezca que te han metido un cohete en el culo.
Me río sin poder evitarlo mientras me abrocho los cordones de mis tenis. Son de color blanco, y aunque no me gustan mucho, son muy cómodos. No soy tan innovador como Jill o Joseph, que llevan zapatillas de colores.
Miro a Barry, que está terminando de ajustarse el pantalón.
-¿Te queda mucho? –le pregunto impaciente. Quiero ir ya hacia el pabellón. Necesito ver a Jill.
-Tranquilo míster impaciencia –me responde Barry bromeando mientras se incorpora -. Hoy tienes muchas ganas de entrenar.
Y me mira como diciendo eso no te lo crees ni tú. Yo me limito a dedicarle la mejor de mis sonrisas.
-Yo también estoy deseando verla –añade sin dejar de sonreír. Me da una palmada en el hombro -. Vamos.
Pero justo cuando nos acercamos a la puerta un teléfono móvil empieza a sonar. Barry me mira y camina hacia su taquilla con tranquilidad. Abre la puerta y coge su teléfono con el ceño fruncido.
-Es Kate –me informa sin dejar de mirar la pantalla -. Ve tú delante. Luego te alcanzo.
Asiento en silencio y salgo al solitario pasillo que comunica la zona de aparcamientos con la primera planta de la comisaría. La pista donde entrenamos y los vestuarios están al otro lado, en el ala oeste.
Subo por las escaleras hacia la primera planta pensando en Amanda. Me he comportado como un auténtico capullo mintiéndole, pero la única forma de poder acercarme a Jill. No sé por qué está tan celosa. Ya le he dejado claro en varias ocasiones que Jill y yo somos muy buenos amigos, y que nos llevamos maravillosamente bien. Pero ella parece no entenderlo. Espero que toda esta situación se normalice algún día. Tal vez debería hablar con Claire. Quizá pueda darme algún consejo.
Claire está ahora muy liada con los exámenes finales. Hablamos muy poco últimamente. No quiero que se distraiga. Los resultados que obtenga ahora serán decisivos para su futuro. Le diré que se venga a Raccoon cuando ya esté más tranquila. Echo mucho de menos todas las cosas que hacíamos juntos: ir de fiesta, bañarnos en la piscina, jugar al billar…
-¡Chris! –exclama alguien a mi espalda. Me giro. Es Elliot -. ¿Qué pasa, tío? ¡Hace un siglo que no te veo!
-¡Elliot! –le choco la mano y nos damos un abrazo -. Estos horarios de mierda me matan, por no decir los entrenamientos.
-¿Ahora vais a entrenar?
-Sí, el cabrón de nuestro jefe nos ha aumentado las sesiones, aunque no sé para qué. Ya estamos prácticamente sentenciados.
-Vaya… Oye –baja un poco la voz -. Me he enterado que le has tirado la caña a cierta señorita, Don Juan.
Me río.
-Sí. Amanda y yo llevamos casi un mes.
-Tiene pinta de ser una fiera en la cama –comenta con una sonrisa y dándome un codazo en el hombro. Le devuelvo la sonrisa. Sí, es una fiera, pero no es lo único en lo que me fijo -. Me enteré de lo de Jill… ¿Cómo está?
Eso me recuerda la prisa que tenía por llegar al pabellón.
-Al principio estuvo bastante mal –le confieso. Estoy deseando largarme -. Pero ha conseguido salir adelante afortunadamente.
Consulto mi reloj. Mierda. Son casi las nueve y cuarto. La sesión está programada para y media. Si no me doy prisa no tendré tiempo de verla.
-Será mejor que me vaya –comento para dar por terminada la conversación -. Voy a llegar tarde al entrenamiento.
-Venga tío. A ver si quedamos para tomar algo.
Me despido con la mano y camino a buen ritmo hasta llegar a la pista de entrenamiento. Un vistazo rápido me hace ver que Jill no está por allí. Sólo veo a Brad y a Forest practicando tiros libres, a Enrico, Joseph y Kenneth tirar a canasta y al capitán Wesker charlar con el cretino de Irons. Se le ve bastante tranquilo después de todo. Me quito de su vista antes de que me detecte y vuelvo mis pasos.
Me detengo frente a la puerta de los vestuarios de las mujeres. Pego la oreja para intentar detectar algo. Oigo pasos al otro lado. Sonrío. Jill está dentro. Pego en la puerta.
-¿Sí? –su respuesta no se hace esperar. Sonrío aún más. Cómo me alegra que esté de vuelta.
-Jill, soy Chris. ¿Puedo pasar?
-Entra.
Abro la puerta bastante nervioso. Maldita sea. Ni que estuviera en una cita. Mis ojos la buscan rápidamente, y la encuentro sentada en un banco poniéndose sus zapatillas azules.
En la parte de arriba sólo lleva un sujetador deportivo. Mi polla reacciona de inmediato. Trago saliva. No debería pasarme esto, pero es que joder, la veo tan bien… Además, ya conozco su cuerpo un poco después de las experiencias que hemos compartido.
Mi amigo se pone más duro, y me es prácticamente imposible esconder mi erección. Para colmo, Jill levanta la cabeza y me mira con una sonrisa radiante. La mejor que me puede dedicar.
-Estás… genial –le suelto sin poder salir de mi asombro. Y pensar que hace unas semanas estuvo al borde de la muerte…
Su cara ha recuperado el color que había perdido. Siempre estaba pálida, pero ahora está llena de energía y de vitalidad. Incluso parece haber perdido algo de peso. Pero lo que más me sorprende es que su cuerpo está más tonificado, como si hubiera cogido un poco de masa muscular.
-Me vas a comer con la mirada –bromea poniéndose en pie. En ese momento puedo verle la cicatriz que va desde su hombro hasta su pecho izquierdo. Un recordatorio de lo cerca que estamos siempre de la muerte.
-¿Cómo estás? –le pregunto mientras se pone la camiseta de entreno.
-Ya me estaba aburriendo mucho en casa –responde mirándose en el espejo y ajustándose los pantalones -. El médico me ha dado esta mañana el alta, y como tenemos de turno de noche… Aquí estoy.
No puedo dejar de sonreír. Parezco un bobo. Me alegra tanto que haya vuelto… Seguro que el ánimo del equipo va a estar por las nubes. El mío ya lo está.
-Oye, ¿qué tienes ahí en el cuello? –me pregunta señalando mi parte derecha.
Me llevo una mano instintivamente a la zona. Mierda. Ha debido ser Amanda… y otra vez vuelve a pillarme Jill. Los otros capullos ya me podrían haber dicho algo. A lo mejor no se han dado cuenta.
Me acerco al lavabo y enciendo el grifo. Me doy con agua por el cuello en la zona donde veo unas marcas rosas de pintalabios. Oigo a Jill reírse a mis espaldas. Sí, muy graciosa. Me miro en el espejo y compruebo con alegría que no queda rastro.
-¿Cómo te va con Amanda? –me pregunta mientras se coloca la cerpa en la cabeza. No sé si es su tono de voz o su actitud, pero algo me dice que está bastante interesada en el tema.
-La verdad que bastante bien –respondo siendo sincero. Todo va según lo previsto. ¿Por qué iba a mentirle?
¿Por qué albergas otras esperanzas?
¿En qué diablos estoy pensando? Ni hablar. Debo quitar toda esa mierda de mi cabeza. De inmediato.
-Me alegro –contesta Jill poniendo su ropa de calle junto a su bolso -. Se te ve muy feliz.
¿En serio? ¿De verdad se me nota? Hay algo en su forma de decir la palabra feliz que no me ha gustado. ¿Envidia? No lo creo. Jill no es ese tipo de persona. ¿Y si ese Tom la está tratando mal? No quiero ni imaginarlo.
-¿Y tú qué tal con Tom? –le pregunto para salir de dudas. Hace muchos días que no nos vemos, aunque intercambiamos mensajes a diario. Tarda más de la cuenta en responder. Vaya…
-Es encantador –me mira con esos encantadores ojos grises. Le brillan de emoción. Parece que estaba jugando al despiste -. Me ha ayudado mucho estos días. Se porta muy bien conmigo.
Asiento en silencio. Menos mal, porque iba y le partía la cara a ese cabrón. No soporto la idea de que las personas que me importan sufran. No acercamos… y nos damos un abrazo. Cierro los ojos. Sé lo que significa. Se siente agradecida por estar aquí de nuevo.
-Bienvenida a casa –susurro. Su pelo huele de maravilla. Me cautiva. Nos apartamos lentamente sin dejar de sonreír.
-Tengo que entregarle el papel del alta a Irons.
-¿Todavía no lo sabe el muy cabrón?
Jill ríe.
-Cuando he ido a su despacho no estaba, así que se lo daré ahora… ¿Lo has visto por casualidad?
-Sí… está metiendo las narices donde siempre.
Volvemos a sonreír y abro la puerta que comunica con el pasillo. Dejo que Jill salga en primer lugar y luego lo hago yo. Estoy seguro de que va a ser una noche menos larga de lo normal. Caminamos en silencio los últimos metros que nos separan del campo. Todos están distraídos, pero nuestros pasos llaman la atención del equipo.
No puedo evitar sentirme feliz al ver a todos mis compañeros quedarse boquiabiertos y venir a nuestro encuentro sin dar crédito a lo que ven. Todos le dan abrazos y gestos de cariño. No me equivocaba al pensar que íbamos a estar más animados.
Comparto una mirada con Barry. Gracias a Dios que todo salió bien.
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensaje por Lucy Norton » 17 Jun 2016 10:00

¡Buenas una semana más! Aquí os dejo el siguiente capítulo.¡Qué comience la primera final!


35.


Bajo del coche con los nervios a flor de piel. Ha llegado el gran día, el día señalado por toda Raccoon City. La camiseta se me pega al cuerpo por el sudor. Ya veo por los exteriores del estadio a una gran multitud dirigirse hacia él. Madre mía. Espero que lo hagamos bien y no defraudemos a toda esa gente que nos ha estado prestando su apoyo en las últimas semanas.
Le hecho el seguro al coche y veo que hay muchos seguidores apoyados en la valla. Me gritan. Me aclaman. Les saludo sin demasiada convicción y empiezo a caminar hacia el interior. Veo que la mayoría del equipo ya está allí. Bien. Eso me mantendrá distraído hasta que empecemos.
Saludo con la mano a un par de guardas de seguridad. Les conozco de vista. Creo que incluso uno de ellos vive cerca de mi apartamento. Camino en silencio por el pasillo intentando dejar mi mente en blanco. Qué difícil es, y mis nervios tampoco ayudan.
Paso junto al vestuario de las mujeres. La puerta está abierta, pero no hay nadie en el interior. Jill no va a jugar más con nosotros. Por si la situación no era ya complicada, esto lo agrava aún más. Me quedo apoyado en el quicio de la puerta, y le propino un puñetazo.
Maldita sea. Con lo bien que lo estábamos haciendo, que incluso llegamos a estar primeros, se ha ido todo a la mierda en los últimos partidos. Todo se vino al traste esta mañana, cuando terminamos nuestro turno.
Irons mandó a llamar a Jill antes de las siete y media. Eran las ocho, y aún no se había presentado, así que supuse que la reunión o lo que quiera que fuera se había alargado. Así que decidí irme a casa y esperar para llamarla más tarde.
Cuando terminé de desayunar, a eso de las nueve y cuarto, decidí llamarla. Tenía mucha curiosidad por saber qué le había dicho ese cabronazo, aunque, desafortunadamente, me lo imaginaba. Tardó un poco más de la cuenta en cogerlo, e imaginé que no tenía muchas ganas de hablar. La conversación sigue muy fresca en mi memoria.

-Hola Chris –me saludó bastante alicaída -. Estaba esperando tu llamada.
Cómo me conoce…
-¿Qué quería nuestro querido jefe?
-Creo que te lo puedes imaginar… -se hace un silencio muy incómodo hasta que Jill vuelve a hablarme -. No voy a jugar más.
-¿Y eso por qué? –le pregunté muy furioso. Irons había vuelto a hacer de las suyas -. ¿Qué motivo te ha dado?
-Simplemente dice que no quiere arriesgarme más. ¿Cómo lo dijo? Ah sí, que mi valor y lealtad están dentro de la comisaría y no en una cancha de baloncesto.
-Gilipollas.
-Eso mismo pensé yo cuando me lo dijo.
Intenté sonreír, pero me costaba. No sabía exactamente qué decirle a Jill para tranquilizarla, pero estaba convencido de que cualquier cosa que pusiera como excusa no haría cambiar de opinión a Irons.
-Lo siento mucho, Jill –y lo dije de corazón. Es muy importante para el equipo por todo lo que aporta -. Espero verte aunque sea en la grada.
Suspira. Desde que está de baja no nos ha acompañado a ninguno de los encuentros. Imagino que se sentirá muy frustrada. A mí me pasaría lo mismo.
-Lo intentaré –me respondió sin demasiada convicción. Ya sabía yo que me costaría convencerla -. Chris… -se detuvo unos segundos -. Gracias por llamarme. Lo necesitaba.
-Qué tonta eres… -negué en silencio varias veces -. Los amigos siempre están ahí, y tú siempre lo estás, así que es mi deber ayudar y apoyar a los que me importan.
Lo pensé durante unos segundos. Desde luego que sonaba a una declaración de intenciones. Suerte que Amanda no estaba por allí cerca. Me habría crucificado. ¿Y por qué debería preocuparme? No lo sé.
-Gracias Chris. Sabes que yo también te tengo en muy alta estima. Suerte para esta tarde. Besos.

Y me colgó sin que me diera tiempo a decirle nada más. Debe estar muy dolida. Yo lo estaría. Decidí no comentar nada en el grupo. No me parecía justo. Sin embargo, poco antes de venir al estadio, he visto que Jill había escrito en el grupo. Ya les había dicho al resto lo que Irons consideraba “mejor” para el equipo.
Sólo espero que esté presente en las gradas. Tiene un sitio reservado detrás del banquillo. Amanda vendrá al comienzo del partido, y Claire está estudiando para un examen que tiene mañana. Tal vez debería llamarla.
Me aparto del vestuario de las chicas y busco mi teléfono móvil. Lo tengo en el vaquero. Busco el número de mi hermana, aunque me lo sé de memoria, y me llevo el teléfono a la oreja. Pasan tres o cuatro tonos cuando lo coge. No debo entretenerme mucho. Irons estará a punto de dar la charla.
-¿Cómo está mi hermano favorito? –me saluda Claire con alegría. Espero poder verla pronto. La echo mucho de menos.
-Es el único que tienes –bromeo intentando contagiarme de ese buen humor. Mi hermana ríe al otro lado -. Espero que estés estudiando duro.
-¿Por quién me tomas? –me responde enfadada, aunque sé que no lo está. Casi nunca hemos discutido -. Claro que estoy estudiando. Ya sólo me quedan dos exámenes.
-Genial. ¿Cuándo es el último?
-El viernes que viene.
Lo pienso unos segundos. El partido es el sábado. Podría decirle que viniera… siempre y cuando merezca la pena ver el partido. Qué demonios… Que se venga sí o sí. Hace meses que no nos vemos.
-Pues ya sabes lo que tienes que hacer… Coges tu preciosa moto y te vienes a Raccoon. ¿Qué te parece?
-Hace tanto que no nos vemos…
-Lo sé, Claire… Vente.
-Iré, hermano. Te lo prometo.
-Voy a entrar al vestuario. Te avisaré cuando tenga un hueco. Te quiero Claire.
-Y yo a ti Chris. ¡Mucha suerte! Dale saludos a Amanda.
Cuelgo el teléfono y me quedo mirándolo unos instantes. Hora de enfrentarse al ánimo del vestuario. Estoy convencido de que el capitán Wesker estará intentando hacer todo lo posible para que el ambiente sea óptimo.
Abro la puerta y una música de rap inunda mis oídos. Bueno, al menos no están como si estuvieran en misa. Lo primero que veo, y que me llama mucho la atención, es a Kenneth sentado en una esquina con un rosario en la mano. Me quedo muy sorprendido. Jamás hubiera tomado al bueno de Kenneth por un religioso.
Enrico les está explicando algo a Richard y a Joseph. Supongo que será algo relacionado con el manejo del balón. Puedo oír sus voces aunque no lo que dice. La música está un poco más alta de lo normal. Paso junto al capitán. Levanta la mirada. Le devuelvo el saludo y me detengo dos asientos más a su izquierda, entre Forest y Barry.
-¿Qué tal chicos? –los saludo dejando mi bolsa en la taquilla. Llevo sólo ropa de repuesto y mis zapatillas. Las saco y las dejo en el suelo.
-Aquí estábamos hablando de cómo detener el juego interior de Maine –responde Forest mientras cojo mi chándal y la equipación.
-La otra vez nos trajo de cabeza –opino quitándome la camiseta. Mi miro unos segundos en el espejo. Estoy en muy buena forma. Me pongo la parte de arriba del conjunto. Jugamos de blanco -. La mayoría de sus puntos vinieron de ahí. Había un tal… ¿Trump?
-Trapp –me corrige Barry. Como para olvidarlo. Al capitán le costó horrores pararlo. Hizo treinta y tres puntos.
-Eso es… -murmuro quitándome los pantalones. Me quedo en calzoncillos y me pongo los pantalones cortos. Joseph pasa por mi lado. Se me queda mirando.
-Qué te gusta lucir palmito, Redfield –bromea cogiendo algo de su taquilla. Se gira y me mira sonriendo -. Las tendrás a todas locas.
Me río. Que les gusta meterse conmigo por lo atractivo que les resulto a las mujeres. Siempre que salimos a tomar algo se acercan más a mí que al resto.
-Yo ya estoy cogido –levantando las manos hago como que me disculpo. Me siento en la silla y me pongo los calcetines -. Te sorprendería saber que alguna me ha rechazado.
-¡Venga ya!
-Chicos… -nos advierte el capitán Wesker. Vale, lo hemos pillado. Se acabó el recreo.
Me pongo el chándal blanco a juego con el uniforme y me levanto para ajustarme el pantalón. Veo enfrente a Brad. Está con cara de no saber muy bien qué hace allí. En los últimos partidos ha jugado minutos, y nos quedamos sorprendidos al ver que pudo botar el balón más de dos veces seguidas sin que le entrara el pánico.
Le tiembla el labio inferior, y que Edward y Richard se pongan a aplaudirle cerca para asustarlo tampoco contribuye a que su ánimo mejore. Toda esta situación es realmente divertida.
Miro a Barry. Le noto más tenso de lo normal. No se da cuenta de que lo estoy observando. Está mirando fijamente una foto de su familia. Sí, Barry es un buen hombre. Lo sé desde el momento en el que crucé la primera palabra con él.
-Se sentirán muy orgullosas de ti –le digo sacándolo de su estado de concentración. No he visto demasiadas veces a su mujer y a sus hijas, pero sé que Barry daría cualquier cosa por ellas. Moira debe tener unos cuatro años, y Polly dos. Barry me sonríe.
-El día que tengas una familia entenderás que cada cosa que haces es por ellos. Nunca les he fallado… ni les voy a fallar.
La puerta que da acceso al vestuario se abre. Lo primero que veo es a un tipo bajito y rechoncho vestido con un traje negro que no le pega ni con cola. Me pongo a mirar hacia otro lado para no reírme. Creo que a algunos de mis compañeros les pasa lo mismo.
-Bueno, espero que hayan cogido fuerzas –nos saluda Irons con un gesto de absoluto asco, dándonos a entender que prefiere estar en cualquier otro sitio menos allí -. Como ya sabrán, ya no contaremos con la ayuda de la señorita Valentine. Los médicos y yo hemos decidido que era mejor no forzarla en vista de los últimos entrenamientos realizados.
Tuerzo el gesto. Es una pena. Yo no he visto que lo hiciera mal en las pruebas específicas que realizaba. Pero bueno, si ellos han decidido eso será por el bien de Jill. Sin embargo, me da mucho coraje porque sé que se ha estado esforzando mucho para ayudarnos en estos dos importantes compromisos.
-Hoy tendrán un hueso duro de roer –sigue hablando el jefe de policía con una pizarra y un rotulador en las manos -. Los S.T.A.R.S. de Maine tienen jugadores capaces de tirar desde cualquier posición. No obstante, basan su juego en la zona –traza un círculo bastante mal hecho por la canasta. Intento no reírme de nuevo -. Ya sufrieron en sus propias carnes cómo se las gastan cuando sus hombres altos se mueven. Hoy, especialmente Wesker, Dewey, Marini y Sullivan, se encargarán de que eso no ocurra. Vamos a basar nuestro juego en defender la zona y en abrir espacios en ataque para jugar desde el exterior. ¿Alguna pregunta hasta aquí?
Se para unos instantes en mí. Le mantengo la mirada. Que no se crea que voy a achantarme porque él quiera. Tal vez debería sonreírle y enseñarle cómo se hace. Estoy completamente seguro de que lo enfurecería mucho.
-Para este partido jugarán de titulares Frost, Speyer, Redfield, Wesker y Dewey…
Tampoco es mucha novedad…
-Circulación fluida de balón –nos grita como si hubiéramos hecho algo mal, y eso que todavía ni hemos empezado -. Nada de pérdidas tontas. Posesiones largas y ayudas siempre que la situación no sea muy incómoda. Vamos, fuera.
Irons y yo compartimos una mirada de odio que sólo está reservada para nosotros. Me levanto detrás de los demás y ponemos rumbo hacia la pista. Vuelvo a ponerme nervioso. Cada vez queda menos para saber si vamos a seguir peleando o si se terminó todo para nosotros.
Camino por el pasillo tras Edward y Richard. Todos vamos en silencio. Estamos muy concentrados. Entonces, veo a un árbitro hablar con Irons. Me pregunto qué le estará diciendo. Se me ocurre una idea. Me agacho y hago como que me ato los cordones de las zapatillas.
-Disculpe, señor Irons. No le molestaría si no fuera necesario. Verá, según nuestra normativa, todos los equipos deben convocar a once jugadores aunque luego no disputen minutos.
-¿Y qué estúpida norma es ésa? Hasta ahora no he tenido problemas con nada de eso.
-Es que los registros se hacen a ordenador, pero hoy hemos tenido que hacerlo a mano, y al realizar un recuento, hemos visto que falta uno.
Éste es capaz de ponerse a sí mismo…
Termino de abrocharme uno de los zapatos y paso al otro. Lento, muy lento Redfield.
-¡Está bien! –exclama Irons alterado. Veo que el árbitro incluso está asustado -. Tenemos un jugador de baja. Si lo incluyo pero no participa, no habría ningún problema.
¿Cómo? ¿Estoy oyendo bien? ¿Va a incluir a Jill en la convocatoria?
-Así es, señor. Le pido disculpas por los problemas que pueda ocasionar.
-Maldita sea. Incluya a Jill Valentine en la lista.
-Sí, señor. Gracias.
Y se marchan de allí sin haberme prestado atención. Me levanto rápidamente sin saber bien qué hacer. ¿Debería avisar a Jill para ver si así viene? Si está convocada, Irons no puede decirle nada por venir, pero ése es capaz de dejarla sentada sólo para humillarla.
Debo tomar una decisión rápido. Pronto se darán cuenta de que no estoy y vendrán a buscarme. Decido ir al vestuario. Sólo serán unos segundos. Abro la puerta rápidamente y la cierro haciendo bastante ruido.
Cojo mi bolso y saco el teléfono. Le escribo a Jill por Whatsapp, pero no esperaré su respuesta. No puedo perder tiempo.

Irons te ha incluido en la convocatoria.

Suficiente. Guardo el teléfono rápidamente en el bolso y me pongo de pie. Será mejor que me marche. Oigo pasos al otro lado. Ya sabía yo que venían a buscarme.
-¿Chris? –es Barry. Parece preocupado.
-Voy –miento abriendo la puerta -. Estaba en el servicio.
Barry me escruta con la mirada. Sé que no he conseguido engañarle. Nos conocemos desde hace mucho, y me tiene calado hasta el fondo.
-Estábamos preocupados –me dice Barry mientras caminamos por el pasillo -. Vi que saliste, pero ya te perdí el rastro.
-Ya te lo he dicho. Estaba en el servicio.
Dudo si contarle la conversación entre el árbitro y Irons. Sé lo que me va a decir: es un puro formalismo. No va a venir. Puedo oír al público en las gradas. Escuché que se habían repartido casi todas las entradas.
La grada que veo delante tiene aún muchos huecos libres, pero estoy seguro de que con el tiempo se llenarán. Los presentes gritan cuando nos ven aparecer a Barry y a mí. Sonrío un poco tenso. Tenemos que jugar como nunca.
Miro hacia la zona de nuestro banquillo, donde Irons charla con los médicos y los preparadores. El resto del equipo está calentando. Me uno a ellos. Entonces veo a Amanda justo detrás de uno de los doctores. A su lado hay una chica joven que me saluda con la mano. Me quedo boquiabierto. No puede ser.
-¡Claire! –grito olvidándome por completo de lo que iba a hacer. Corro hacia el banquillo y paso por el lado con Irons fulminándome con la mirada.
Mi hermana me espera con los brazos abiertos. Dios, qué guapa está. Hace unos seis meses que no la veo. Desde que celebramos mi cumpleaños concretamente. Claire se asoma a la barandilla que separa la grada del campo y la abrazo con fuerza.
-Eres una mentirosa de pacotilla, pequeña Redfield –bromeo sin dejar de soltar a mi hermana. Cuánto echaba de menos estar con ella.
-¡Oh, Chris! Cuando vi salir a todo el equipo menos a ti… Le pregunté incluso a Barry. ¿Dónde estabas?
-En el servicio. ¿No tenías mañana un examen?
-Las mujeres mentimos muy bien –sigue bromeando mi hermana dándome un beso en la mejilla -. Son la semana que viene.
-¡Redfield! –oigo una voz llena de furia gritar. Es Irons. Si las miradas matasen…
-Tengo que irme. Luego te veo. Estás genial.
Le aprieto la mano y miro a Amanda. Le guiño un ojo y echo a correr hacia donde está el resto del equipo. Veo que los del equipo Alpha están calentando y los del Bravo tirando a canasta. Esquivo a los del equipo Bravo como puedo y me sitúo junto a Barry. Está estirando las piernas y calentando los tobillos.
-No sabía que Claire venía –me dice cuando me pongo a su lado. Estiro mi cuerpo e intento tocarme los pies con las manos.
-Yo tampoco. Creía que tenía un examen –respondo viendo a Barry saludar a alguien con la mano. Miro hacia la grada y veo a Katie, su mujer, con sus dos niñas: Moira y Polly. Ambas están saludando a su padre. Sonrío. Es agradable ver todo el apoyo que nos está dando nuestra familia.
-Qué grandes están ya –comento cambiando el ejercicio. Ahora abro las piernas lo máximo que puedo e intento tocar el suelo sin doblar las rodillas.
-Cuando tengas niños, verás lo rápido que crecen –responde con los ojos llenos de emoción y orgullo. Aún me queda mucho para plantearme ser padre, aunque quién sabe dentro de un par de años.
-Me lo imagino.
Veo que por el pasillo empieza a venir el equipo rival. Los pitos son inmediatos en cuanto el locutor anuncia que los S.T.A.R.S. de Maine van a entrar en la pista. Las gradas están a rebosar. Ya van quedando muy pocos asientos libres. Raccoon City se ha volcado de lleno con nosotros. Tenemos que devolverles el favor.
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensaje por Lucy Norton » 24 Jun 2016 19:19

¡Hola a todos! ¿Qué tal estáis? Aquí tenéis el siguiente capítulo. La hora de la verdad.


36.


Tom está sentado en el sofá a mi lado. Yo intento quedarme quieta, pero no puedo. El partido va a empezar, y no puedo evitar que mi frustración vaya aumentando por segundos. Yo tendría que estar ahí ayudando al equipo. Si hoy perdemos, los S.T.A.R.S. de Maine serán los campeones.
Sólo nos vale la victoria, y no creo que nuestro rival nos la vaya a servir en bandeja. Tom me dirige una mirada rápida. Sabe lo importante que esto es para mí, y ha decidido quedarse conmigo a pesar de que tiene que estudiar. Le miro. No puedo estar más contenta por tenerlo a mi lado.
-Será mejor que te sientes –me advierte Tom con un tono de voz tranquilo -. Va a empezar ya. Espero que tus compañeros hagan magia hoy, porque si perdéis…
Me siento a su lado viendo a todos los jugadores ponerse en posición. Si, Tom, no hace falta que lo repitas. Soy perfectamente consciente de lo que nos jugamos. El árbitro se acerca al centro, donde Edward y un tipo rubio se disponen a saltar en cuanto el balón esté en el aire. Es una sensación muy extraña ver el partido desde aquí. Siempre lo he hecho desde la pista.
Junto las manos a la altura de mis labios mientras veo cómo el árbitro lanza el balón hacia arriba, fuera del alcance de Edward y su rival. La suerte ya está echada. Observo con rabia cómo el tipo rubio roza con la yema de los dedos el balón y va a parar hacia uno de sus compañeros, concretamente… una mujer.
Me sorprendo. No sabía que en los S.T.A.R.S. de Maine había una mujer. Aún estaba de baja cuando mis compañeros fueron a Augusta para disputar el encuentro, y ninguno me comentó nada al respecto, sólo que la derrota había sido muy abultada.
Puede que esa mujer los superara en todos los aspectos y se sentían avergonzados de reconocerlo.
Típico de los hombres. Quiero ver cómo juega. Observo con horror cómo uno de los jugadores de Maine está completamente desmarcado. Le pasan el balón. Tira desde tres o cuatro metros y la pelota entra limpiamente. Empezamos bien. Wesker saca de banda y se la da a Joseph.
Ese balón tendría que llevarlo yo…
Joseph cruza nuestra zona de juego y se detiene delante de la línea de tres puntos. La mujer abre los brazos para cubrir las zonas de pase. Vaya, sería muy interesante enfrentarme a ella. Joseph hace un amago de pase hacia la zona, donde Edward la pide. Decide enviársela a Forest, que está a su derecha.
Pero la mujer descubre sus intenciones y mete la mano en el momento justo. Se queda con él en las manos y manda un pase largo hacia uno de sus compañeros que va solo hacia canasta.
Con un mate sin demasiada historia sube dos puntos más al marcador. Maldita sea. No damos una. Debemos tener la cabeza fría. Creo que eso es lo que Chris le está diciendo a Joseph mientras le pasa el balón desde el lateral. Joseph cruza rápidamente la línea divisoria y se detiene en el lateral izquierdo.
El capitán Wesker realiza un bloqueo y Joseph pasa de la línea de tres puntos. Se detiene delante de un defensor que detiene su avance. Veo que Chris va corriendo solo hacia la canasta. Pasa por su lado pero no se la pasa. Joseph vuelve a sacar el balón hacia fuera. Forest lo recibe y se la pasa al capitán.
Wesker sortea a su defensor y corre hacia la canasta. Chris está debajo solo. Se la pasa. Chris deja una bandeja…. Y se sale por unos dedos milagrosos que ha metido el defensor… ¡cuando ya había tocado tablero!
-¡Tapón ilegal! –protesto llevándome las manos a la cabeza. No puedo creerme que el árbitro no lo haya visto. Veo que algunos del banquillo se levantan pidiendo que entre la canasta.
Los S.T.A.R.S. de Maine han aprovechado el despiste para anotar otros dos puntos fáciles. Veo al capitán y a varios jugadores más hablar con el árbitro. Incluso Irons está metido en el ajo. Oigo al público abuchear. Espero que no sea al equipo.
Kenneth empieza a hacerle al árbitro gestos como consecuencia de la rabia, y me quedo sorprendida al oír el silbato y ver cómo le han pitado una técnica. Madre mía.
-Esto no me gusta… -murmuro viendo al capitán llevándose a Kenneth, Forest y Richard hacia otro lado.
-Creo que el árbitro está siendo un poco riguroso con las faltas –opina Tom mientras me llevo las manos a la cabeza. No podemos dejar que las emociones nos dominen.
Uno de los S.T.A.R.S. de Maine se acerca a la línea de tiros libres. Mis compañeros aún siguen hablando entre ellos. Lo que más me sorprende es ver a Chris bastante tranquilo. No sé si será por los nervios, pero no es típico de él. Rezo en silencio para que el tiro libre no entre… Mis plegarias se las lleva el viento.
Llevamos encajado un parcial de siete a cero. No podemos seguir así. Me sorprende ver que es el capitán el que sube el balón. Se detiene un poco más allá de la línea divisoria. Edward acude a hacer un bloqueo. Wesker sale de él sin demasiadas dificultades, pero le salen dos contrincantes al paso. Intenta llevar el balón hacia uno de los laterales sin demasiado éxito. Está muy bien cubierto.
Veo que Chris pasa por detrás. El capitán le cede la pelota. Chris hace un amago de tiro. El rival no pica. Maldita sea… Chris entra un poco en la zona. Se acaba el tiempo. Se levanta y tira… pero el balón va directo hacia Forest, que está en la parte izquierda. El pase le pilla tan desprevenido que prácticamente ha tenido que quitarse el balón de encima.
Doy un golpe al respaldo del sofá al comprobar cómo uno de los rivales se hace con el balón en el aire. No nos está saliendo nada. Los S.T.A.R.S. de Maine entran en nuestro campo. Veo que mis compañeros han decidido situarse en zona. Espero que con un cambio de estrategia podamos arreglar esta situación.
Uno de ellos corre hacia la esquina derecha, completamente solo. La recibe y se levanta de tres sin que le opongan resistencia. Cuando el capitán ha saltado ya era tarde. Y otros tres puntos más para Maine. Irons pide tiempo muerto hecho una furia. Le grita algo a Chris y a Joseph. No es justo. El equipo entero es el que no está bien.
-Lo siento mucho, nena –me intenta consolar Tom dándome unas palmadas en la rodilla. No sé qué decir. Estoy en shock.
-Lo estamos haciendo fatal. Tiene que haber algo que cambie la dinámica del partido.
Los jugadores empiezan a saltar de nuevo a la pista. Veo que Irons ha cambiado a Joseph, Forest y Edward por Richard, Barry y Enrico. Me sorprende el cambio. Quiere decir que Chris o el capitán van a jugar de escoltas. Barry saca de fondo. Richard deja botar unos segundos el balón para avanzar sin que el tiempo corra. Eso lo he hecho muchas veces también.
Chris está en uno de los laterales. Es escolta. Frunzo el ceño. ¿A qué está jugando Irons? ¿Por qué no ha dejado que Joseph o a Forest se encarguen de ese puesto? Estoy segura que mis compañeros están tan sorprendidos como yo. El capitán Wesker, ahora en la posición de alero, pasa por detrás de Richard. Hace un bloqueo y Richard sale de él rápidamente.
Le pasa el balón a Enrico, que está en el poste bajo intentando abrirse hueco. Uno de los S.T.A.R.S. de Maine sale en ayuda de su compañero. Concretamente, el que defiende a Chris. Enrico lo ve y le pasa el balón a Chris. Está solo. No puede fallar. Se levanta desde unos cuatro metros y lanza. El balón da en el aro, sale despedido hacia arriba… y entra.
Resoplo. Qué alivio. Con mucho trabajo, pero hemos conseguido nuestra primera canasta después de casi cinco minutos. Chris resopla también. Sonrío. Hasta para eso estamos compenetrados. A veces… me da hasta miedo.
Atacan los S.T.A.R.S. de Maine, que también han hecho algunos cambios. Ahora el base es un hombre. Richard le defiende de cerca. No se despega ni un centímetro. Eso me gusta. Espero que esta canasta haya servido para motivarles. El que lleva el balón se la pasa a un compañero que está fuera de la zona.
Wesker le defiende. Barry acude a realizar una defensa intensa. El tipo se ve acorralado. No tiene un pase claro. Me acomodo en el sofá con las manos entrelazadas a la altura de mis labios. Dios, esto tiene que salir bien. Los segundos pasan, y el balón no sale de allí. Veo que Barry mete la mano y coge el balón, pero el rival también.
Luchan durante unos segundos por él hasta que suena el silbato. Aplaudo. Muy buena, Barry. Y lo mejor de todo es que el salto lo gana. Richard se queda con la pelota en las manos hasta que todos los rivales vuelven a su área.
Richard se la pasa a Chris, que bota el balón bastante bajo e indicándole algo a Enrico. Chris penetra un poco en la zona y se la deja al capitán del equipo Bravo. Enrico vuelve a sacarla hacia fuera, donde Wesker recibe el balón.
Aguanta unos segundos con el balón escondido. Quedan cinco segundos para que se acabe la posesión. Da unos pasos y se levanta. Tira en carrera. La pelota da en el aro y sale despedida hacia la izquierda. Uno de los hombres más altos de los S.T.A.R.S. de Maine la atrapa. Aprieto el puño con rabia. Venga, vamos…
Ahora están todos en nuestra área. Escucho al público animarnos. Es digno de admirar. Ojalá pudiéramos responderles como se merecen. El balón está en la zona. Enrico defiende a su marca, que avanza de espaldas a canasta. Se detiene, pero Enrico no cae en la trampa. Sigue con los brazos en alto.
Y entonces, el tipo pasa el balón hacia la parte derecha, donde la recibe el número diez. Trapp o algo así. Ya me han hablado del dolor de cabeza que supuso defenderle en el anterior partido. Bota el balón entre las piernas y lanza desde el triple. Chris salta bien e intenta estorbarle, pero no da resultado.
Chris niega constantemente con la cabeza. A pesar de la buena defensa han conseguido salirse con la suya. Qué mala suerte. Richard mueve la pelota. Se la da a Chris. Chris se la pasa a Barry. Recibe un bloqueo del propio Chris y avanza y se la deja a Enrico en el poste. Enrico se la devuelve a Chris cuando pasa por su lado.
Chris le da un pase por la espalda a Wesker, que está por la zona. Me quedo boquiabierta. ¿Cómo demonios ha hecho eso? El árbitro toca el silbato en el momento en el que el capitán recibe una falta cuando tira. No entra por muy poco.
Bueno, de una buena jugada hemos sacado dos tiros libres. No está nada mal. El capitán se acerca a la línea de personal tan serio como de costumbre. Es muy seguro con los tiros libres. No creo que falle.
-Qué chungo tiene que ser trabajar para él –comenta Tom sin apartar la mirada de la televisión. Me río sin poder evitarlo. Respiro aliviada al comprobar que el primer tiro va dentro.
-Es un poco difícil, sí –respondo al comentario de Tom viendo cómo Wesker vuelve a recibir el balón -. Lo que más me importa es que es un auténtico profesional.
El segundo tiro libre entra sin rozar el aro. Volvemos a estar nueve por debajo. Pero lo más preocupante es que quedan tres minutos para que termine el primer cuarto y sólo llevamos una canasta de Chris y dos tiros libres.
El base de Maine conduce el balón con tranquilidad. Se para delante de la línea de tres. Bota el balón de una mano a otra intentando despistar a Richard. Pero él no se deja intimidar. Mantiene firme su posición. Uno de los rivales le sale al paso.
Richard sale del lío como puede, pero el capitán Wesker acude a la ayuda rápidamente. Muy buena ayuda. Les quedan poco más de diez segundos. El tipo sigue botando el balón. No lo ve nada claro. Eso está muy bien. De pronto, se levanta y tira. Ha sido un tiro tan forzado que se queda corto y va a parar a las manos de Chris.
Vuelvo a respirar aliviada. Chris sube el balón como si de un base se tratara. Sonrío. Yo le enseñé a hacer eso en uno de los entrenamientos en la comisaría. Hemos aprendido mucho el uno del otro. Le veo entrar en la zona como si nada. Se levanta y deja una bandeja. Ha pillado a todo el equipo desprevenido.
El estadio vuelve a rugir con fuerza. Nos hemos puesto a siete. Llevamos un par de minutos jugando a un nivel excelente. Los S.T.A.R.S. de Maine vuelven al ataque. El base le cede el balón a otro jugador que pasa por su lado. Concretamente, a Trapp. Eso no es bueno. El capitán sale a su encuentro. Le pone una mano en la cintura para evitar que avance. Trapp trastabilla un poco pero consigue salvar el balón.
Wesker sigue sin dejarle un centímetro. Los segundos pasan y no hace ningún tipo de jugada. Estoy viendo que les gusta mucho jugar en estático y defender en zona. Nos quieren pillar por todos lados. Trapp amaga el tiro. Sorprendentemente, el capitán cae.
Trapp da un paso lateral y se levanta de tres cuando quedan siete segundos. Entra limpia. El estadio vuelve a enmudecer. Este tío está en racha, y no conseguimos pararlo. Irons cambia al capitán Wesker y a Chris por Kenneth y Joseph.
Esos minutos de descanso les vendrán bien. Volvemos al ataque. Richard se para y mira alrededor. Se la da a Joseph. Joseph avanza un poco hacia la derecha. Se la pasa a Barry, que está vuelto de espaldas. Da unos pasos y se la devuelve a Joseph cuando pasa por su lado.
Joseph aguanta el balón cerca de la línea de fondo. Salen dos contrarios a defenderle. Joseph le da un pase picado a Barry, que se cuelga del aro. Me uno a los aplausos del banquillo y la ovación de la grada. Qué pena que los nervios hayan sido tan traicioneros con nosotros al principio.
Volvemos a los condenados ocho puntos de diferencia, los mismos que hemos anotado en este cuarto. Muy preocupante. Quedan cuarenta segundos para el final. A ver si podemos defender bien esta jugada. El base penetra un poco en la zona, pero se detiene. La saca hacia el exterior, donde están situados la mayoría de los S.T.A.R.S. de Maine.
Trapp la recibe y da un pase por alto al pívot del equipo, que está siendo defendido por Kenneth. Mete un poco el cuerpo para estorbar, pero no da resultado. Ya están muy cerca del aro. El tipo se levanta y lanza el balón con tan mala suerte que Kenneth le da con fuerza en el brazo. El golpe se ha escuchado hasta aquí.
El árbitro pita y se acerca corriendo para comprobar el estado del jugador que está en el suelo. Kenneth levanta las manos en señal de disculpa. Lo conozco muy bien, y aunque por su físico intimida, es un bonachón. Algunos de los rivales se acercan a él para pedirle explicaciones.
En el banquillo veo a Chris, al capitán Wesker y a Forest levantados. La cámara se centra en el árbitro y se me para el corazón al verle señalar una falta antideportiva. Kenneth ya tenía una técnica. Está expulsado. No me lo puedo creer.
Enrico y Barry están hablando con el árbitro sin demasiado éxito. Va a servir de poco la charla. Dios, ahora sólo somos nueve, y sin contar a Brad, ocho… El árbitro les pide a Barry y a Enrico que se larguen, y le indica a Kenneth el camino de los vestuarios. Cabizbajo, veo a mi compañero abandonar la pista animado por el resto y el público, que corea su nombre.
Ahora sí que estamos metidos en graves problemas.
-Los árbitros os la están jugando –comenta Tom tan sorprendido como yo -. Están siendo muy duro con vosotros.
Me levanto del sofá sin querer mirar los tres tiros libres que van a lanzar nuestros rivales. Necesito despejarme. Iré a mi cuarto para ver si mi teléfono ya ha terminado de cargar.
Abro la puerta con rabia y me siento en la cama. Cojo el teléfono que está encima de la mesita de noche y compruebo la carga. Noventa por ciento. Suficiente. Tengo un mensaje. Oigo a Tom decir algo, pero no le presto mucha atención. Mi mente sólo capta el nombre de Chris y lo que me ha escrito.

Irons te ha incluido en la convocatoria.

Lo leo un par de veces más sin dar crédito a lo que veo. Chris me escribió hace cerca de dos horas, justo antes de que empezara el entrenamiento. Frunzo el ceño pensativa. ¿Por qué me ha incluido en la convocatoria? ¡Sí él mismo me dijo que me dejaba fuera! Esto no tiene ningún sentido.
-Cari, ven, te lo vas a perder –oigo gritar a Tom desde el salón. Espero que sea algo bueno, para variar.
Vuelvo al salón con el teléfono aún en la mano y sin parar de darle vueltas al mensaje. No me pega que Chris mienta. El odio que todos procesamos a Irons es inevitable, y creo que sólo quiere avisarme sobre lo que ha pasado… y si puedo hacer algo al respecto… y claro que puedo hacerlo.
-Mira qué canasta ha metido Marini –me dice Tom cuando cruzo el umbral de la puerta. Miro la pantalla.
Quedaban sólo tres segundos. Enrico avanza de espaldas. Aguanta el balón y hace un reverso para dejar una cómoda bandeja cuando sólo quedaba un segundo. Ese reverso… ha sido increíble. Compruebo con mucho pesar que seguimos diez por debajo.
-Por algo es el segundo capitán –respondo sonriendo. Suspiro y miro a Tom. Tengo, o mejor dicho, necesito contárselo -. Tom… -me mira con esos ojos marrones que me fascinan -. He recibido esto.
Le paso el móvil y observo cómo lee el mensaje con el ceño fruncido. El comentarista anuncia que va a empezar el segundo cuarto. Miro distraídamente hacia la televisión. Vamos, di algo…
-¿Es de fiar? –inquiere Tom devolviéndome el teléfono. Siento que el comentario me ha dolido… y mucho.
-Por supuesto que es de fiar –inquiero con un tono de voz seco. Hombres… -. Chris jamás diría algo así si no fuera verdad.
-¿Por qué estás tan segura?
Ya me estoy cansando de todo esto. El segundo cuarto ha empezado.
-Conozco muy bien a Chris. No me mentiría.
Y es cierto. Desde que nos conocemos siempre hemos ido con la verdad por delante. Cuando hemos tenido problemas los hemos hablado hasta solucionarlos. Ni siquiera nos ocultamos información que descubrimos de los casos a los que nos enfrentamos. ¿Por qué iba a ser diferente ahora?
-No me gusta ni un pelo ese tío –opina Tom con los brazos cruzados y muy serio. Se le notan los celos a kilómetros. No sé si reírme o darle una buena torta -. Tal vez sólo está buscando una excusa para enfrentarte a tu jefe y que te echen.
Lo miro incrédula. ¿Este chico está bien de la cabeza? Es lo más inverosímil que he escuchado en mucho tiempo. Dios, me hierve la sangre. Estoy muy furiosa por saber lo que Tom piensa de Chris.
¿Y por qué me pongo así? No debería afectarme tanto.
-Sólo hay una forma de averiguarlo –cojo mis cosas de la mesa y apago el televisor -. Vamos.
Tráiler estatuas de Anticolat
http://es.youtube.com/watch?v=WxUiTPTlYmU

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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensaje por Lucy Norton » 01 Jul 2016 09:44

37.

Lo único que quiero es que esto termine cuanto antes. Es una absoluta decepción. A estas alturas del partido sólo un milagro nos ayudaría a darle la vuelta. Hemos llegado al descanso con una desventaja de quince. No podía ir peor. Bueno, sí, Irons podría minarnos la moral aún más.
Desde que hemos entrado en el vestuario no ha parado de contradecir y criticar nuestra forma de jugar. Ya me gustaría a mí verle en nuestra situación. Parece que el único que aún medio mantiene la calma es el capitán Wesker. No sé si eso es una buena o mala señal. Durante el segundo cuarto me pidió hacer todo lo posible para remontar, pero desde que llegamos al descanso no ha dicho nada.
Salgo del pasillo que comunica con la pista e inmediatamente el público empieza a rugir mientras vamos hacia el banquillo. Ahora nos toca atacar en la izquierda, justo en el lado contrario. Saludo a mi hermana y a Amanda cuando nos detenemos junto a nuestro banquillo.
Entonces, me doy cuenta de que hay alguien más allí. Es… el novio de Jill. La busco con la mirada, pero no la encuentro por ningún lado. Maldita sea. ¿Dónde está? ¡Ha tenido que venir!
-¿No es ése Tom? –me pregunta Barry sentándose enfrente de mí.
-Sí. Me pregunto dónde estará Jill. Tal vez debería preguntarle…
-Bueno, se acabó el descanso –grita el jefe Irons con un tono de voz bastante despreciable. Me entran ganas de partirle la cara -. Lo único que les pido es que no hagan más el ridículo, aunque creo que eso es bastante fácil teniendo en cuenta el desastre de la primera parte.
Y entonces, escucho un estruendo muy grande. Parece que el estadio se vaya a caer. Veo que todo el mundo mira hacia el túnel de vestuarios, donde hay una mujer con un chándal blanco que va corriendo en nuestra dirección. Me quedo boquiabierto. No me lo puedo creer. ¡Es Jill!
Pasa por delante del banquillo rival ante la atenta mirada de sus componentes. Doy unos pasos hacia delante para ser el primero en recibirla. Le choco la mano y le doy un corto abrazo mientras veo a varios miembros de los S.T.A.R.S. de Maine, entre ellos su entrenador, dirigirse a la mesa arbitral. Me huele a problemas.
-¡Valentine! –oigo exclamar a Irons. Me giro y no puedo evitar sonreír. Está completamente fuera de sí. Tiene las mejillas coloradas y los ojos fuera de sí -. ¿Qué diablos está haciendo aquí?
-Vengo a ayudar al equipo, señor –contesta Jill con toda la chulería que le es posible cuando termina de saludar a todo el equipo. Cómo me divierte todo esto. Que le den a ese asqueroso.
-¡No tiene el alta médica! ¡No puede!
-Disculpe, señor Irons –le interumpe el doctor George Hamilton buscando algo en su maletín. Saca un folio que parece estar a mano -. Pero en visto a los buenos entrenamientos que ha realizado la señorita Valentine, y la situación del partido… creo que debería contar con ella.
Irons aprieta los puños. Esto es demasiado. Miro a Jill, que sonríe ampliamente. También está disfrutando con esto. Irons sigue sin decir nada. Se lo tiene merecido.
Uno de los árbitros de la mesa se acerca a nosotros.
-Señor Irons, necesitamos que usted y la señorita Valentine acudan a la mesa.
El jefe de policía camina hacia la mesa como un toro embravecido. Sigo a Jill. No quiero perderme nada de lo que digan. El capitán Wesker, Barry y Enrico nos siguen.
-¿Qué demonios pasa ahora? –grita Irons apoyando sus regordetas manos en el mostrador.
-Verá, señor Irons. Los S.T.A.R.S. de Maine se han interesado por la aparición de la señorita Valentine. Se preguntaban si estaba incluida en la convocatoria. Hemos revisado el acta, y no aparece.
¿Cómo? ¿Qué cojones está pasando? Oí a Irons perfectamente decirle al árbitro que metiera a Jill en la convocatoria.
Miro a todos mis compañeros. Están tan sorprendidos como yo. Pero lo que no puedo quitarme de la cabeza es la mirada que me lanza Jill.
Seguro que está pensando: ¿Para esto me haces venir? No, no puede ser. Aquí hay gato encerrado. Han tenido que cambiar los papeles.
-Estos jóvenes son unos irresponsables –se disculpa Irons con una sonrisa falsa y poniéndose ahora como el bueno de la película. Me pone enfermo -. La señorita Valentine ha estado de baja hasta hace poco a causa de una operación. Los médicos y yo decidimos que lo mejor era que no participara. Les pido disculpas a ustedes y a los S.T.A.R.S. de Maine por los inconvenientes causados. Me aseguraré de que no juegue.
-¿Qué? ¡Maldito cabrón! –exclamo sin darme cuenta. Estoy a punto de contarle la conversación que oí cuando Barry y el capitán me alejan.
-Dime que no has tenido nada que ver –me recrimina Barry muy serio. Joder. ¿Acaso cree que me gusta ir contando mentiras?
-Barry, aquí está pasando algo raro. Primero el árbitro principal está en nuestra contra, y ahora dicen que Jill no está en la convocatoria cuando oí perfectamente a Irons decirle a uno de los árbitros que la incluyera.
-Disculpe, señor –escucho a uno de los árbitros intervenir. ¡Es el mismo que habló con Irons! -. Creo que hay un malentendido. Recuerdo haber incluido a la señorita Valentine. Tuvimos que hacer los registros a mano, y cuando me di cuenta, a los S.T.A.R.S. de Raccoon City les faltaba un jugador. Fui a hablar con el señor Irons y me dijo que incluyera a Jill Valentine.
-Sí, es cierto –asiente otro de los árbitros -. Yo mismo vi cómo escribía el nombre.
Todos nos quedamos en silencio. Vaya, vaya, vaya… No me equivocaba al pensar que algo raro está pasando. Irons vuelve a estar que se sube por las paredes.
-¿Dónde está ese papel? Exigimos verlo –pregunta el entrenador de los S.T.A.R.S. de Maine. Me da la sensación de que el árbitro mira de forma nerviosa a Irons. Estos dos no son trigo limpio.
-Eso es confidencial –responde para salir al paso, aunque detecto en su tono de voz que está mintiendo -. Vamos, debemos volver a la pista. Ya hemos perdido demasiado tiempo. Todos los jugadores a sus puestos.
Suspiro aliviado. La que se ha liado en un momento. Los S.T.A.R.S. de Maine siguen hablando con el árbitro y protestando la decisión. Los comprendo en parte. Nada, salvo la palabra de los árbitros, puede asegurar que Jill pueda jugar.
Me quito el chándal y lo tiro al suelo. Me reúno con Edward, Forest y el capitán Wesker, que están cerca de Irons para escuchar sus instrucciones. Los demás están un poco más alejados, aunque no pierden detalle de lo que ocurre.
-La quiero dentro –indica el capitán mirando a Irons y señalando a Jill con la cabeza. Observa con preocupación el marcador. Sí, somos unos desastres.
-Está bien, está bien –desiste un tanto temeroso. Sigo impresionado con la habilidad que tiene el capitán para intimidarlo -. ¡Valentine, a pista!
Jill nos sonríe y se acerca al corro que hemos formado. Yo le devuelvo la sonrisa mientras se quita el chándal. Se sitúa junto a Forest para que el lerdo de Irons nos dé las últimas instrucciones.
-Bueno, esto cambia mucho las cosas… -le oigo murmurar. Claro que las cambia. Ahora estamos todos… menos Kenneth -. Vale. Aprovechen la velocidad de la señorita Valentine para realizar ataques cortos. Nos han estado planteando defensa zonal durante la mayoría del encuentro, así que no quiero muchos ataques en la zona. En defensa, seguiremos igual. Defensa al hombre sin dejarles respirar. ¡Vamos, espabilen!
-¡Raccoon City! –gritamos todo el equipo poniendo las manos juntas en el centro y levantándolas.
Dedico una última mirada a Claire y a Amanda antes de dirigirme hacia la pista. Los de Maine aún siguen hablando. Me pregunto qué tendrán que discutir si van ganando de quince. Estoy convencido de que si fuera al revés, Irons nos dejaría hacer lo que nos diera la gana.
-Sabía que vendrías –le digo a Jill poniéndome en la banda para sacar. Está realizando unos últimos estiramientos de brazos y cuello.
-Y lo habría hecho antes de saber que iba a ocurrir este desastre –sonreímos mientras veo que los S.T.A.R.S. de Maine empiezan a dirigirse hacia la pista -. Chris… -vuelvo a mirarla. Me está mirando fijamente -. Tengo las mismas sensaciones que el día del primer partido.
Asiento lentamente. Sé a lo que se refiere: a la sensación de que nada puede salir mal. Creo que esa vez tuve mucho que ver. Sin embargo, ahora… puede deberse a la emoción de volver a competir. Espero que se trate de eso.
-Chicos… -me asusta la voz del capitán, que se dirige hacia nosotros. Leches, ni que nos hubiera pillado haciendo algo que no deberíamos. Nos pasa los brazos por los hombros. Vaya, esto sí que no me lo esperaba -. Tenemos la responsabilidad de mejorar la imagen del equipo. Van a salir más relajados de lo normal, así que debemos aprovechar esos momentos de confianza. Saben que somos los mejores y van a ir a por nosotros, pero no pueden ir a por los tres a la vez… Confío en vosotros.
Se marcha hacia el área rival en el momento en el que el árbitro me pasa el balón para dar comienzo al tercer cuarto. Sigo pensando en las palabras del capitán. Aún cree posible en la remontada… y Jill también. Veo el brillo en sus ojos y su determinación cuando le paso el balón.
-Aprovechemos tus sensaciones –murmuro cuando paso por su lado.
Me sitúo en la parte derecha. Mi defensor no acude. Eso me da un poco más de libertad. Jill me ve solo y me la pasa. Driven, su defensora, acude rápidamente a la ayuda. Siguen sin salir de la zona. Mantengo el balón unos segundos vigilando las manos de mi oponente.
De pronto, veo a Jill acercarse a mi posición. Bloquea a la base del equipo rival y entro un poco en el área. Son demasiados. Le devuelvo el balón a Jill, que ha seguido mi jugada, y sin dejar de mirarme, la envía hacia la izquierda. El público exclama sorprendido.
El capitán se levanta completamente solo de tres y la clava. El estadio ruge mientras oigo de fondo al locutor cantar el nombre del capitán. Aplaudo la jugada entusiasmado. Así es como tenemos que hacerlo siempre. Vuelvo hacia nuestra área deprisa, sin perder de vista a mi marca.
Voy hacia la parte izquierda. La base del equipo contrario intenta avanzar, pero Jill no le deja ni un hueco. Mi marcador sale disparado hacia ellas y bloquea a Jill. Sigo a la mujer hasta cerca del aro levantando los brazos. Veo que Jill se sitúa en la parte trasera para que no pueda moverse.
La tenemos atrapada. Se levanta y tira. El balón da en mi mano y sale despedido hacia arriba. Lo atrapo en el aire y lo mantengo en alto hasta que veo que los rivales se han ido. El estadio vuelve a vibrar. Qué sensación tan maravillosa saber que lo han hecho con mi jugada.
Le paso el balón a Jill, que ya está casi en la mitad del campo. Lo recibe con la mano izquierda y se la pasa a la derecha. Llego a su altura y bloqueo. Jill avanza un poco y me la devuelve. Se la paso por alto a Edward, que intenta ganar espacio en la zona.
Mi defensor sale a ayudar a su compañero. Edward me la devuelve, y ya tengo encima a dos. Miro a mi alrededor. Jill levanta los brazos llamando mi atención. Le paso el balón por alto.
Vamos, es tuya.
Se levanta de unos cuatro metros. El balón da en el aro, se eleva… ¡y entra! Oigo al locutor exclamar ¡Jill Valentine! entre el rugir de los espectadores. Me río al ver a Jill saltar en mitad del campo y agitar el puño en dirección al banquillo.
La sonrisa se me quita al escuchar el silbato y ver cómo le pitan una técnica a Jill.
-¿Qué? –exclamo sin comprender lo que ha pasado. Me acerco a la zona donde están acudiendo mis compañeros.
-¡Si no he hecho nada! –escucho exclamar a Jill con las manos en la cabeza. El público se enciende y abuchea la decisión del árbitro.
-¡Fuera todos ahora mismo o pito más técnicas!
-¿Algún interés especial contra Raccoon City? –le espeto al árbitro completamente fuera de mí. Jill me agarra del brazo y tira de mí hasta situarnos lejos del lío.
Los S.T.A.R.S. de Maine están charlando en grupo. No sé qué estarán tramando, pero todo lo que está pasando hoy les está beneficiando, y mucho.
El capitán del equipo, Trapp, se acerca a la línea de personal. Recibe el balón. La bota un par de veces y tira. Pero es un tiro muy raro. Ha salido desviado muy a la derecha. Creo que ha fallado a posta.
-Me parece que lo ha hecho a propósito –comenta Jill muy cerca de mí. Cielo santo. Es como si tuviéramos telepatía.
-Eso mismo estaba pensando yo…
Parece que se están dando cuenta de que algo raro está pasando con el árbitro principal. El capitán Wesker saca de banda y se la deja a Jill. Me adentro un poco en la zona para desviar un poco la atención de los defensores.
Jill mete el balón hacia Edward. Lo agarra con las dos manos y avanza unos metros. Salen dos a defenderle. Edward vuelve a sacarla fuera, hacia Wesker. Wesker se la pasa a Jill. Jill me la da y abro hacia Forest, que está desmarcado.
Lanza pisando la línea. El balón da en el aro y sale hacia fuera. Edward lucha por el rebote pero se le escapa. Va a parar a manos de uno de nuestros rivales. A pesar de que el balón no ha entrado, hemos hecho una buena jugada.
Me sitúo en la parte izquierda, pegado a mi defensor. Le tengo bien cubierto. La base del equipo es incapaz de marcharse de Jill. Lo intenta una y otra vez, pero no puede. No es hasta que el pívot realiza un bloqueo cuando consigue escaparse.
El capitán Wesker y Edward salen en su defensa. La mujer se mete en el área y deja una bandeja, pero se sale. El balón va directo a las manos del pívot rival, que lanza un gancho. Edward le defiende bien y el balón vuelve a salirse. El capitán Wesker se queda con él.
Le da un pase picado a Jill, que va a buen ritmo hacia el área rival. Me mira y me da el balón. Lo aguanto pisando la línea de tres. Jill se sitúa de espaldas a su defensora. Aguanto el balón. Amago con ir hacia la derecha, y cambio hacia la izquierda. Mi defensor pica. Hay un amplio pasillo. Es mi oportunidad.
Antes de que me dé cuenta, Jill me da un pase alto. Capturo la pelota y dejo una bandeja en el momento en el que recibo la falta. El balón entra, ¡y encima tengo un tiro libre! ¡Vaya jugada hemos hecho!
El público grita con la jugada. Se están viniendo arriba, al igual que nosotros. Jill me choca la mano con una sonrisa antes de salirse del área. Cómo estamos notando su vuelta. Si anoto nos ponemos a siete, ¡a siete! Y todavía queda mucho por delante.
Me acerco a la línea de tiros libres. El árbitro me pasa el balón. Lo boto una vez, dos. Miro a canasta. Suspiro. Lo pienso y lanzo. ¡Dentro! ¡A siete! Los S.T.A.R.S. de Maine piden tiempo muerto. Los espectadores siguen gritando mientras camino hacia el banquillo. Recibo las felicitaciones de mis compañeros y me siento cogiendo una botella de agua. Aún tenemos mucho que decir.
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensaje por Lucy Norton » 08 Jul 2016 10:55

38.

Aplaudo entusiasmada cuando veo a mis compañeros venir hacia el banquillo. ¡Vaya tercer cuarto hemos hecho! ¡Sólo perdemos de cinco! Todo el estadio está en pie. Es una sensación maravillosa. Les choco la mano a Richard, Joseph, Barry, Enrico y Brad cuando se sientan para descansar e hidratarse.
-¡Bien chicos! –exclamo sin dejar de aplaudir. Hasta Brad ha conseguido dar pases en los dos minutos que ha estado fuera.
Es imposible escuchar algo entre el ruido del público y la música. La mascota del equipo, un mapache, está repartiendo algo al público. Me quedo de pie para escuchar lo que Irons tenga que decir aunque no me apetezca.
-Parece que al final no son un desperdicio total –ironiza el jefe de policía con una sonrisilla falsa. Encima que estamos plantando cara… Vuelve con sus dibujitos. Esto no hay quien lo aguante -. La intensidad será vuestra principal arma. Defensa dura. Nada de canastas fáciles. En ataque, Speyer, Aiken, abran espacios hacia la línea de tres. Defenderán con más intensidad y será más difícil atacar. Aiken, Speyer, Redfield, Wesker, Dewey. Dentro.
Formamos un círculo y ponemos las manos en el centro. Gritamos y las elevamos. Vuelvo al banquillo y me siento al lado de Barry. Miro a Tom. Le sonrío, pero sigue tan serio como cuando nos despedimos. ¿Qué coño le pasa? No hay quien entienda a los hombres.
La hermana de Chris y Amanda están hablando. Sigue sin gustarme un pelo esa mujer. No me ha quitado los ojos de encima desde que me he sentado. Que le den. No quiero tener que ver nada con ella. Vuelvo a centrarme en el partido. Nos lo jugamos todo.
Nos toca defender primero. Driven, la base, pasa la línea divisoria y se detiene delante de Richard. Espera a que alguno de los suyos haga un bloqueo. Entra en la zona y deja el balón a otro de los suyos, que tira desde dos metros y anota.
-¡No, tío! –exclamo apretando los puños con rabia.
-Venga, Jill, que sólo ha sido una canasta –me anima Barry sonriéndome.
-Si es que lo han dejado solo –me quejo mientras nuestro equipo vuelve a ponerse en marcha.
Richard se va hacia la derecha, desplazando al resto hacia otras posiciones. Todos están quietos. Richard sigue botando el balón. Chris se acerca a la zona y le da la espalda a su defensor. Avanza de espaldas, se gira y lanza. Me levanto incluso antes de que entre. Ya sabía que era canasta.
-¡Defensa! ¡Defensa! ¡Defensa! –grita el público muy animado por nuestras jugadas.
Wesker y Trapp se están repartiendo de lo lindo en nuestro lateral. El capitán le agarra de la camiseta y le pasa el brazo por la cintura para que no se escape, y Trapp da manotazos a diestro y siniestro bloqueando al capitán con las piernas. El árbitro detiene el partido.
Otra técnica no.
Le pitan falta al capitán. Visto lo visto, podría ser mucho peor. Es nuestra primera de equipo y la tercera del capitán. El escolta de los S.T.A.R.S. de Maine, un tal Johnson, se acerca a la banda para sacar. Ahora hay bastante movimiento en la zona, donde Edward lucha por defender el aro.
Richard se resbala al ir tras Driven, y ésta aprovecha para tirar completamente sola en cuanto recibe. El balón no toca ni aro. Oigo a Joseph y a Irons reírse. Yo no lo hago. El karma es muy malo cuando quiere.
-¡Cabeza! –grita el capitán Wesker pasándole el balón a Richard. Es importante que todos estén atentos y seguros.
Richard da un pase largo hacia Forest. Amaga a su defensor. Da un pase picado hacia Chris, que vuelve a estar en la zona, ahora defendido por Trapp. Es extraño, pero juraría que está buscando mucho las canasta debajo del aro cuando toda la defensa de Maine está allí metida.
Avanza de espaldas sin perder de vista el balón. De pronto, se trastabilla y arrasa con su jugador. El árbitro pita falta en ataque. Me levanto como un resorte del banquillo. ¡Si se ha caído solo! En ningún momento ha pretendido tirarlo. Lo peor de todo es que es su cuarta falta.
Wesker se queda mirando a Irons mientras vuelve a su posición. No sé lo que ha querido decirle, pero ha parecido captar el mensaje. Yo sería incapaz sin poder verle los ojos.
-Valentine, Burton, Marini, prepárense –anuncia Irons sin demasiado interés. Ya sé que todo esto le trae sin cuidado, pero después de todo lo que estamos haciendo para remontar…
Me quito el chándal sin demasiada prisa. Tenemos que esperar a que termine la jugada. El público nos sigue pidiendo que defendamos. Me quedo apoyada junto a la mesa de cambio. Hay un ataque estático. La base bota el balón sin perder de vista la canasta.
Hace un amago hacia la izquierda y consigue dejar atrás a Richard. Forest acude en defensa y deja a su marcador solo. Driven se la pasa y el tipo se levanta desde unos cinco metros. El balón da en la parte delantera del aro y Edward se eleva por encima del resto para quedarse con la pelota.
Suena la bocina y camino hacia la pista.
-¿Por quiénes vamos? –pregunta Enrico.
-Redfield, Aiken y Dewey.
No, mierda. Necesito que Chris también esté en pista. Le choco la mano a todos los que se van y me acerco a la banda donde el capitán espera para sacar.
Dejo que el balón bote un par de veces y me hago con él. Me acerco a la zona de triple sin poder quitarme de encima a mi defensora; es como una lapa. Forest pasa corriendo por mi lado y se la dejo. Me meto en la zona y hago un bloqueo para que Enrico pueda recibir.
Paso por su lado sin dejar de correr y recibo la pelota. Y la tía sigue detrás de mí. Maldita sea. El capitán levanta los brazos para llamar mi atención. Amago un pase picado y lo doy por alto. No calculo bien la altura y Driven mete la mano. El balón sale botando hacia nuestro campo.
Mierda. Echo a correr todo lo rápido que puedo, pero me saca algo de ventaja. Tengo que hacer algo. Vamos las dos solas hacia la canasta, y soy la única que puede arreglar la situación. Paso la línea de tres muy cerca de ella. Sólo tiene que saltar y dejar una bandeja.
Giro mi cuerpo hacia la derecha y salto al mismo tiempo que ella. Le doy un fuerte manotazo al balón y salgo despedida hacia las protecciones. Sólo escucho al público gritar entusiasmado. Todo el banquillo está de pie con cara de sorpresa. Y entonces comprendo lo que ha pasado: he puesto un tapón.
El capitán Wesker tiene la pelota en las manos. Echo a correr hacia el área rival. ¿Quién se ha creído ésa que es para robarme el balón y casi anotar una canasta en mi cara?
-¡Balón! –grito al capitán apretando los dientes. Wesker, un tanto sorprendido por mi reacción, no duda un segundo y me la pasa.
Esquivo a mi defensora pasando el balón por entre sus piernas a Barry. Sigo corriendo hacia canasta. Barry me la devuelve y me levanto para dejar una bandeja cuando Trapp sale a mi encuentro. Me golpea en el brazo cuando el balón va camino del aro.
Escucho el silbato en el momento en el que el balón entra. Me uno a la alegría del grupo sacando músculos y apretando los dientes con rabia.
-¡Vamooooos! –grito mientras algunos de mis compañeros me felicitan. Si el tiro libre va dentro, sólo estaremos a dos. Madre mía. Quién lo diría.
Me detengo ante la línea de personal y espero que el árbitro me ceda el balón. Debo reconocer que estoy más nerviosa de lo que pensaba. Me tiembla todo el cuerpo. Recibo el balón ante la atenta mirada de los que esperan para coger el rebote en el caso de que falle. Miro a canasta y cojo aire. Boto el balón dos veces y paro.
La canasta parece estar a veinte metros de distancia. Levanto los brazos con las manos temblándome demasiado. Lanzo, y desde que el balón sale de mis manos sé que no va a entrar.
-¡No! –exclamo echando a correr hacia canasta. La pelota da en la parte posterior del aro y sale hacia delante. Me elevo y la rozo con la yema de los dedos en el momento en el que me empujan.
Caigo al suelo de culo. El balón vuelve a entrar. ¡No me lo puedo creer! ¡He vuelto a anotar! El árbitro vuelve a pitar falta mientras el público celebra la canasta.
-¿Estás bien? –me pregunta uno de los S.T.A.R.S. de Maine tendiéndome la mano. Es bastante joven. Debe tener más o menos mi edad. Pelo castaño, ojos negros y una mirada que recuerda más a la de un niño que a la de un adulto -. No era mi intención empujarte.
-Gracias.
Cojo su mano y me levanto. No deja de mirarme. Vaya, vaya. Otro que está interesado en mí. No quiero ni mirar a Tom. En el banquillo mis compañeros siguen celebrándolo. Chris agita el puño en mi dirección, y Joseph y Richard aplauden y animan al público.
Vuelvo de nuevo a la línea de tiros libres. Espero no fallar esta vez. El árbitro me pasa el balón. Lo boto dos veces y miro a canasta. Lo pienso. Levanto los brazos y suelto el balón. Dentro. ¡Sólo perdemos de uno! Oigo la bocina. Algunos de los entrenadores ha pedido tiempo muerto.
Voy corriendo hacia nuestro banquillo, donde todos están de pie esperándonos. En carrera, salto y choco el hombro con Chris antes de chocarles las manos al resto.
-¡Eres una bestia! –me felicita Joseph alborotándome el pelo. Río y me quito la cerpa antes de sentarme.
Me dan mi toalla y una botella de agua. Me quito el sudor de la cara y los brazos y le doy un sorbo al agua. Estoy sedienta. George tiene razón. Tengo que beber más. Miro al marcador con aire ausente mientras sigo bebiendo. Quedan cinco minutos para el final, y estamos más cerca que nunca de ganar.
-¿Todo bien, Jill? –me pregunta el médico examinándome la cara -. Estás muy pálida. Bebe. Lo necesitas.
Asiento en silencio. Miro a Chris. Ha estado pendiente de las indicaciones del doctor. Parece preocupado. No puedo evitar sentir esa sensación de cariño que me invade cada vez que veo esa reacción en él.
Te recuerdo que su novia y tu novio están detrás. Tú sabrás…
Vuelve a sonar la bocina. Ni siquiera he prestado atención a lo que ha explicado Irons. Me pongo de pie, pero una mano me detiene. Es Wesker.
-Le he pedido a Irons que te deje descansar. Te necesitamos a tope para los momentos finales.
Asiento lentamente. Es admirable cómo estos chicos se preocupan tanto por mí. Me pongo el chándal para no coger frío y sigo bebiendo agua. Jamás llegué a pensar que la tensión llegara a agotarme tanto. Joseph entra en mi lugar, y Edward sustituye a Barry.
Los segundos y las jugadas pasan demasiado lentos. Fallamos algunas canastas fáciles y hacemos unas defensas realmente buenas. Con todo, a falta de un minuto, el marcador está igualado a setenta. El capitán Wesker, y sobre todo Chris, se han echado el equipo encima durante estos últimos minutos.
Irons pide tiempo muerto tras la última jugada. Hemos llegado a estar casi un minuto por delante en el marcador, la primera vez en todo el partido. Me levanto para recibir a mis compañeros mientras el público no para de animar y gritar. Han sido vitales en las últimas jugadas.
Les choco las manos a Richard, Joseph, Brad, Wesker y Chris, un quinteto sumamente extraño y con el que hemos permitido muchas segundas oportunidades porque nos superaban por bastantes centímetros. Me quedo de pie junto a Enrico y me centro en lo que nuestro querido jefe nos tiene preparado.
-Valentine, Speyer, Redfield, Wesker, Dewey, les quiero bien atentos, sobre todo en defensa. Nada de canastas fáciles. Ante la duda, falta. En ataque, calma. Hay tiempo para elaborar jugada. Busquen espacios para abrir a Wesker o Speyer. Si no es posible, balones dentro.
Suena la bocina. Me quito el chándal y me coloco bien la cerpa. Me uno al círculo de mis compañeros y pongo la mano en el centro. Lanzamos nuestro grito de guerra y camino hacia la pista. Barry me mira y me sonríe. Me pone una mano en el hombro y me desea suerte.
Muevo los brazos y el cuello mientras me sitúo en mi posición en el centro de la pista. Edward va a sacar de banda. El comentarista anima al público para que nos empujen hacia la victoria. Tocan las palmas al compás mientras mi compañero me pasa el balón.
Lo boto primero bajo y luego le doy más altitud. Espero, espero y espero. Forest pasa por detrás y bloquea a mi defensora. Doy unos pasos y ya tengo encima a dos. Se la paso al capitán por la espalda y Driven vuelve a pegarse a mí. Paso por debajo de canasta y me sitúo en la esquina.
Chris es el que tiene el balón. Quedan diez segundos. Chris mueve los brazos de un lado a otro. Sé que se la va a jugar. Cuando hace eso es que tiene intención de tirar. Esquivo a mi defensora y hago un bloqueo.
-¡Hazlo! –grito. Chris no se lo piensa dos veces y lanza. La pelota da en el aro, se pasea por él y sale hacia la derecha. Edward lo palmea, pero se queda en poder de Trapp. Maldición. Corro hacia nuestra área lamentando aún la oportunidad fallada.
Agarro de la camiseta un poco a mi rival para que no avance. Esconde el balón en el lateral. Hago un amago para robárselo, pero no deja ni un hueco. Es muy hábil. Sigue botando el balón y agotando los segundos que quedan. Lo pasa a su izquierda y yo la sigo hacia el lado contrario.
No la pierdo de vista ni un segundo. La sigo ahora por la zona y por debajo de canasta. Se para por la zona y por debajo de canasta. Se para en la esquina izquierda. El público abuchea para ponerlos nerviosos. Estamos defendiendo bien y no consiguen un tiro claro. Driven recibe el balón y lo aguanta.
-¡Cinco! ¡Cuatro! ¡Tres! –exclaman los espectadores con energía.
-¡Karen, tira! –grita Trapp, que está cerca de nosotros.
Le pongo una mano delante de la cara y salto estorbando el tiro lo máximo posible. El balón pasa por encima de mi mano. Echo la vista atrás y observo con impotencia cómo da en el aro y entra. Se la dan de tres.
Caigo al suelo de rodillas y aprieto los puños. Joder, qué mala suerte. Celebran a mi lado la canasta con mucha efusividad. Dios, no me lo puedo creer. Hemos remado hasta la orilla para morir en ella.
-Vamos Jill –dice alguien a mi lado. Creo que es Chris. Levanto la mirada y es él. Me ayuda a levantarme y vamos hacia el banquillo en silencio.
Miro el marcador. Perdemos de tres y nos quedan cinco segundos para hacer una jugada milagrosa. No me apetece sentarme. Me quedo de pie para escuchar las que posiblemente sean las últimas instrucciones. Me echo la toalla sobre la cabeza. Necesito estar concentrada.
-Sólo vale el triple –escucho decir a Irons -. Balones a Wesker. Redfield, de banda para Valentine, y Valentine a Wesker en el triple. Dewey, bloqueo directo para facilitar la llegada. Si eso no sale, se acabó.
Lo sabemos, gilipollas.
Hacemos piña una última vez antes de saltar a la cancha. Los espectadores nos vitorean y nos animan. Joder, qué coraje. Llegar hasta aquí para quedarnos a las puertas… Me quedo cerca de la banda, donde Chris espera. El árbitro pita y le da el balón a Chris. Edward bloquea a mi defensora y recibo el balón. Inmediatamente se lo paso al capitán.
Una mano se mete por el camino. El balón va hacia fuera. Corro como nunca lo he hecho en mi vida. Atrapo el balón con las dos manos en la línea, me giro y lo suelto hacia la primera persona que veo: Chris.
Me choco contra las protecciones de espaldas mientras Chris lanza defendido por dos. El corazón se me para. La bocina suena… y escucho el sonido de la red al entrar en contacto con el balón.
Entre el griterío del público me tiro a los brazos de Chris.
-¡Dioooos! –grito mientras noto una avalancha de cuerpos y voces que nos rodean. Algunos se nos tiran encima y caemos al suelo.
-¡Chicos, dejadlos respirar! –escucho decir a alguien.
La verdad es que empieza a ser agobiante. Empiezo a notar cómo se van retirando hasta que nos quedamos Chris y yo solos. No sé por qué, pero siento unas enormes ganas de besarlo. Aquí. Ahora mismo. Sus ojos brillan con interés, un interés que sólo he visto en hombres que querían algo conmigo.
¿Qué haces? Aparta toda esa mierda de tu cabeza. Es la emoción del momento.
Me aparto y le ayudo a levantarse.
-Bien hecho –me felicita dándome una palmada en el hombro antes de irse.
Me giro y camino hacia el banquillo levantando los brazos para calentar el ambiente. El público responde de inmediato. Que continúe el juego.
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensaje por Lucy Norton » 14 Jul 2016 23:41

39.

Llego al banquillo con la adrenalina a tope. Esa última jugada ha sido sencillamente espectacular. Jamás, ni en mis mejores sueños, hubiera imaginado que iba a ayudar a mi equipo con una canasta tan importante. Pero todo se lo debo a Jill.
Si no se hubiera tirado a por ese balón no habríamos ganado. Así de simple. En cuanto la vi correr supe que iba a rescatar el balón, y en cuanto me pasó el balón supe lo que tenía que hacer.
El equipo ya está más o menos recompuesto después de la efusiva celebración. Aunque no era para menos. Después de todo lo que hemos luchado y sufrido nos lo merecemos.
A pesar de la intensidad del partido y de los minutos que he jugado, no estoy demasiado cansado. Mañana puede que sea otra historia. Miro hacia la grada. Mi hermana está tan emocionada que incluso creo que ha llorado. En cambio, Amanda está muy seria. Tiene los labios apretados y frunce el ceño.
Apuesto a que sé qué le pasa.
No le ha hecho ni pizca de gracia el abrazo de Jill. Bueno, lo cierto es que yo también iba a buscarla para celebrar la canasta. Y entonces me fijo en Tom, el novio de Jill. Y me está observando con una mirada que podría matarme perfectamente. Está rojo como un tomate y tiene los dientes apretados.
Trago saliva con dificultad. Santo Dios. En buen lío parece que nos hemos metido. Irons se sitúa delante de los asientos con su omnipresente pizarra. Traza tres círculos fuera del área y dos dentro. A los de fuera les escribe las letras “V”, “R” Y “W”, y a los de dentro “B” y “M”.
Si no he entendido mal, voy a jugar de escolta o de alero en los tres minutos que dura la prórroga. No sé por qué se empeña en que juegue de dos cuando mis movimientos y mi posición más cómoda son los de alero.
-Debo reconocer que han superado mis expectativas -¿es una forma de felicitarnos? -. Pero aún queda mucho por hacer. Valentine, posesiones largas. Dominación del tempo. Cuando suba el balón, jugará para Wesker –y traza una flecha hacia la derecha -. Cambien de posición constantemente. Wesker introducirá el balón dentro –y vuelve a sacar dos flechas hacia el interior -. Quiero mantener a la defensa ocupada para abrir espacios fuera. Sigan defendiendo al hombre.
¿Eso es todo? Su juego siempre se basa en lo mismo, y con jugadores tan inteligentes como los de Maine, resultará bastante previsible y monótono. Suena la bocina. Formamos un corro y gritamos Raccoon City todos juntos.
La mascota del equipo nos aplaude mientras nos dirigimos hacia la pista. Wesker me hace un gesto para indicarme que va a hacer de escolta. Menos mal. Mantengo mi posición.
-Creo que es hora de que nos pongamos serios –me dice Jill cuando me sitúo a su izquierda. Ya sé a qué se refiere.
-Sí, vamos a darle algo de vidilla a esto –afirmo recordando las numerosas jugadas que hemos preparado en secreto. No las conoce nadie, ni siquiera el capitán -. Oye… parece que no les ha sentado bien la celebración.
Jill mira hacia la grada mitad seria mitad resignada. No sé muy bien por qué.
-Sí, bueno, el mío ya venía con los cables cruzados. Ahora tendrá cortocircuitos.
No puedo evitar reírme al oírlo. Pero eso me hace pensar otra cosa: Jill y Tom han discutido. Pero no creo que sea demasiado importante. No parece afectarle mucho. Sin embargo, una parte de mí, la parte cotilla, quiere investigar un poco más.
Escucho un carraspeo. Es Barry. Sé que me está advirtiendo. Tiene razón. Tengo que concentrarme. El árbitro lanza el balón al aire y Enrico lo palmea primero. Jill coge el balón en el aire y atacamos primero. Vamos a poner en práctica la maravillosa jugada de nuestro querido jefe.
Jill le pasa el balón al capitán. Camino hacia la izquierda sin perder detalle de la jugada. Entro en el área y hago un bloqueo para que Barry pueda salir. Ahora me quedo con Trapp. Barry recibe la pelota un poco antes de la línea de tres. Esconde el balón en la izquierda y amaga con avanzar.
Barry cambia la orientación hacia la derecha. Jill la recibe y mete la pelota dentro hacia Enrico. Tiene que tirar ya. Se nos acaba el tiempo. Gana unos metros y deja una bandeja. Intento ganarle la posición a Trapp, pero me tiene bien cubierto.
El propio Trapp se queda con el rebote. La jugada de Irons al carajo, como casi siempre. Corro hacia nuestra área y me dirijo hacia la derecha, donde está mi marca. Jill defiende con intensidad a Driven. Ni siquiera pestañea. Mi jugador acude en ayuda de su compañera.
Corro hacia ella mientras va entrando en la zona y Jill se incorpora. El balón va ahora hacia Trapp, que viene hacia la zona. Me quedo quieto y Trapp me arrolla tirándome al suelo. El árbitro toca el silbato y veo desde el suelo cómo el balón entra.
¡Me ha pitado falta a mí! ¡Es en ataque!
-¿Te has hecho daño? –me pregunta amablemente Trapp ofreciéndome la mano para ayudarme a levantarme. No me fío de él, aunque no parecen malos tíos. Le acepto la mano y pienso con amargura que es mi cuarta falta -. Ha sido en ataque.
Su confesión me ha dejado sorprendido. Parece que él también sospecha de los árbitros. Creo que está siendo sincero. No creo que me esté dando la razón como los tontos. Me pregunto por qué será. Recuerdo que incluso falló un tiro libre a conciencia, o eso creo.
Se llama deportividad pero sin acercarse a la confianza.
El tiro libre de Trapp va dentro. Volvemos a estar por debajo. Barry le pasa el balón a Jill. Se pone el pelo detrás de la oreja. Vale, ya sé lo que eso significa. Me paro en la esquina izquierda y espero. Jill se la pasa al capitán. Me voy hacia debajo de la canasta. Vienen dos a cubrirme. Eso es lo que quiero.
Me salgo de la zona y vuelvo a entrar cuando veo que Jill se dispone a entrar en la zona. Mis defensores me tapan bien. Pero no es para mí el balón. Jill da un pase atrás y Barry la recibe. Jaque mate. Mientras intentan comprender qué ha pasado, Barry se cuelga de dos manos del aro.
Los espectadores celebran la canasta enloquecidos. Choco la mano de Barry cuando pasa por mi lado. Nos ha salido perfecto. Esta jugada la creamos principalmente para engañar. Les hemos ofrecido un cebo muy suculento y han caído.
El tipo al que defiendo me agarra de la camiseta. Me intenta dejar atrás, y no puedo hacer falta porque me expulsarían. Meto un poco el cuerpo cuando recibe y casi hago que pierda el balón. Lo bota entre las piernas e intenta avanzar. Me golpea con el hombro y caigo de cuelo al suelo.
Cierro los ojos. Qué dolor. Me quedo observando desde el suelo cómo el tipo duda unos segundos. Trapp llega por su derecha, la recibe y lanza en el momento en el que me pongo en pie. Barry y Jill han salido a taponar el tiro. Espero que sea suficiente.
Sin embargo, el balón entra tan limpiamente que cuesta creer que haya sido defendido por dos. Ahora estamos tres abajo a un minuto y medio del final. Cojo el balón y le doy un bote fuerte con rabia. Me acerco a la línea de fondo y se la paso a Jill. Se cruje los nudillos antes de coger el balón.
Muy buena jugada, sí señora.
Jill le pasa el balón al capitán. Yo me voy hacia la derecha, y espero. Barry bloquea y Wesker penetra. Paso por debajo de canasta. De un pase picado la recibo. Doblo las rodillas y escondo el balón. Doy unos pasos hacia atrás. Amago con ir hacia la derecha. Mi defensor pica. Voy hacia la izquierda.
Casi piso la línea. Me salen tres defensores al paso. Son todos bastante más altos que yo. El capitán levanta los brazos desde fuera del área. Se está acabando el tiempo. Entonces, veo a Jill correr hacia canasta. Levanto el balón y me desplazo hacia la derecha.
Jill salta y toca el balón con la palma de la mano. Uno de los que me estaban defendiendo hace de muralla y Jill se choca contra él en el momento en el que lanza el balón con la mano izquierda. Jill cae al suelo y se desliza por él. El balón da en el tablero y entra.
-¡Falta! –grita Enrico muy enfadado, y tiene toda la razón. El público se levanta de sus asientos aplaudiendo mientras el locutor grita el nombre de Jill.
La ayudo a levantarse y echamos a correr hacia nuestra área. La base del equipo rival está distraída. Jill mete la mano y se hace con el balón. Echo a correr de nuevo con ella. Me mira. Nos acercamos al área. Jill deja el balón en el tablero y lo agarro con las dos manos. Me cuelgo del aro ante el deleite del público.
Maine pide tiempo muerto. Me bajo del aro con la adrenalina a tope.
-¡Karen! ¡Steve! ¡Concentración! –les espeta Trapp a dos de los suyos cuando paso por su lado.
Voy corriendo hacia Jill. Salto y le paso los brazos por el cuello antes de revolverle el pelo. Ella suelta una carcajada. No sé por qué, pero me hace sentir muy bien ver que se divierte conmigo. Ni me atrevo a mirar a la grada.
Llego al banquillo y me sorprendo al ver al capitán Wesker dar las indicaciones para la próxima jugada. Irons está en uno de los laterales mirando a un grupo de chicas que hay detrás de la canasta. Maldito cabrón. Vete a saber qué estará pensando.
-Quedan cincuenta y ocho segundos para el final. Vamos uno por delante. Hay que mantener la calma. Tenemos que defender con intensidad para forzar un mal tiro, una pérdida, lo que sea. Pero hay que evitar que anoten. Esta jugada será clave –mira a Irons -. ¿Cuántos tiempos muertos quedan?
-Ninguno –contesta el jefe de policía atusándose el bigote y con un gesto de mala leche que echaría para atrás a cualquiera que no lo conozca.
Suena la bocina. Hacemos piña y saltamos a la pista preparados para la batalla. Ahora sacan desde el centro al ser un tiempo muerto corto. Cuento, y sólo somos cuatro. Entonces, me fijo en que Jill aún está bebiendo agua. Qué extraño. Juraría que hoy la he visto beber más veces de la cuenta.
Una vez que todos estamos en pista se pone en marcha el partido. Camino de espaldas sin perder de vista al alero del otro equipo. Nos acercamos a la zona y me da la espalda. Abro bien los brazos para mantener el equilibrio y no dejarle avanzar.
Intenta acercarse al aro, pero no le dejo. Tengo todas las zonas bien cubiertas. Cargo mi peso hacia delante y le impido avanzar. Wesker pasa por allí. Casi roba el balón.
-¡Tira! –grita Trapp. Pero no lo hace. Se la pasa y Trapp tira de tres… recibiendo un fuerte contacto de Enrico.
Mierda. Me llevo las manos a la cabeza. Enrico es expulsado. Ya tiene cinco faltas. Edward entra en su lugar. Wesker me pide entrar en la zona para coger el posible rebote y le cedo el sitio. Intercambio una mirada de preocupación con Jill. No quiero ni mirar.
El público grita y abuchea para poner nervioso a Trapp. No ha fallado prácticamente nada en lo que llevamos de partido. Y sigue sin fallar. Tres de tres. Estamos dos abajo. Me giro y me dirijo hacia el área rival. Quedan treinta y un segundos. No podemos fallar.
Jill sube el balón rápidamente acompañada de Barry. Recibe el capitán en la izquierda. Me muevo por el centro sorteando a los contrarios y a mis compañeros. Me detengo fuera de la línea de tres. Barry tiene la pelota cerca del área. Sale un poco y me la cede.
Quedan diez segundos para agotar posesión. Entro un poco y me salen dos defensores. La saco fuera de nuevo hacia Jill, a la que se le echan tres encima. Voy en su ayuda haciendo un bloqueo el tiempo suficiente para enviársela al capitán.
¡Tira por Dios!
El balón sale de su mano cuando quedaba un segundo escaso. ¡Y va dentro! Agito el puño en el momento en el que los S.T.A.R.S. de Maine piden tiempo muerto.
-Buen tiro, capitán –felicito a Wesker cuando paso por su lado. Él simplemente asiente mostrándose tan serio como siempre.
Volvemos a situarnos en círculo para plantear la defensa de la última jugada. Ahora mismo sólo hay tres posibilidades: o perdemos, o vamos a la prórroga… o anotamos la canasta de la victoria. Es casi imposible. Quedan siete segundos y ellos tienen el balón.
Jill sigue bebiendo agua mientras escuchado posibles formas de defender esta jugada. Yo también doy un trago a mi botella mientras proceso toda la información que estoy escuchando. Tenemos que defender a muerte. No queda otra.
-Tenemos que confiar en nosotros –nos anima el capitán antes de salir a la pista.
Nos colocamos en posición. El jugador al que defiendo saca. Levanto los brazos para estorbar. Estoy seguro de que la jugada va para Trapp. Wesker se va a encargar de su defensa. El que está en la banda hace un amago de pase. Si sigue así le van a pitar cinco segundos.
Trapp pasa por allí. Le mandan el balón. Wesker le da con la mano, va a parar al culo de Jill y se queda en el suelo. Me tiro a por el balón sin pensarlo. Me empujan en el momento en el que doy un pase largo, pero no pitan falta.
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensaje por Lucy Norton » 22 Jul 2016 10:30

40.

Me he propuesto no dejar escapar a Driven. No puedo permitir que el equipo pierda por mi culpa. Uno de ellos está en la banda dispuesto a sacar. Driven está quieta. Le pongo una mano delante para que no avance.
Los que están por la zona empiezan a desplazarse para despistarnos. Y entonces, mi defendida también lo hace. Corro tras ella viendo que el balón se ha puesto en movimiento. El capitán Wesker le da con la mano, e inmediatamente siento que algo me golpea el cachete izquierdo.
No tengo tiempo para pensar en el dolor. El balón está en el suelo. Chris se lanza a por él. Mi instinto me dice que corra hacia la otra canasta. Y lo hago en el momento en el que veo un balón venir en mi dirección. ¡Sí!
El público que está detrás de la canasta hacia la que voy se levanta. El balón da un bote delante de mí y lo atrapo. Miro hacia el marcador. Mierda. Tres segundos. Aumento el ritmo de la carrera hasta que no puedo más. Dos… paso la línea de tres.
Uno… me levanto desde la línea de personal.
-¡Aaaaah! –grito estirando el brazo hasta ser un dolor considerable. Suelto el balón.
Me choco contra las protecciones violentamente. Suena la bocina… y a continuación las redes de la canasta. El estadio parece que se vaya a caer cuando todos los asistentes empiezan a celebrar la victoria.
-¡Sí! ¡Sí! ¡Síiiiii! –exclamo completamente fuera de mí y dándole puñetazos a las protecciones. Dios, qué extasis. Esto es algo muy parecido a tener un orgasmo. Debo reconocerlo.
Me doy la vuelta y lo primero que veo es al capitán con una sonrisa parecida a la de un tiburón mirándome. Echo a correr hacia el centro de la pista esquivando a algunos jugadores de Maine. Pobres. Aún no se creen que hayan perdido.
La mayoría del equipo está haciendo una piña cerca del banquillo. Todos están muy felices. Todos menos Irons. El cabrón parece que se hubiera tragado una avispa o algo de eso. Dios, esto hay que celebrarlo. Me acerco a la mesa arbitral y doy un salto para montarme encima. Aterrizo sin problemas y ante el deleite de los seguidores que están por allí.
Levanto los brazos y agito los puños calentando aún más el ambiente. Algunos incluso me llaman e intentan acercarse a mí. Me señalo el escudo de los S.T.A.R.S. de Raccoon City y lo beso. Adoro a toda esta gente y a la ciudad en general.
Alguien me agarra por la cintura y bajo al suelo. Me encuentro de cara con Joseph.
-¡Bien hecho, Jill! –me felicita dándome un abrazo.
-Excelente trabajo –comenta Edward dándome una palmada en el hombro.
-Sensacional –añade Brad un poco nervioso. Todos están alrededor de mí y apenas tenemos espacio.
-Ésa es nuestra chica –bromea Forest revolviéndome el pelo y quitándome la cerpa. El pelo se me queda pegado al cuello. Estoy empapada en sudor.
-Felicidades, Jill –me felicita cortésmente el capitán estrechándome la mano. Yo sonrío sin saber qué decir.
-La próxima vez espero uno de tus pases –me dice Kenneth chocándome la mano.
-Tranquilo. Lo tendrás –respondo divertida.
-¡Qué felicidad, Jill! –exclama Barry dándome un fuerte abrazo. Yo respondo gustosa. Barry es un gran compañero, y siempre está ayudándome en lo que puede.
-Vamos a tener que nombrarte mujer maravilla –comenta Enrico sonriendo. Yo suelto una carcajada. Ojalá fuera una superheroína… pero no me considero nada de eso.
-Eso, enséñales tus superpoderes a los de Salt Lake City en el próximo partido –bromea Richard dándome un corto abrazo.
No se acerca nadie más. Lo cierto es que una parte de mí se siente decepcionada porque… esperaba la felicitación de Chris. No importa. Ya tendremos tiempo de hablar largo y tendido sobre ello. Ahora mismo me siento como si estuviera en una nube.
Sigo sin asimilar que le he dado una victoria muy importante al equipo. Busco a Tom. Está en el mismo lugar de siempre. Levanto los pulgares con alegría y él me responde con una sonrisa bastante tensa a decir verdad.
No, ahora no es momento.
-Chicos, despidamos al rival –nos ordena el capitán Wesker señalando a los integrantes del grupo de Maine que, deportivamente, han esperado para darnos la enhorabuena.
Entonces, veo que Chris ya está saludando a todos los componentes del equipo rival junto a Enrico. Decido acercarme en primer lugar a un joven que está sentado en el suelo con la cabeza gacha. Ha debido ser un palo durísimo para todos ellos. De verse ya con el trofeo en las manos, han pasado a jugárselo todo en la última jornada.
Le doy una palmada en el hombro y le deseo suerte para el siguiente encuentro. Les choco la mano al resto del equipo felicitándolos por el partido que han hecho, y me detengo al llegar a David Trapp. No lleva camiseta. Lleva una en el hombro que supongo que habrá cambiado con alguien de mi equipo.
No sé cuántos años tiene Trapp, pero está en muy buena forma. Tiene una tableta de chocolate nada envidiable a la de los deportistas de élite. Su cuerpo está muy bien esculpido. Se nota que ha pasado muchas horas en el gimnasio.
Y sus rasgos… Bueno, son los típicos de un hombro simpático y bondadoso. Me estrecha la mano y me sonríe ampliamente. Los otros miembros del equipo no pierden detalle. Yo le devuelvo mi mejor sonrisa.
-Has sacado a tu equipo de una buena –comenta sin dejar de sonreír. Ahora que me fijo, tiene una sonrisa bastante encantadora -. Aunque Chris y tú habéis montado una buena todo el tiempo.
Río y miro en dirección a las gradas. Allí veo a Chris tras el banquillo besando a su novia. Va también sin camiseta, y entonces caigo en la cuenta de que Trapp y él han debido intercambiárselas.
-La verdad es que aún no me lo creo. Ha sido… increíble –contesta mirando de reojo a Chris. Amanda parece muy seria. Vaya, parece que Chris tiene algún problema con ella. Me pregunto qué pasará.
-Espero que si no ganamos nosotros, lo hagáis vosotros… aunque lo tenéis complicado. No me caen bien los de Salt Lake City.
-Bienvenido al club –bromeo. Ambos nos reímos -. Suerte para el próximo.
Me separo de él y me acerco hacia la única persona de los S.T.A.R.S. de Maine con la que aún no he coincidido: Karen Driven. Nos miramos y nos damos la mano.
-Un placer haber competido contra ti –comenta con una voz bastante pausada y suave. Debe ser del oeste con toda probabilidad. Nada tiene que ver con mi acento sureño -. Lástima que se nos haya escapado al final.
-Para mí también ha sido agradable poder competir contra ti. Ya estaba harta de tanto machito suelto.
Ambas nos reímos. Menos mal que hay alguien que puede entenderme. Bueno, creo que va siendo hora de que me marche a los vestuarios a darme una merecida ducha.
-Oye, Jill… -me dice cuando le suelto la mano y me dispongo a irme -. ¿Me das tu camiseta?
Sonrío. Vaya, no sé si sentirme halagada, orgullosa o sorprendida. Bueno, de todo un poco. Me la quito y se la entrego, y ella hace lo propio con la suya. Un bonito recuerdo de nuestro último partido, sí señor.
-Suerte para el próximo –me despido antes de alejarme.
La camiseta negra que llevo debajo se me pega al cuerpo. Decidí ponérmela porque aún no quiero que la gente se quede mirando embobada mi cicatriz. Todavía no estoy preparada.
Camino hacia el pasillo de vestuarios sin poder quitarme la sonrisa de la boca. Jamás hubiera imaginado que iba a ser tan importante para el equipo. Y mucho menos cuando llegué a Raccoon City. Vamos, es que si no aparezco ya habríamos terminado hace mucho.
Un grupo de periodistas sale a mi paso y me obliga a detenerme. Lo que menos me apetece ahora es ponerme a charlar con ellos.
¿Y qué esperabas? Llevas varios partidos sin jugar, apareces tras el descanso y le das la victoria al equipo, Vaya noche, chica.
-Estamos aquí con la protagonista principal del encuentro que ha decantado la victoria a favor de los S.T.A.R.S. de Raccoon City… Jill, lo primero de todo, ¿cómo te encuentras después de estar cinco partidos sin jugar? ¿Qué opinas de la obra de arte que ha realizado tu equipo en esta jornada?
La joven, sin perder de vista la cámara, y soltando como un papagayo sus preguntas, me pone el micro delante. Joder. Nunca pensé que iba a tener que enfrentarme a esto.
-Ahora mismo no sé qué decir… -consigo arrancar un tanto nerviosa -. Estoy como en una nube. Es increíble lo que este equipo ha conseguido…
-Venga, chicos, no me la agobiéis mucho –oigo una voz masculina que se acerca a mi posición. Miro a mi derecha. ¡Es Chris! Se pone a mi lado y mira hacia las cámaras -. Ha sido una tarde muy intensa para todos, así que ahora… ¡toca celebrarlo!
Y de pronto me veo elevada en el aire. Chris me ha subido a sus hombros. ¡Lo mato! Como nos pase algo, lo juro que me la paga.
-¡Chris, bájame!
Pero no me hace caso. Sigue avanzando en dirección a los vestuarios. Me sorprende ver que la mayoría del público sigue allí. Ya nos hemos retirado la mayoría. Muchos se acercan al túnel de vestuarios y me ponen las manos para que se las choque.
Me obligo varias veces a no mirar a Tom. Dios, estará que se sube por las paredes. Chris y yo no estamos haciendo nada malo, pero quizá nos estamos mostrando demasiado efusivos. Pero, joder, ¡que hemos ganado después de ir perdiendo por quince!
-¡Jill! ¡Jill! –escucho unas voces de niña que me llaman mientras choco la mano de algunos espectadores. Miro hacia la izquierda y no puedo evitar sonreír.
Becky y Priscilla Mcgee, mis encantadoras vecinas, me están saludando. Yo les devuelvo el saludo llena de energía hasta que las pierdo de vista. Iban monísimas con sus vestidos amarillos.
Cuando llegamos al pasillo, Chris me baja. ¡Por fin! Dios, qué mal rato he pasado. Chris parece ver mi agobio en mi cara y se limita a sonreír. ¡Qué cabrón! Estamos todos contagiados por la alegría. Chris y yo intercambiamos una solemne mirada, y sé perfectamente lo que me quiere decir.
Lo hicimos, compañero.
Sin decir nada más, se aleja en dirección a los vestuarios, y yo me quedo apoyada contra la pared. Necesito este momento de intimidad. No sé si será por la emoción del momento o por los nervios, pero… deseaba besar a Chris… ¡y creo que a él le pasaba lo mismo!
Madre mía. Estoy fatal. Entre que no termino de asimilar la victoria y lo increíble que he estado en pista… Me llevo las manos a la cabeza y niego en silencio. Esto es demasiado. No puede ser verdad.
-¡Sí, joder, sí! –grito a pleno pulmón separándome de la pared y dirigiéndome hacia el vestuario.
Una atronadora música inunda mis oídos cuando me voy acercando al de los chicos. Gritan y cantan al ritmo de la música. Madre mía la que tienen montada. Me río. El capitán debe estar que se sube por las paredes porque no puede controlarlos.
La puerta está entre abierta y puedo ver a algunos de mis compañeros saltando, agitando toallas, en calzoncillos o sin camiseta. Cantan a pleno pulmón una canción de reggeaton que no conozco. No estoy muy puesta en ese tipo de música.
Sonrío. Nos lo merecemos. Hemos peleado mucho para llegar hasta aquí.
Tráiler estatuas de Anticolat
http://es.youtube.com/watch?v=WxUiTPTlYmU

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